El edificio de viviendas desarrollado por Lacol es un proyecto con un volumen compacto que fomenta la relación con su entorno. Para ello, se ha creado un pasaje que conecta la plaza del Hospital con el futuro equipamiento de La Anónima. Complementariamente, se ha realizado un acabado enlucido que dialoga con el entorno, y los huecos de fachada se han diseñado para mantener la continuidad compositiva con los edificios existentes.
El edificio está organizado en torno a un atrio central en el que se desarrollan todos sus espacios comunitarios, distribuidos en sus cinco plantas. Dispone de un patio en planta baja y un jardín con terraza exterior en la planta más alta. Otro importante espacio común son las cocinas, situadas en el corazón del edificio y que marcan la transición entre los espacios privados y comunitarios.
Se ha empleado una estructura de pilares y losas de hormigón, y un cerramiento de hoja cerámica en la fachada con aislamiento térmico en su cara exterior. El atrio, además, cumple una función bioclimática, con capacidad de captación o protección solar según la época del año. También se han incorporado placas fotovoltaicas y un sistema de aerotermia con suelo radiante.

La Raval por Lacol. Fotografía por Adrià Goula.
Descripción del proyecto por Lacol
La Raval es una cooperativa de vivienda en cesión de uso impulsada por sus propias socias con el acompañamiento en la promoción de La Dinamo. El proyecto se desarrolla en suelo municipal cedido tras ganar un concurso promovido por el Ayuntamiento de Manresa y se convierte en un proyecto pionero en la ciudad, impulsando este nuevo modelo centrado en el grupo humano, la propiedad cooperativa y la no especulación de la vivienda. Conceptos que deben reflejarse en la arquitectura. Lacol acompaña al grupo desde 2016, diseñando de manera participativa la propuesta ganadora en la fase de concurso y, posteriormente, desarrollando el proyecto técnico, la dirección de obra y la gestión de la construcción (construction manager).
El solar de La Raval se ubica en el centro histórico de la ciudad, una zona con un alto nivel de viviendas vacías y en malas condiciones de habitabilidad. Es una oportunidad para reivindicar la necesidad de devolver la vida al centro de la ciudad, fortalecer los lazos con la comunidad y contribuir a su revitalización. Para poder construir en el solar, fue necesario redactar el Plan de Mejora Urbana, en el que se ha trabajado la volumetría compacta y la interrelación con el espacio público, creando un pasaje que conecta la plaza del Hospital con el futuro equipamiento de La Anónima. La fachada, de acabado enlucido y con aperturas verticales, busca dar continuidad a las construcciones existentes.
El programa de vivienda se complementa con espacios comunitarios distribuidos entre la planta baja, la primera y la quinta, potenciando la idea de «casa grande». Todo el edificio se organiza alrededor de un pequeño atrio central, un espacio de referencia para la vida comunitaria. Desde el acceso de la calle se puede ver cómo el patio llega a la planta baja y asciende acompañado de la escalera abierta y las amplias circulaciones hasta la cubierta, donde el cerramiento ofrece un jardín de invierno con salida directa a una terraza exterior con vistas a La Seu y Montserrat.
Las cocinas de las viviendas son la pieza que marca la transición entre la vida comunitaria y la privada. No están en el centro de las viviendas privadas, sino que se sitúan directamente en el corazón de todo el edificio. Ubicadas en el acceso y con una apertura hacia el patio, inician una secuencia de espacios que organiza la distribución de la vivienda, maximizando las diagonales para ganar amplitud a pesar de las dimensiones contenidas de las estancias.
El edificio ha enfrentado el reto de ser construido en un momento de precios de construcción muy elevados, con un plan económico muy ajustado. Se optó por una construcción convencional con estructura de pilares y losas de hormigón, y cerramiento de hoja cerámica en la fachada. Los materiales quedan a la vista en el interior, evitando capas innecesarias, y serán las usuarias quienes decidan pintarlos o modificar sus acabados. El edificio se protege con un buen aislamiento exterior continuo de mortero de cal y corcho proyectado. En este ejercicio de reducción, no se ha querido renunciar al confort, logrando un buen funcionamiento pasivo y aprovechando al máximo la inercia térmica que aporta el sistema estructural y constructivo. El atrio desempeña un papel clave, convirtiendo el patio en un espacio intermedio y bioclimático con capacidad de captación o protección solar según la época del año.
El edificio se equipa con placas fotovoltaicas y aerotermia con suelo radiante. En conjunto, obtiene una etiqueta energética A con 0 emisiones de CO₂.