El pabellón ideado por Juan Bechini se organiza a partir de una planta cuadrada de 10 × 10 metros, estructurada mediante una serie de muros que organizan el programa y la circulación. El acceso se realiza a través del jardín, y un voladizo frontal conduce a una zona de espera abierta al exterior y a la sala de pilates. Al mismo tiempo, la composición incorpora un patio interior de 5 × 10 metros orientado hacia la calle, con el que se genera una secuencia continua de transiciones y recorridos.
A nivel constructivo, el proyecto se define un sistema de muros portantes sobre los cuales se dispone una cubierta continua. La pared posterior, orientada hacia el norte, se separa de la cubierta en su punto más alto, generando una abertura superior cerrada mediante una superficie semitransparente que permite el ingreso de luz natural filtrada. Los elementos horizontales organizan el movimiento y el uso, mientras que la combinación de patios, muros y cubierta da forma a una estructura espacial abierta y permeable.

Pabellón de Pilates por Juan Bechini. Fotografía por Agustin Calvetti.
Descripción del proyecto por Juan Bechini
Ubicado en el jardín de una casa, el estudio de pilates introduce un programa semipúblico dentro de un entorno residencial privado. La intervención se construye mediante una serie de muros que fragmentan y estructuran el espacio, sobre los cuales se ubica una cubierta continua que define el interior.
El acceso se realiza a través del jardín. Una franja de vegetación alta establece la primera separación del dominio doméstico. Un voladizo frontal marca el umbral y conduce a una zona de espera abierta al exterior, desde la cual se accede a la sala de pilates. La secuencia de entrada se construye siempre en relación con las vistas panorámicas hacia los espacios exteriores.
El pabellón se organiza en torno a una planta cuadrada de 10 × 10 m. Hacia la calle, un patio interior de 5 × 10 m establece distancia con el espacio público. Cada espacio interior se corresponde con un vacío exterior equivalente. El interior se ve tensado por un núcleo que organiza la circulación y que, a lo largo de su lado longitudinal, refleja los patios laterales: en la sala de pilates, el patio interior; en la zona de espera, un segundo patio que establece distancia con el jardín doméstico. El pabellón difumina así la noción de recinto cerrado. Los patios funcionan como espacios de transición entre programas, envolviendo al usuario en una secuencia continua de espacios exteriores.
Orientada con su reverso hacia el norte, la pared posterior se desmaterializa en el espacio entre esta y el punto más alto del techo. Una superficie semitransparente permite el paso de luz filtrada a través de la vegetación adyacente, que actúa como parasol natural.
Los elementos horizontales organizan la circulación y el uso. La intervención define límites sin encerrar, fragmentando el jardín para introducir un nuevo programa sin alterar su lógica original