Correa+Fatehi | ODD proyectaron una rampa como acceso principal a la vivienda que se adaptaba al terreno, con muros de tapial en los laterales que evocan sistemas tradicionales. La fachada de la casa es transpirable y ventilada, lo que facilita un control tamizado de la luz, la reducción de la temperatura y una mejor ventilación. La vivienda tiene tres niveles: sótano, planta baja y primera planta.
El ascensor central es el corazón del edificio, ya que, gracias a sus dimensiones, permite habilitar una habitación en su interior mediante una plataforma que se eleva y desciende, generando una visión amplia y abierta de todas las plantas de la vivienda. De esta forma, las diferentes alturas se conectan entre sí, formando una unidad. Para lograrlo, se emplearon dobles alturas, escaleras sin contrahuella y una piscina en el exterior, visible desde el sótano a través de un gran muro de vidrio.

Una casa en los Andes por Correa+Fatehi | ODD. Fotografía por Bicubik.
La fachada está realizada por medio de ladrillos de adobe compactado realizados con componentes locales, cuya disposición genera una interesante texturización de la fachada con salientes y entrantes. En algunas zonas, los ladrillos están dispuestos formando celosías, lo que hace que toda la envolvente tenga una textura sensible generando diferentes gradicentes de luces y sombras.
Descripción del proyecto por Correa+Fatehi | ODD
Ubicada en las afueras rurales de Quito, Casa en los Andes es una residencia privada que reconsidera la relación entre la arquitectura, el paisaje y los materiales. Construida a partir del suelo que desplaza e integrada en un terreno esculpido, la casa se despliega en tres niveles, organizados por una plataforma móvil. Su claridad espacial y su envolvente de tierra porosa reflejan un enfoque realista y adaptable a la vivienda contemporánea.
Integración con el terreno
Elevándose sobre montículos esculpidos de vegetación nativa, la casa se define por una estrategia paisajística que evoca la topografía local y evoca la sensación de la naturaleza salvaje de las tierras altas. El acceso procesional está excavado en los montículos, revelando muros de tapial y haciendo referencia al Chaquiñán, senderos ancestrales que alguna vez se utilizaron para recorrer la accidentada geografía andina. Este enfoque coreografía el movimiento a través del terreno, dando lugar a un umbral hundido y una secuencia seccional inmersiva.
Organización y movilidad transversal
Desde la distancia, la casa se presenta como un monolito vertical compacto, discreto y con una base sólida. Internamente, la sección se organiza en torno a una plataforma móvil que recorre los tres niveles. Más que un medio de circulación, permite flexibilidad espacial, permitiendo que los programas se adapten, se fusionen y se reconfiguren con el tiempo y el uso. En el segundo nivel, la arquitectura se abre hacia una meseta de césped y agua: una piscina interior y un jardín exterior divididos por una cristalera practicable, uniendo paisaje e interior en un solo gesto.
Materialidad anclada al lugar
La tierra excavada se compacta en muros de tapial y se moldea en un único módulo a medida de adobe. Esta fachada transpirable y ventilada modula la temperatura y la luz, proyectando sombras intrincadas que evolucionan con el sol. Por la noche, emite un brillo suave y poroso, transformando la masa monolítica en atmósfera. Al construir con el propio suelo sobre el que se asienta, la casa se convierte en una extensión simbólica y material del paisaje.
Resolución contextual
La fachada está realizada con ladrillos de adobe compactado elaborados con componentes locales, cuya disposición genera una interesante texturización mediante salientes y entrantes. En algunas zonas, los ladrillos están dispuestos formando celosías, lo que hace que toda la envolvente tenga una textura sensible, generando diferentes gradientes de luces y sombras.