La propuesta ideada por MARS Architectes reorganiza el conjunto alrededor de un gran patio central al que se accede desde la Rue Pavée a través de dos pórticos históricos. Este vacío articula los recorridos y establece relaciones entre los antiguos palacetes, el edificio industrial rehabilitado y un pequeño pabellón que conduce a los espacios subterráneos.
En el sótano se distribuyen el spa, la sala de eventos y las áreas de servicio; las plantas inferiores albergan la recepción y las oficinas de Caudalie, mientras que los niveles superiores incorporan 26 estudios para jóvenes trabajadores, organizados alrededor de un patio ajardinado situado a la altura de las cubiertas.
Constructivamente, la intervención combina la restauración de las fábricas históricas con la incorporación de sistemas contemporáneos ligeros. Las fachadas pétreas de los antiguos palacetes conservan sus ritmos y espesores, mientras que el edificio industrial incorpora una nueva envolvente acristalada basada en la retícula original. Por otro lado, las vigas añadidas y las instalaciones vistas refuerzan su carácter estructural, y la madera, las cortinas y la vegetación equilibran la precisión técnica con una atmósfera acogedora.

Calle Pavée por MARS Architectes. Fotografía por Maris Mezulis.
Descripción del proyecto por MARS Architectes
El Marais no es un barrio histórico homogéneo, sino una de las zonas de París donde la historia urbana se manifiesta con mayor claridad como una sucesión de cambios de uso, procesos de densificación y reconfiguraciones sociales. Estructurado originalmente en torno a grandes propiedades aristocráticas —en particular, palacetes privados situados entre patios y jardines—, el barrio se transformó gradualmente a medida que la expansión de París desplazó hacia el oeste parte de los centros políticos y residenciales de la ciudad. Los antiguos palacetes, sus jardines, patios y dependencias se convirtieron entonces en la base de un tejido urbano más diverso: viviendas subdivididas, talleres, comercios, cobertizos, almacenes y edificios de servicio fueron ocupando el interior de las manzanas, sin borrar por completo la estructura aristocrática que los precedía.
A esta transformación morfológica se sumó una estratificación social especialmente marcada. En torno a la Rue des Rosiers, la Rue Pavée y la Place Saint-Paul, el Pletzl se convirtió en uno de los principales centros de la comunidad judía parisina. Tras una presencia documentada desde la Edad Media —posteriormente interrumpida por diversas expulsiones—, la comunidad fue restableciéndose de manera gradual después de la Emancipación de 1791, primero con la llegada de familias judías procedentes de Alsacia y, a partir de la década de 1880, con migrantes de Europa del Este. Los comercios, lugares de culto, escuelas, organizaciones comunitarias y formas de vida vecinal han inscrito permanentemente esta historia en el paisaje cotidiano del Marais. El hecho de que el solar de la Rue Pavée estuviera ocupado antes de la intervención por la escuela judía privada Yad Mordekhai prolonga esta continuidad de uso: más allá del valor arquitectónico de los edificios, la manzana también forma parte de una historia social, educativa y comunitaria profundamente arraigada en el barrio.
El siglo XX introduce otra capa de interpretación. Amenazado durante mucho tiempo por la insalubridad, las demoliciones y el impulso de una modernización radical, el Marais se convirtió, tras la Ley Malraux, en uno de los proyectos piloto de Francia en materia de conservación urbana. La creación del sector protegido en 1964, seguida de la elaboración del Plan de Salvaguarda y Puesta en Valor, desplazó el enfoque de la protección patrimonial: ya no se trataba únicamente de conservar monumentos aislados, sino de reconocer el valor de todo un tejido urbano, con sus calles, parcelas profundas, patios, edificios residenciales ordinarios, palacetes, talleres y transformaciones sucesivas. Aquí, el patrimonio se entiende como una estructura urbana viva, cuyo valor reside tanto en las relaciones entre los edificios como en los propios edificios.
