Concebido como un espacio capaz de acoger la convivencia entre diversas disciplinas, modos de trabajo y expresiones creativas, el proyecto desarrollado por Paloma Bau y T.O.T propone una estructura espacial y material flexible, preparada para adaptarse a distintos usos sin necesidad de recurrir a intervenciones complejas. En el centro de la propuesta, una amplia barra longitudinal funciona simultáneamente como área de trabajo compartida, soporte de exhibición y punto de socialización.
La elección de materiales y el diseño del mobiliario evocan la lógica constructiva presente en muchas arquitecturas urbanas de Tokio. El azulejo blanco que enmarca el acceso reaparece en distintos sectores del interior, consolidándose como un recurso narrativo del espacio. A su vez, el pavimento continuo de microcemento en tono claro unifica el recorrido y refuerza una atmósfera luminosa y serena.
En contraste con la materialidad contenida del espacio principal, la sala de reuniones se inspira en los onsen -los tradicionales baños termales japoneses- y se plantea como un ámbito independiente de carácter puramente sensorial. El acceso, a través de una pequeña puerta, da paso a una escalera revestida en azul Klein que anticipa un dramático cambio de atmósfera. De manera complementaria, los tatamis perimetrales habilitan múltiples configuraciones de uso: desde sentarse y reunirse hasta convertirse en áreas informales durante eventos, reflejando el carácter dinámico, híbrido y en constante transformación del espacio de trabajo.

Sornells 21 por Paloma Bau + T.O.T Studio. Fotografía por David Zarzoso.
Descripción del proyecto por Paloma Bau y T.O.T Studio
Contexto y concepto
Desde el primer momento, T.O.T asumió el desarrollo conceptual del proyecto mientras que el equipo de Paloma Bau se ocupó de su materialización arquitectónica. Esta división responde a la esencia de ambos estudios: el carácter especulativo y estratégico de T.O.T y la capacidad de Paloma Bau para hacer tangible un concepto a través de la materia, la geometría y el detalle. El punto de partida se articuló alrededor de una idea sencilla y potente: reinterpretar algunos de los lugares cotidianos favoritos de ambos en Tokio y trasladar su atmósfera a un espacio de trabajo flexible en Valencia. No se buscó una tematización literal, sino una traducción arquitectónica de tres situaciones reconocibles en la ciudad japonesa: la calle revestida de cerámica, la barra del izakaya y el ambiente relajado de los onsen.
La llegada al estudio está concebida como el punto de partida conceptual. La entrada reproduce la lógica material de muchas arquitecturas urbanas de Tokio, donde el azulejo 10×10 blanco envuelve fachadas completas. Aquí, ese mismo azulejo construye un umbral limpio y casi exterior, reforzado por un gran espejo en el techo que duplica el espacio y altera la proporción de la estancia. Este recurso genera la sensación de que el visitante sigue en el exterior incluso después de haber entrado, diluyendo el límite entre calle y estudio. Una bancada en bloque blanco de hormigón introduce uno de los materiales que posteriormente se repite en varios puntos del proyecto, anticipando su función estructuradora.
Espacio y organización
Tras este umbral, el espacio se articula en torno a su pieza central: una gran barra que recorre el local en forma de U. Ejecutada en DM tintado en negro, coloreado en masa para conservar la textura propia del material, esta pieza organiza usos y circulaciones. La barra funciona simultáneamente como espacio de trabajo para coworkers, vitrina y zona social. El tramo central integra una mesa de 7,20 metros parcialmente volada resuelta con una estructura de hierro, piedra negra San Vicente y una pata escultórica de bloque blanco.
Esta mesa, concebida para acoger a casi veinte personas, es también la pieza central que permite que el estudio se transforme con facilidad en comedor, espacio para catas, presentaciones o encuentros profesionales. Además, la bancada perimetral en bloque blanco y el sistema de carriles instalados en todo el perímetro permiten que el espacio funcione también como área expositiva, facilitando la exhibición de piezas y obra gráfica de forma flexible y continua.
