La nueva estación de Benidorm ideada por Hulot redimensiona los vanos de la fachada para otorgar protagonismo al acceso principal y conserva la cubierta. En cuanto a la distribución interior, cuenta con un hall que funciona como un umbral entre los andenes, la calle, la cafetería y la zona de espera.
A nivel constructivo, el ladrillo fue sustituido por paneles de policarbonato translúcido, y el volumen se envuelve en chapa de aluminio extrusionado perforado. Además, como elemento distintivo del espacio, una retícula de luminarias lineales cruzadas define la cubierta de la sala.

Estación de Benidorm por Hulot. Fotografía por Milena Villalba.
Descripción del proyecto por Hulot
Hay edificios que existen para ser atravesados. La estación de tren de Benidorm es uno de ellos: un lugar de paso que, sin embargo, tiene la capacidad de dejar una impresión. No la de un monumento, sino la de un espacio bien hecho, que funciona y que se percibe con calma.
El edificio original, construido en los años sesenta, tenía la lógica de una nave industrial: planta rectangular, estructura metálica, una presencia funcional pero opaca en la ciudad. La intervención de Hulot arch. studio no pretendió borrar esa condición, sino entenderla. ¿Qué es esencial aquí? ¿Qué puede quedarse? ¿Qué debe cambiar?
La cubierta se conservó. Los huecos de fachada se redimensionaron para dar verdadero protagonismo al acceso principal, que hasta entonces quedaba diluido en el ritmo del cerramiento. El ladrillo fue sustituido por paneles de policarbonato translúcido, que se prolongan hacia la marquesina del andén unificando la lectura del edificio desde la calle hasta la vía. El resto del volumen se envuelve en chapa de aluminio extrusionado perforado, estableciendo un juego deliberado entre lo opaco y lo ligero.
En el interior, el hall actúa como espacio umbral entre los andenes, la calle, la cafetería y la zona de espera. Una retícula de luminarias lineales cruzadas define el techo de esta sala, haciendo que el espacio sea tan reconocible de noche como de día.
El programa se organiza con claridad entre lo público y lo privado. Todo está en su sitio. La estación funciona, y se nota.
En el fondo, el proyecto plantea una pregunta sencilla: ¿puede la arquitectura de infraestructuras ser, al mismo tiempo, rigurosa y humana? La respuesta, aquí, es que sí.