La propuesta de «Un rascacielos con tacones de aguja» de CRA-Carlo Ratti Associati se resuelve con una torre de 140 metros de alto que incorpora fachadas adaptables que responden a la orientación solar e integran espacios abiertos para sus ocupantes en los que también se planta vegetación, replanteando la relación entre el rascacielos y la ciudad situada a sus pies. La torre se eleva sobre pilotes, permitiendo que el terreno permanezca mas abierto y permeable.
Durante los episodios de lluvias intensas, el agua de escorrentía se recoge y ralentiza dentro de la propia parcela, formando parte del ajardinamiento antes de incorporarse a la red de drenaje de Seúl. Siguiendo los principios del concepto de «ciudad esponja», el proyecto entiende el agua como un recurso que debe gestionarse dentro del ecosistema urbano, en lugar de un problema que ha de eliminarse.

Visualización. «Un rascacielos con tacones de aguja» por CRA-Carlo Ratti Associati.
La reducción de la ocupación del suelo preserva los árboles existentes y crea un nuevo espacio público a nivel de calle, convirtiendo el terreno liberado en una prolongación de la vida cotidiana. Jardines y espacios sociales conectan la torre con su entorno, configurando un patio abierto a escala de manzana. La estructura elevada permite que la luz natural alcance los niveles inferiores del edificio, haciendo posibles equipamientos compartidos como un huerto comunitario, salas de comedor y casas de té. La producción de alimentos pasa así a formar parte de la vida diaria, fomentando la interacción social.
En altura, la torre transforma una exigencia normativa en un nuevo espacio de uso colectivo. La normativa surcoreana exige una planta de refugio cada treinta niveles; en este proyecto, estos espacios de seguridad obligatorios se convierten en jardines elevados compartidos. Distribuidos a lo largo del edificio, estos niveles verdes ofrecen áreas protegidas en caso de emergencia y, al mismo tiempo, funcionan como espacios de convivencia.

Visualización. «Un rascacielos con tacones de aguja» por CRA-Carlo Ratti Associati.
Las fachadas responden específicamente a su orientación. La cara sur incorpora paneles fotovoltaicos para generar energía solar, mientras que las fachadas este y oeste utilizan lamas verticales para reducir la incidencia del sol bajo y evitar el sobrecalentamiento. En lugar de recurrir a una envolvente uniforme, el edificio adapta su comportamiento a las condiciones locales. Desde el interior, los residentes experimentan una arquitectura moldeada por el recorrido del sol a lo largo del día.
«Las ciudades han pasado gran parte del último siglo intentando hacer desaparecer el agua lo más rápido posible. En Seúl, frente a un clima cambiante, nos preguntamos cómo un rascacielos puede ofrecer más tiempo y espacio al agua. Al elevar el edificio sobre "tacones", permitimos que el suelo conserve sus árboles, absorba el agua de lluvia y funcione como parte del sistema de adaptación climática de la ciudad.»
Carlo Ratti, socio fundador de CRA y profesor del MIT y del Politécnico de Milán.