La estrategia constructiva de estudio Herreros busca dotar a las paredes y suelos de las salas expositivas de la máxima neutralidad, concentrando la expresión formal del proyecto en los espacios de circulación y en las dependencias complementarias.
Mientras el subsuelo mantiene una materialidad pétrea, basada en el hormigón, los paneles de cemento y el terrazo, las plantas superiores incorporan sistemas construidos en seco de reminiscencia industrial: tubulares, pletinas, madera contrachapada y planchas galvanizadas configuran umbrales, mamparas, pasarelas, mobiliario y escaleras que evocan la geometría de los silos metálicos.

Espacio colección Alkar de arte contemporáneo por estudio Herreros. Fotografía por José Hevia.
Descripción del proyecto por estudio Herreros
El nuevo espacio para la colección de arte contemporáneo Alkar se despliega en 1.300 m2 de lo que fuera un taller mecánico y garaje que ocupa las tres primeras plantas de un edificio residencial en el ensanche de Bilbao.
El programa expositivo se completa con oficinas, recepción, anfiteatro para reuniones y proyecciones, biblioteca entendida como lugar de trabajo y mediación, y archivo de obras en tránsito.
La arquitectura interviene sobre el estado original retirando todo lo superfluo, fraccionando las plantas en salas para multiplicar la cantidad de pared, eliminando algún forjado para aumentar la altura disponible, recuperando elementos de la tradición local como las claraboyas y fachadas de pavés, y organizando un recorrido mediante la implantación de dos escaleras de nueva factura.
La estrategia constructiva parte de otorgar la máxima neutralidad a las paredes y suelos de las salas expositivas y concentrar el diseño más expresivo en las circulaciones y las dependencias complementarias. Así, mientras que todo lo que ocurre en el subsuelo mantiene la materialidad pétrea: zapatas emergentes de hormigón armado, trasdosados de paneles de cemento, lavabos de terrazo hidráulico; en las plantas superiores surgen los dispositivos montados en seco con sistemas de reminiscencia industrial: tubulares y pletinas, tableros de madera contrachapada y planchas galvanizadas con los que se construyen umbrales, mamparas, estanterías, pasarelas, sistemas de almacenaje, mobiliario y escaleras que rememoran silos metálicos.
En todo momento, los techos muestran la factura desordenada de las vigas de la estructura original de hormigón que se preservan como huella que fecha la construcción del edificio. Por último, la nueva fachada hacia Alameda de Mazarredo recurre al lenguaje de las carrocerías de grandes vehículos con un característico color verde local y una cerrajería de gran precisión que propone portones, puertas y ventanas en los dos niveles sobre rasante, mientras que la del patio de manzana recupera al pavés translúcido y se apunta a la sencillez vernácula típica de estos lugares invisibles de la ciudad.
Entendemos que un pequeño museo privado es algo más que un lugar en el que mostrar una colección a un público especializado para asumir un rol educativo y de difusión del arte contemporáneo incrustándose eficazmente en el ecosistema de la oferta cultural de la ciudad. La arquitectura es la gran aliada de la función social de las fundaciones que se proponen sacar a la luz importantes colecciones de arte. Los usos no expositivos como auditorio, biblioteca y otros recursos invisibles -aseos, guardarropa, equipos audiovisuales- permitirán programar eventos, ciclos y recorridos educativos complementando los ambiciosos programas de las grandes instituciones bilbaínas.