La carta era presentada como la prueba de una victoria, mantenida en el seno familiar, ante el arquitecto estrella. La cadena de acontecimientos fue como sigue, aunque no coincidamos con las interpretaciones realizadas por el periodista casi 70 años después.
"Frank Lloyd Wright estaba furioso con mi tío Tommy. El arquitecto "mercurial" [sagaz, inquieto, imprevisible] estaba trabajando en su obra maestra, la Torre de Investigación de la SC Johnson en Racine, Wisconsin, (al norte de Chicago y a orillas del lago Míchigan) y tenía un problema: Los tubos de vidrio con los que quería cubrir las esquinas de la torre dejaban que entrase no sólo la luz, sino también la lluvia. [Como conocerá el lector no eran solo las esquinas sino todo el perímetro]
Thomas H. Truslow Jr., un gerente general de ventas de la Corning Glass Works, propuso una solución, de tiras impermeables flexibles, directamente a los ejecutivos de la Johnson sin pasar por Wright."
Thomas H. Truslow Jr., un gerente general de ventas de la Corning Glass Works, propuso una solución, de tiras impermeables flexibles, directamente a los ejecutivos de la Johnson sin pasar por Wright."
Lo que vino a continuación fue una gran irritación de Wright expresándose en los siguientes terminos, en la carta que le mandó al Sr. Truslow, "¿No está usted familiarizado con la forma de trabajar de un arquitecto?", la carta escrita a máquina fue enviada el 10 de noviembre de 1948. La interrogación fue escrita posteriormente a mano en tinta verde.
"El proyecto no es de la Compañía Johnson", continuó escribiendo. "Es del arquitecto" y a continuación, también en tinta verde a mano escribió: "Mine" es decir "Mío".
La historia termina contando que posteriormente F. Ll. Wright convocó a su tío, Thomas H. Truslow Jr. a una reunión en el hotel Plaza de Manhattan, donde este se presentó aportando dos soluciones más para otros tantos proyectos del arquitecto.
El periodista concluye contando cómo cuando su tío, que no tenía descendencia, llamó a todos sus sobrinos, con motivo de una boda, para regalarles un objeto de los que había ido coleccionando a lo largo de su vida, nuestro periodista David Montgomery eligió la carta de F. Ll. Wright. Su tío creyó que "se estaba engañando a sí mismo.", aunque él comenta que la tiene como un trofeo en la pared de su salón en homenaje a las "agallas de un vendedor"
Visto con tanta distancia y en el contexto actual, yo sigo pensando como su tío, que el periodista mitifica y se engaña a sí mismo.
Es obvio que la respuesta de Wright fue airada, incluso ruda y algo pretenciosa. Sorprende que el arquitecto tomase la máquina de escribir para enviar una carta a un vendedor que se había saltado el protocolo de responsabilidades en un proyecto.
Es demasiado común, aunque en ocasiones con gran razón, que se estigmaticen las actitudes de los arquitectos, y no cuando esto ocurre en otras profesiones, por ejemplo, nunca he entiendo porqué todo el mundo sí se escandalizaría si un vendedor de valvulas de corazón se dirigiese directamente al paciente y no al doctor responsable. Seguramente para el periodista la responsabilidad civil y penal de los arquitectos se confunde, ante la ausencia de la misma para un periodista, y también parece que es algo obvio que el periodista muestra con su escrito la misma prepotencia que Wright en su carta.