La «Casa 720 Grados» ideada por la arquitecta Fernanda Canales, está conformada por tres volúmenes. El primero y principal es la casa circular, el segundo, un estudio/habitación de invitados independiente y, el tercero, un volumen rectangular que cuenta con un patio, dormitorios, espacio de almacenamiento y servicios. La casa principal de planta circular, se desarrolla en dos niveles. En la planta baja se distribuyen la sala, la cocina, los dormitorios, los baños y los armarios y, en la azotea, una terraza abierta.
La propuesta mantiene una fuerte conexión con el exterior mediante aberturas flexibles con grandes ventanales plegables que, a su vez, generan ventilación cruzada natural. Para su construcción, se utilizó tierra local con concreto para lograr un acabado natural que evoca el paisaje.

Casa 720 Grados por Fernanda Canales. Fotografía por Rafael Gamo.
Descripción del proyecto por Fernanda Canales
Casa 720 Grados es un dispositivo geométrico y óptico que duplica el recorrido de 360 grados de la visión convencional. El diseño se origina en un patio central y en la interacción entre el mundo interior y el exterior. Concebida como un reloj solar que registra el paso del tiempo, esta casa aislada es una combinación de muchas casas en una: durante el día, enmarca una montaña y un volcán, abriéndose hacia las variadas vistas a lo largo del perímetro exterior del círculo; por la noche, gira hacia el interior alrededor de un patio circular.
El proyecto consta de tres volúmenes: la casa circular principal, un estudio/habitación de invitados independiente y un volumen rectangular con un patio que alberga dormitorios adicionales, espacio de almacenamiento y servicios. La división en volúmenes separados responde a la topografía acentuada y preserva la vegetación existente. Diseñada para dos familias, incluye espacios para familiares e invitados.
La casa se desarrolla en dos niveles: uno en la planta baja y otro como terraza abierta en la azotea. Su planta circular alberga dormitorios rectangulares, baños, armarios y una cocina. Los muros curvos se reservan para la circulación, extendiéndose como terrazas hacia el patio y como jardines hacia el exterior. El diseño utiliza aberturas flexibles —mamparas de privacidad, grandes ventanales plegables y vistas enmarcadas— que permiten que los espacios interiores se transformen y se mantengan conectados con el entorno.
Ubicada en un valle apartado a tres horas de la Ciudad de México, la casa aborda dos condiciones aparentemente contradictorias: aislamiento y apertura. Protege de las inclemencias del tiempo —donde las temperaturas pueden variar hasta 30 °C en un solo día y la lluvia predomina la mitad del año— pero se abre al máximo al paisaje circundante. Sus muros actúan como membranas entre dos zonas templadas (bosque y pradera), dos estaciones (seca y húmeda) y tres condiciones espaciales (centro, interior y exterior).
La casa está anclada en el terreno, enclavada en el suelo del que emergen sus materiales. Para que la construcción a gran escala se integre con el paisaje virgen, se utilizó un diseño bajo de una sola planta, mezclando tierra local con concreto para lograr un acabado natural que evoca el paisaje. La mayoría de las lámparas y muebles se fabricaron in situ con materiales y artesanía locales.
La casa aprovecha el agua de lluvia, genera su propia electricidad mediante paneles solares e incorpora suelo radiante hidrónico en las habitaciones. El sistema solar también calienta el agua que se utiliza en toda la casa. Cada espacio se beneficia de ventilación cruzada natural y se abre a dos o tres orientaciones diferentes.
La prioridad fue un mantenimiento fácil y económico: materiales duraderos que resistan a la intemperie sin necesidad de pintura ni revestimiento, integrándose así en el paisaje natural. Construida con la tierra y el color del terreno, la casa cambia sutilmente con las estaciones: una estructura viva que se adapta, se integra y respira con su entorno.