La exposición «CIMBRA», proyectada por + atelier, estaba fundamentada en un estricto principio de economía circular y montaje efímero, empleando el sistema de encofrado modular ligero de ULMA, procedente de un stock reutilizado del sector de la construcción, reconvirtiendo su papel temporal para transformarlo en estructura, cerramiento y soporte expositivo.
Una vez concluido el Congreso Mundial de Arquitectos UIA 2026 Barcelona, el pabellón se desmontó en orden inverso, sin generar escombros ni residuos. Todos sus componentes retornan a la cadena logística de la obra civil o la edificación. «CIMBRA» es, en esencia, una arquitectura prestada.

«CIMBRA» por + atelier. Fotografía por Del Río Bani.
Descripción del proyecto por + atelier
En todo proceso constructivo conviven aquellos sistemas que perduran tras la materialización arquitectónica con aquellos otros cuya efimeridad permite apearlos hasta lograr su estabilidad por medios propios, exigiendo tantos recursos como los perdurables.
Los sistemas auxiliares —encofrados, cimbras, apeos, andamios o redes— suponen habitualmente entre el 35% y el 60% del coste total de la ejecución del elemento estructural. A nivel presupuestario global, los medios auxiliares en obra se cuantifican entre un 3% y un 5% de los costes directos. Son la matriz imprescindible para sostener la materia antes del fraguado; el andamiaje técnico que permite la construcción de la realidad, pero que, paradójicamente, siempre desaparece y se oculta tras el desmolde. No obstante, es precisamente en esta estructura temporal donde a menudo reside el verdadero avance de la disciplina. El andamiaje interior de la cúpula del Duomo de Santa María del Fiore en Florencia y los sistemas de izado diseñados por Brunelleschi permitieron el progreso cultural y la conquista de lo que se creía técnicamente imposible. En este sentido, CIMBRA reivindica el valor de todo aquello que sostiene el proceso.
La práctica contemporánea ha desbordado sus límites clásicos hacia una disciplina caracterizada por la transversalidad, alineándose de manera natural con el lema del Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA 2026 Barcelona: “Becoming. Architectures for a planet in transition”. Las alternativas de la profesión han trazado nuevas bifurcaciones que demuestran que el arquitecto de hoy opera como mediador, artista, investigador, paisajista, urbanista, artesano, divulgador y comunicador, entre otros. Esta pluralidad de formas de ejercer la disciplina queda sólidamente demostrada no solo en las 209 propuestas seleccionadas por el CSCAE para los Premios Arquitectura 2026, sino en todas aquellas que se quedaron a las puertas pero que inundan los perfiles de Instagram, TikTok y los principales medios especializados nacionales e internacionales. En este contexto de transición —«becoming»—, el espacio CIMBRA se erige como el escenario óptimo para albergar esta amplia representación de la profesión.
El proyecto propone habitar el intradós del encofrado, entendiendo el pabellón como esa estructura de soporte previa, latente y necesaria antes de liberar las múltiples alternativas de la profesión. El espacio se concibe, acotado y comprimido, mediante cuatro planos construidos con el material auxiliar de obra. La sección transversal del pabellón es deliberadamente asimétrica. El plano vertical actúa como un límite estricto y sereno, mientras que el plano inclinado funciona como una gran cubierta en potencia que anima al visitante a adentrarse. Esta convergencia geométrica genera un efecto de embudo espacial comprimiendo la escala humana en la base para generar intimidad en los encuentros, mientras se abre hacia lo alto buscando la luz y la respiración del espacio del congreso. El esqueleto estructural auxiliar, formado por puntales y tornapuntas, se deja a la vista en el perímetro exterior, mostrando la desnudez de la ingeniería. Por el contrario, el espacio interior delimitado por la cara lisa de los tableros fenólicos reutilizados ofrece un lienzo limpio para la exposición y la rotulación del CSCAE, creando un ‘ágora’ de convivencia y divulgación.
El tiempo permanece congelado, como si fuera el momento previo al desmolde de un modelo que lleva años fraguándose y transfiriéndose desde aquella generación que dio el paso al mundo laboral justo antes de la crisis. Al convertir el medio auxiliar en el fin arquitectónico, el pabellón no celebra únicamente el resultado concluso, sino el proceso vivo, el esfuerzo colectivo y la red de trayectorias diversas que hoy sostienen y dan forma al futuro de la arquitectura.
De momento, el ecosistema con el que convivimos nos anima a participar del instinto y la intuición, a recuperar un diálogo perdido con los oficios y los territorios a los que están estrechamente vinculados, y a concebir el desafío de nuestro tiempo a través de un compromiso coreográfico. El mensaje que hoy transmiten estas prácticas expuestas, no solo a esta generación sino a otras que miran desde el borde del abismo habilitante, es trascendental para entender hacia dónde deben dirigirse de la mano, sociedad, docencia e institución.
Paul Virilio acuñó el término paisajes de eventos para hablar de los lugares donde lo que sucede es más importante que lo que hay. CIMBRA podría considerarse ese lugar. Un paisaje de acontecimientos, de conversaciones, buenos encuentros y cuidados, de palabras e imágenes que, más allá de su forma o su registro, transforman la manera en que miramos nuestra práctica.