La barra se acompaña de una luminaria longitudinal diseñada específicamente para el proyecto, inspirada en los noren, esas piezas textiles que suelen marcar el umbral de tabernas y locales japoneses. La presencia de esta lámpara, suspendida a lo largo de toda la barra, introduce un ritmo horizontal que acompaña la escala del espacio y contribuye a su atmósfera cálida y contenida.
Una de las decisiones más singulares del proyecto es situar la cocina fuera de la barra, invirtiendo el funcionamiento habitual de un izakaya. Para recomponer esta aparente incongruencia, se ha introducido un espejo frente a la cocina que refleja al cocinero y devuelve simbólicamente su presencia al interior de la barra. Esta decisión, junto con la del espejo en la entrada, forma parte de un juego perceptivo que atraviesa todo el proyecto, donde pequeñas inversiones del orden habitual generan situaciones inesperadas pero coherentes en conjunto.
El segundo ámbito conceptual del proyecto se encuentra en uno de los recovecos originales del local y funciona como sala de reuniones. Inspirada en los onsen, esta estancia se concibe como un ambiente independiente que rompe deliberadamente con la sobriedad general del estudio. El acceso se realiza a través de una pequeña escalera oculta en el panelado de la cocina, donde deja intuir una puerta en azul Klein que anticipa el cambio de atmósfera.
Uno de los tatamis perimetrales sirve como umbral y se complementa con una pieza de granito, un guiño a los accesos tradicionales de la vivienda japonesa. En el interior, la intensidad cromática, las luminarias realizadas a partir de cabezales de ducha, los espejos con asideros propios de las áreas de baño y un falso lucernario con una pequeña jardinera construyen una imagen más divertida y experimental. Incluso un neón con un cielo sustituye irónicamente al habitual monte Fuji presente en muchos onsen. Además del factor sorpresa que genera este espacio, los baños adyacentes, resueltos en un rojo intenso, refuerzan ese contraste y aportan un matiz ligeramente provocador.
Materialidad
La materialidad del proyecto responde a una lógica de coherencia y repetición, características habituales en el trabajo de Paloma Bau. El pavimento de microcemento claro unifica todo el recorrido y aporta una luminosidad homogénea. El techo de celulosa proyectada actúa como plano técnico y fonoabsorbente, dejando a la vista las instalaciones en crudo y los carriles que permiten dividir el espacio mediante cortinas. Estas líneas curvas introducen una lectura más dinámica y matizada, rompiendo sutilmente con el orden general del local.
Los tatamis perimetrales de bloque blanco permiten sentarse, reunirse o convertirse en zonas informales durante eventos internos y, en algunos puntos, funcionan también como jardineras, reforzando la idea de un espacio activo y múltiple. El mobiliario de trabajo, como mesas, cocina o almacenaje, se resuelve en DM crudo mediante un sistema constructivo sencillo y limpio, diseñado para convivir con las piezas fijas y con la condición expositiva del espacio. Todas las piezas realizadas a medida han sido fabricadas por la firma valenciana Lebrel Furniture.
Iluminación y mobiliario
La iluminación combina piezas técnicas de Arkoslight, firma presente en numerosos proyectos del estudio, con luminarias decorativas en papel de arroz y soluciones puntuales como la lámpara desarrollada para T.O.T en acero inoxidable. Este equilibrio entre precisión técnica y calidez difusa contribuye a que el ambiente resulte equilibrado y amable. El mobiliario, diseñado en su mayoría a medida, se integra en la narrativa material del proyecto y refuerza su vocación flexible, permitiendo usos simultáneos y transiciones naturales del lugar sin alterar su estructura principal.
Un espacio creativo multifuncional
Sornells 21 no es únicamente un estudio de arquitectura y diseño. Es un nuevo espacio en Valencia concebido para trabajar, colaborar, reunirse y celebrar. Su configuración espacial y material hace posible que convivan usos distintos sin necesidad de transformaciones complejas. Es un proyecto que potencia desde la arquitectura la idea de comunidad creativa y que convierte un local de geometría irregular en un escenario flexible donde el día a día profesional se mezcla con encuentros y momentos compartidos.