Lejos de una arquitectura protagonista, el proyecto desarrollado por DG Estudio se concibe como intervención discreta y serena, capaz de acompañar la vida cotidiana y permitir que el tiempo y los objetos personales completen el espacio. La distribución espacial se articula mediante tres volúmenes de roble natural que organizan la vivienda sin fragmentarla, disponiendo los diferentes usos y aportando calidez al conjunto.
Cada uno de estos volúmenes asume un rol específico dentro del hogar, mientras que el distribuidor adquiere una relevancia especial al entenderse no como un espacio residual, sino como un lugar habitable. La circulación se transforma así en un ámbito generoso y activo que puede acoger el estudio, el juego o el encuentro cotidiano. El resultado es una vivienda luminosa, sobria y atemporal, que respeta su herencia arquitectónica y se adapta a las necesidades presentes y futuras de sus habitantes.

Casa Zam 12 por DG Estudio. Fotografía por Mariela Apollonio.
Descripción del proyecto por DG Estudio
La reforma integral de esta vivienda de 135 m², construida en 1952 y situada en el barrio de la Petxina de Valencia, junto al Jardín del Túria, nace del deseo de una joven familia de establecer un hogar definitivo tras años de vida itinerante.
El proyecto aborda la transformación de un interior excesivamente compartimentado en el que apenas sobrevivían algunos elementos originales de valor. Entre ellos, las molduras del techo, cuidadosamente conservadas, se convierten en el punto de partida conceptual de la intervención y en el hilo conductor del diálogo entre pasado y presente.
La propuesta se fundamenta en una actitud respetuosa hacia la historia del inmueble y en una voluntad de sobriedad y atemporalidad. Frente a una arquitectura protagonista, se opta por una intervención discreta, que acompaña la vida cotidiana y permite que el tiempo y los objetos personales completen el espacio doméstico. Tradición y contemporaneidad conviven así en equilibrio, a través de una arquitectura serena, clara y honesta.
El programa funcional se plantea de manera flexible, capaz de adaptarse a las distintas etapas de la vida familiar.
La organización espacial se articula mediante tres volúmenes de roble natural que estructuran la vivienda sin fragmentarla. Estos elementos, potentes pero contenidos, ordenan los distintos usos y aportan calidez al conjunto, reforzada por la continuidad del mismo material en el pavimento. Los volúmenes dialogan con las molduras originales del techo, mientras que los paramentos blancos potencian la luminosidad y subrayan el contraste entre lo existente y lo nuevo.
Cada uno de estos volúmenes asume un papel específico: el primero define la zona de estar y comedor integrando el soporte de la televisión; el segundo, vinculado a la cocina, separa el acceso de la vivienda de la cocina abierta al espacio común; el tercero organiza el área de estudio y articula el distribuidor general.
Especial relevancia adquiere precisamente el distribuidor, concebido no como un espacio residual, sino como un lugar habitable. Se eliminan los pasillos convencionales para transformar la circulación en un ámbito generoso y activo, capaz de acoger el estudio, el juego o el encuentro cotidiano, integrándose plenamente en la vida doméstica.
El resultado es una vivienda luminosa, sobria y atemporal, que respeta su herencia arquitectónica y responde a las necesidades presentes y futuras de sus habitantes, dejando espacio para que el hogar evolucione con ellos a lo largo del tiempo.