Es en este rico contexto histórico, urbano y social donde se sitúa la Rue Pavée. El proyecto se encuentra en un barrio que ha evolucionado del palacio aristocrático al taller, de la vivienda popular al espacio comunitario y, posteriormente, del sector histórico protegido a una ciudad patrimonial globalizada. Esta superposición de estados sucesivos confiere al lugar su carácter singular: se trata menos de una pieza arquitectónica que debe restaurarse que de un fragmento de ciudad que debe interpretarse. Intervenir aquí implica, por tanto, adoptar una posición dentro de un tejido urbano cuyo valor reside precisamente en la acumulación de sus transformaciones, la permanencia de su trazado y la capacidad de sus edificios para albergar nuevos usos sin borrar las memorias que contienen.
Una fachada discreta
La Rue Pavée, una estrecha vía del Marais que conecta la Rue des Francs-Bourgeois con la Rue des Rosiers, forma parte del paisaje denso y pétreo del antiguo París, donde la profundidad de la historia suele permanecer invisible desde el espacio público. Caracterizada desde hace tiempo por parcelas profundas organizadas en torno a patios y jardines, la calle conserva todavía la escala estrecha y casi vertical heredada de su tejido medieval.
El emplazamiento se encuentra dentro de un área configurada por las sucesivas transformaciones del Marais: un antiguo barrio aristocrático que gradualmente se convirtió en un distrito artesanal, después en un barrio obrero y, finalmente, en un sector patrimonial.
Frente al emplazamiento se encuentra la sinagoga de la Rue Pavée, construida en 1913 por Hector Guimard para la comunidad judía ortodoxa asquenazí que había emigrado desde Europa del Este a comienzos del siglo XX. Construida sobre una parcela extremadamente estrecha —de apenas doce metros de ancho—, la sinagoga presenta una fachada vertical y ondulante que refleja las singulares condiciones espaciales del interior del Marais: densidad, espacios confinados y superposición de usos.
Historia del emplazamiento
El lugar conserva vestigios del antiguo Hôtel de Lorraine, que fue dividido gradualmente y transformado en una sucesión de palacetes privados: el Hôtel de Savoisy, el Hôtel Desmarets y, finalmente, el Hôtel d’Herbouville. Algunos elementos constructivos antiguos todavía permanecen visibles en los edificios existentes: sótanos medievales, muros de gran espesor, estructuras de cubierta, plantas irregulares y decoraciones pictóricas atraviesan silenciosamente los distintos periodos de construcción.
Durante los siglos XVII y XVIII, los edificios fueron objeto de importantes reformas. El número 13 fue reconstruido en 1737 por Jean Hardouin-Mansart de Jouy y transformado algunas décadas después por Jacques Gondouin. El número 11, por su parte, conserva una parte significativa de las estructuras del antiguo Hôtel Desmarets. Sin embargo, el conjunto nunca permaneció estático.
A partir del siglo XIX, el interior de las manzanas fue densificándose progresivamente: talleres, estructuras acristaladas, cobertizos, almacenes y edificios auxiliares ocuparon los espacios abiertos. La llegada de las fábricas Darrasse en 1891 incorporó una nueva capa industrial, compuesta por estructuras metálicas y edificios de ladrillo y hierro adosados a los palacetes históricos.
El lugar se presenta así menos como un monumento aislado que como un fragmento condensado de la propia historia del Marais: un conjunto donde todavía coexisten las huellas del palacio aristocrático, el taller industrial, el edificio administrativo y el denso tejido de patios interiores parisinos.
Transformación
La Rue Pavée es el resultado de varios siglos de adaptaciones sucesivas. Los palacetes no se presentan como estructuras intactas, sino como edificios que ya han sido transformados, ampliados, divididos y reocupados. A su fábrica original se añadieron construcciones secundarias, nuevas distribuciones, talleres, cubiertas acristaladas, ampliaciones técnicas y, posteriormente, estructuras metálicas vinculadas a las actividades industriales. Por tanto, el emplazamiento no se muestra como un estado original que deba recuperarse, sino como una historia configurada mediante modificaciones, desplazamientos y reinterpretaciones.
