La vivienda proyectada por EME157 se resuelve mediante un volumen rectangular de una sola planta cubierto por una cubierta a dos aguas. En cuanto a la distribución, se articula alrededor de un gran espacio central de doble altura que concentra la vida común. Desde este núcleo se despliegan dos alas, una destinada al dormitorio principal, la cocina y el cuarto de montaña, y otra que alberga el dormitorio de invitados, un despacho y una sala de estar.
Constructivamente, la vivienda se eleva 50 centímetros sobre el terreno mediante una estructura metálica y un forjado de chapa colaborante. Los muros de carga se ejecutan con el sistema X-Panel, compuesto por un núcleo de aislamiento de porexpan reforzado con malla y recubierto por hormigón. Las divisiones interiores se completan con bloque de hormigón y sistemas ligeros de pladur. En cuanto a la cubierta, se reviste con teja de pizarra ventilada sobre rastreles de madera, y los tableros empleados en el encofrado de los muros se reutilizan en los aleros de los porches.

«Wasabi Project» por EME157. Fotografía por Luis Asín.
Descripción del proyecto por EME157
El encargo planteaba un programa muy definido: una vivienda para una pareja sin hijos, con una fuerte vinculación a las actividades de montaña —especialmente la escalada—, el skate y la cultura japonesa. Desde el inicio, los propietarios tenían claro que deseaban una planta ortogonal, organizada en torno a un espacio central de gran altura, con ámbitos más recogidos a ambos lados. La normativa, por su parte, exigía una cubierta inclinada con acabado pétreo.
La parcela, de geometría singular en forma de corazón, se caracteriza por la presencia de encinas y grandes piedras cubiertas de musgo, conformando un entorno natural de gran valor. A ello se sumaba un presupuesto muy ajustado, lo que nos llevó a plantear una vivienda unifamiliar reducida a lo esencial, donde cada decisión espacial y constructiva respondiera a criterios de economía de medios, funcionalidad y respeto por el lugar.
La elección de una forma rectangular y una única planta permitió simplificar el sistema constructivo, abaratar costes y eliminar la necesidad de escaleras. La vivienda se eleva 50 cm sobre el terreno para evitar problemas de humedad y radón, al tiempo que se minimiza la excavación y la alteración de la parcela. La cubierta a dos aguas resuelve de manera eficiente tanto las exigencias normativas como las necesidades espaciales del proyecto.
La organización interior se articula a partir de un gran espacio central de uso común, que actúa como núcleo de la vivienda y conecta con todas las estancias, eliminando por completo los pasillos. Desde este espacio se despliegan dos alas: en la derecha se sitúan el dormitorio principal con su baño, el cuarto de montaña y la cocina; en la izquierda, el dormitorio de invitados con baño, un despacho y una sala de estar. Las estancias pueden cerrarse mediante paneles correderos de inspiración japonesa, permitiendo una configuración flexible y cambiante del espacio doméstico.
La escala de las estancias y su relación con el espacio central remiten deliberadamente a la arquitectura japonesa, donde la proporción, la contención y la versatilidad del espacio adquieren un papel fundamental. Coleccionistas de bonsáis y suisekis, los propietarios solicitaron un ámbito donde poder exponer y cuidar su colección; de esta necesidad surgieron los bancos exteriores, concebidos como elementos híbridos entre arquitectura, paisaje y mobiliario, que permiten habitar el exterior de forma pausada y contemplativa.
El acceso se produce por el norte. Una ventana corrida recorre las fachadas este y oeste, mientras que un gran ventanal se abre al sur, siguiendo criterios bioclimáticos de captación solar y ventilación cruzada. La rampa de acceso, que conecta la plataforma de aparcamiento con la cota elevada de la vivienda, se proyecta también como un espacio de uso lúdico, permitiendo la práctica del skate como parte natural del recorrido cotidiano y diluyendo los límites entre circulación y estancia.
En el interior, la incorporación de un rocódromo constituía un requisito indispensable del programa; finalmente, y debido a las limitaciones presupuestarias, su dimensión tuvo que ser reducida, manteniéndose no obstante como un elemento identitario del proyecto, en el hall de acceso.
Constructivamente, la vivienda se resuelve a partir de una plataforma elevada formada por una estructura metálica y un forjado de chapa colaborante. Sobre esta base apoyan los muros de carga ejecutados mediante el sistema X-Panel, compuesto por 20 cm de porexpan con mallazo a ambos lados, recubierto por una capa de 5 cm de hormigón encofrado con tablones de madera, resolviendo de manera simultánea la función estructural y el aislamiento térmico.
Este sistema genera tres costillas a cada lado de la vivienda, sobre las que apoya el forjado inclinado de X-Panel que conforma las estancias laterales. El resto de las divisiones interiores se ejecuta mediante bloque de hormigón y sistemas ligeros de pladur.
La cubierta se remata con teja de pizarra colocada sobre un sistema bidireccional de rastreles de madera, permitiendo su correcta ventilación.
Finalmente, los tableros amarillos utilizados como encofrado en los muros de hormigón se reutilizan en los aleros de los porches norte y sur. En el porche sur aparece un gran espacio exterior cubierto que actúa como una prolongación natural de la vivienda hacia el paisaje.