Estudio Mínima ha reorganizado el espacio interior de Casa Mínima. En la planta baja, donde antes se encontraba la cuadra, la cocina, el comedor y el salón se distribuyen ahora en una única planta diáfana. Conectado a este espacio, se ha redefinido un patio utilizando las losas originales. En la planta superior, se ha conservado la distribución tradicional de las cabañas de estilo pasiega, con acceso directo desde el exterior.
La propuesta conserva el volumen original de muros de piedra de hasta 80 cm de espesor, la cubierta inclinada y la escalera exterior de piedra, centrando la transformación en el interior. La identidad histórica dentro del paisaje se conserva intacta, y la intervención se ha desarrollado bajo la premisa esencial de mejorar radicalmente el rendimiento energético del edificio sin alterar sus materiales exteriores ni su presencia, generando una segunda piel interior.

Casa Mínima por Estudio Mínima. Fotografía por Biderbost Photo.
Descripción del proyecto por Estudio Mínima
1. Una segunda piel de altas prestaciones
La estrategia energética se basa en la creación de una envolvente interior de altas prestaciones que mejora el comportamiento térmico del edificio sin intervenir en la fachada histórica. Construida como una segunda piel por capas —lámina de aislamiento orgánico, ladrillo y enlucido de cal aplicados sobre los muros de piedra existentes de 80 cm— garantiza una elevada hermeticidad, reduce al mínimo las pérdidas de energía y mantiene una temperatura estable durante todo el año, con una demanda de calefacción muy reducida.
El sistema se completa con ventilación mecánica con recuperación de calor (Orkli PKOM 4) y bomba de calor integrada, que aseguran una calidad de aire constante y cubren las necesidades de climatización y agua caliente con un consumo mínimo. En los periodos más fríos, el conjunto se apoya en una pequeña estufa que aporta un refuerzo térmico puntual. El triple vidrio pasivo en todas las carpinterías limita adicionalmente las pérdidas térmicas manteniendo la continuidad visual con el paisaje.
Todas las instalaciones y conductos quedan completamente integrados en la arquitectura, de modo que la tecnología permanece invisible y la experiencia del espacio se define por el silencio y la estabilidad térmica.
2. Respeto al origen y continuidad histórica
La cabaña pasiega es una tipología ligada a la vida semitranshumante de la región desde el siglo XVI, combinando usos agrícolas y domésticos en una arquitectura profundamente vinculada al territorio.
La intervención parte del reconocimiento de este valor cultural y material, planteando una rehabilitación centrada en conservar su identidad y prolongar su vida. La mampostería exterior original de piedra seca se conserva intacta, tratada únicamente desde el interior, mientras que la organización espacial se adapta a un uso contemporáneo respetando la geometría original.
El proyecto permite que la memoria del lugar permanezca legible, integrando pasado y presente en un equilibrio preciso entre conservación y transformación.
3. Materialidad y relación con el paisaje
El proyecto se apoya en el uso de materiales naturales y de proximidad —mortero de cal, madera de roble, piedra original y cerámica— consolidando la lógica constructiva existente.
La intervención establece un diálogo preciso entre lo preexistente y lo incorporado, evitando mimetismos y permitiendo la lectura clara de cada etapa constructiva. La piedra se consolida y permanece visible; los nuevos elementos se introducen con sobriedad, definidos por sistemas reversibles y soluciones técnicas discretas.
La actuación refuerza la relación entre arquitectura y territorio a través de la continuidad material y la adecuación climática, sin gestos formales añadidos.
4. Arquitectura como forma de permanencia
Casa Mínima plantea la rehabilitación como una forma de permanencia. La intervención no impone una nueva arquitectura, sino que activa las capacidades espaciales y constructivas de la existente mediante decisiones técnicas precisas.
El proyecto demuestra que la arquitectura vernácula puede adaptarse a estándares contemporáneos de confort y eficiencia sin perder identidad, entendiendo la sostenibilidad como una práctica de cuidado hacia lo construido, el paisaje y el tiempo.
5. Un destino para habitar la arquitectura
Además de vivienda, Casa Mínima funciona como alojamiento turístico, permitiendo experimentar directamente las cualidades espaciales, ambientales y materiales del proyecto.
Con capacidad para seis personas, la casa propone una experiencia de habitar donde confort, silencio y relación con el entorno forman parte intrínseca de la arquitectura. Más que un objeto construido, se plantea como un lugar para ser vivido, donde los principios de sostenibilidad se perciben a través del uso cotidiano.
6. Espacios
Originalmente, toda la planta baja estaba destinada a la cuadra: un espacio continuo vinculado al uso ganadero, definido por muros de piedra de gran espesor. La intervención transforma este nivel en el ámbito principal de la vivienda, integrando cocina, comedor y salón en una única secuencia abierta, donde la luz natural y las nuevas aperturas establecen una relación directa con el paisaje.
Vinculado a este nivel se recupera el antiguo recinto exterior asociado a la cuadra —un espacio semicerrado por grandes muros de piedra que había sido utilizado como estercolero y que se encontraba cubierto de vegetación—. Tras su limpieza, se redefine como patio mediante el pavimento con las losas originales que antiguamente solaban la cuadra, algunas aún marcadas por los surcos tallados para facilitar su mantenimiento. El nuevo patio actúa como una extensión directa del espacio interior, incorporando la memoria material del uso anterior a su nueva condición doméstica.
En la planta superior se mantiene la configuración tradicional de las cabañas pasiegas, con acceso directo desde el exterior a través de la escalera de piedra existente, que permitía alcanzar la antigua zona de vivienda situada sobre la cuadra. Dos dormitorios revestidos en madera de roble configuran espacios de descanso donde proporción, materialidad y luz generan una atmósfera contenida. La organización preserva así la lógica original de accesos y la relación entre arquitectura y forma de vida tradicional.
Los sistemas técnicos quedan completamente integrados, reforzando la claridad espacial y la coherencia constructiva del conjunto.