Esta premisa constituye la base del planteamiento del proyecto. El objetivo no es recrear una imagen histórica perdida ni reducir el conjunto a una unidad estilística artificial, sino comprender cómo este fragmento del Marais ha ido tomando forma a lo largo del tiempo. Aquí, el patrimonio no se concibe como una entidad estática cuya apariencia debe conservarse, sino como una estructura viva capaz de seguir organizando usos, circulaciones, vistas y relaciones entre los espacios.
Esta posición encuentra una resonancia particular en el pensamiento de Gustavo Giovannoni. Al ampliar el concepto de conservación desde los monumentos aislados hacia el tejido urbano, Giovannoni invita a comprender los centros históricos como redes de relaciones: calles, patios, pasajes, edificios secundarios, espacios abiertos, continuidades visuales y profundidades construidas. Su concepto de diradamento no alude a la restauración en sentido estricto, sino a una manera de intervenir en la ciudad histórica mediante un esponjamiento mesurado, una liberación selectiva y una rearticulación gradual. El propósito no es borrar para reconstruir, sino devolver legibilidad y funcionalidad al tejido histórico.
La Rue Pavée sigue esta lógica. El proyecto no se centra únicamente en los palacetes privados, sino que explora toda la red de relaciones desarrollada entre pórticos, patios, edificios industriales, sótanos y el interior profundo de la manzana. Algunas estructuras se eliminan cuando bloquean la entrada de luz, obstaculizan los recorridos o dificultan la comprensión del lugar. Otras se conservan, no por nostalgia, sino porque dan testimonio de una etapa fundamental en la evolución del conjunto. El valor del lugar reside así menos en la supuesta pureza de cada una de sus partes que en la inteligencia con la que estas se articulan.
Esta interpretación también coincide con la visión de Aldo Rossi, para quien la ciudad no es una colección de objetos aislados, sino una estructura de lenta evolución, compuesta por continuidades y transformaciones. Las formas urbanas suelen sobrevivir a los usos que les dieron origen: cambian de función, acogen nuevas poblaciones y absorben diferentes temporalidades, al mismo tiempo que continúan portando una memoria colectiva. Desde esta perspectiva, la Rue Pavée no es únicamente un proyecto de conservación patrimonial, sino un fragmento urbano cuyas distintas vidas permanecen inscritas en el tejido construido.
El lugar ha albergado sucesivamente usos aristocráticos, residenciales, artesanales, industriales, administrativos y contemporáneos. El proyecto no pretende señalar ninguno de estos periodos como más auténtico que los demás. Por el contrario, reconoce que cada uno de ellos ha contribuido a configurar la realidad física del conjunto. La fachada reinterpretada del antiguo edificio industrial, los recorridos reorganizados, los patios reabiertos y los nuevos accesos a los sótanos no se oponen a lo existente, sino que incorporan una nueva capa a una historia ya marcada por las adiciones y las adaptaciones.
En este contexto, «transformar» no significa «sustituir». Significa mantener vivo un conjunto que nunca ha dejado de evolucionar. Conservar la Rue Pavée no implica congelar sus formas en el tiempo, sino prolongar su capacidad para acoger nuevos usos sin borrar las huellas de lo anterior. Desde esta perspectiva, la transformación no es lo contrario de la conservación, sino que se convierte en una de sus condiciones necesarias.
Uno de los principales desafíos del proyecto consiste en recuperar la entrada de luz, las vistas en profundidad y la continuidad de las circulaciones dentro de un conjunto que se ha densificado progresivamente a lo largo de los siglos.
Los recorridos se han reorganizado y las diferencias de nivel se utilizan como recursos espaciales, en lugar de entenderse como limitaciones. Las nuevas fachadas del patio prolongan este planteamiento: su diseño ligero y repetitivo funciona menos como un elemento autónomo que como un mecanismo capaz de difundir luz y profundidad por el interior de la manzana.