La propuesta funcional de estudioHerreros se planteó con el objetivo principal de que la estación facilitase las dinámicas de flujos. Un reto importante, dado el fuerte y desigual desnivel que debía salvarse entre los dos lados urbanos de la estación, fue mantener las dinámicas típicas de acceso a este tipo de infraestructuras, en las que la mayoría de las personas acceden y abandonan la estación caminando.
El proyecto se inspiró en la estructura funcional de los aeropuertos, situando las líneas de taxi, vehículos particulares y autobuses en el nivel de las vías, y las plataformas de salida y llegada en el nivel de la ciudad, con un gran vestíbulo como espacio principal. El desplazamiento hasta el destino deseado resulta sencillo, seguro e intuitivo. El núcleo norte establece la conexión entre la plataforma de movimientos vehiculares, la Plaza de la Estación y el vestíbulo. Por su parte, el núcleo sur se encarga de vincular la Plaza de Clara Campoamor con la pasarela.

Estación de tren y pasarela peatonal por estudioHerreros. Fotografía por Luis Díaz Díaz.
La adaptación al entorno es orgánica y se logra mediante pilares y losas prefabricadas de hormigón. Estas piezas, ligeras y de fácil ensamblaje, permitieron trabajar sobre las vías sin interrumpir el tráfico ferroviario. Los materiales empleados incluyen paneles de metal perforado y zinc en las cubiertas, así como vidrio estructural translúcido en el interior, lo que favorece la entrada de la máxima cantidad de luz y genera un espacio tamizado, agradable y cómodo sensorialmente para sus usuarios.
Descripción del proyecto por estudioHerreros
En 2011, setenta años después de la llegada del ferrocarril a Santiago de Compostela, la trinchera extramuros que ocuparon las vías seguía siendo una barrera casi infranqueable entre el centro histórico y los barrios surgidos al sur del trazado ferroviario, con Pontepedriña a la cabeza. Como contrapartida, esta frontera ha sido la causa de que el área natural de Las Brañas del Sar – una pieza de impagable valor ecológico – se haya mantenido intocada todo este tiempo.
El proyecto ganador del concurso internacional convocado por ADIF para la nueva Estación de Tren de Alta Velocidad ubicaba el edificio de viajeros transversalmente sobre los andenes adosado a una generosa pasarela -abierta al público en 2021- que resolvería la intermodalidad entre la estación de tren, la de autobuses y los aparcamientos con el beneficio colateral de conectar el centro histórico y sus ensanches con la periferia sur, los parques del Sar y la Ciudad de la Cultura, reconectando dos ámbitos urbanos históricamente desconectados por el fuerte desnivel y el propio trazado de las vías.
El dato de que la mayoría de los usuarios que toman el tren llegan a la estación caminando y que la mayoría de los que llegan a la ciudad en tren abandonan el edificio por el mismo medio, avala el empeño del proyecto en situar el edificio de viajeros a la cota de la ciudad. Siguiendo esta premisa, la estación se organiza según el esquema típico de los aeropuertos mediante un plano en el nivel de las vías en el que se realizan todos los intercambios motorizados como taxi, vehículo particular y de alquiler, autobuses urbanos y de largo recorrido; y otro, al nivel de la ciudad que hace de plataforma de salidas y llegadas sobrevolando los andenes cuyo principal espacio es el luminoso vestíbulo de viajeros desde el que se accede directamente a los trenes por una serie de fingers que aseguran un funcionamiento intuitivo, eficiente y seguro.
La simplicidad del esquema asegura el diálogo con la antigua estación, especialmente con su amplia marquesina que cubre los movimientos de los viajeros en los andenes. Por su parte, las dos plazas de diseño contemporáneo generadas en los extremos del conjunto -Plaza de la Estación en el lado ciudad y Plaza de Clara Campoamor en el lado Reserva Natural- se ofrecen como la primera imagen que obtiene un viajero recién llegado a Santiago de Compostela.
La logística de los desplazamientos verticales pivota sobre dos núcleos, norte y sur, enlazados por la pasarela que funciona de facto como una calle del sistema urbano. El núcleo norte conecta la plataforma de movimientos vehiculares con la Plaza de la Estación y el vestíbulo, mientras que el núcleo sur conecta la Plaza de Clara Campoamor con la pasarela. Ambos incluyen ascensores capaces de transportar bicicletas y escaleras mecánicas que aseguran la accesibilidad universal de todo el conjunto.
La arquitectura resuelve su adaptación al lugar mediante una forma orgánica que retractila el programa sin concesiones compositivas. El proceso constructivo parte de implementar una gran plataforma de pilares y losas prefabricadas de hormigón sobre la que se levanta el edificio mediante sistemas industrializados de puesta en obra cuya ligereza y ensamblaje facilitan las operaciones sobre las vías sin interrumpir el tráfico ferroviario. La materialidad de la envolvente recurre a una familia de materiales translúcidos, paneles de metal perforado y zinc en las cubiertas, un sistema del que la industria gallega es puntera a nivel nacional. Los interiores buscan la máxima luminosidad gracias al uso intensivo del vidrio estructural translúcido que incluso en los días nublados multiplica la reverberación de la luz natural, creando espacios alegres pensados para una espera amable.
El proyecto tiene una profunda implicación social y ciudadana. El reconocimiento de la capacidad de la arquitectura para equilibrar polarizaciones urbanas indeseables, mitigar desigualdades sociales y hacer más amable la vida de las personas es la propuesta más ambiciosa del proyecto que trabaja intensamente sobre sus valores añadidos. De hecho, defendemos que conseguir que las infraestructuras superen su responsabilidad logística, a la que deben atender con la máxima eficiencia, para convertirse en expresiones de cohesión social e imagen de una ciudad que mira confiada al futuro, nos parece el camino a seguir.