La organización del edificio ideado por ATELIER ARS parte de la reinterpretación de la cubierta industrial de diente de sierra, que articula la gran nave de envasado y favorece la entrada de luz natural controlada. Hacia el oriente se dispone una crujía destinada a oficinas y laboratorios, vinculada a un sistema de taludes interiores y a un pórtico longitudinal que conecta peatonalmente el edificio con el resto del complejo.
La propuesta constructiva combina sistemas industriales con técnicas y materiales tradicionales de la región. La estructura metálica sostiene una cubierta revestida con piezas cerámicas que, junto con los muros de carga, los contrafuertes de ladrillo y referencias a la bóveda catalana, conforman una arquitectura híbrida entre tradición y contemporaneidad.
En el interior, el vidrio artesanal tamiza la luz natural, generando una atmósfera suave y evocadora para los espacios destinados al almacenamiento y envasado de destilados.

Nave de envasado y oficinas para Clase Azul por ATELIER ARS. Fotografía por César Béjar.
Descripción del proyecto por ATELIER ARS
Nave de envasado y oficinas para Clase Azul.
Cuando se nos hizo el encargo para un almacén con oficinas para una empresa tequilera, y después de visitar el sitio -un típico paisaje mexicano de origen volcánico- pensamos que el edificio, a pesar de su escala, podía disminuir su presencia para relacionarse mejor con el paisaje circundante encontrado. Por esa razón, decidimos enterrar parte del edificio mediante una gran excavación -una operación típica del land art- para, en relación con la topografía original, producir una gran plataforma donde el edificio pudiera emplazarse. Al tratarse de una arquitectura de producción, decidimos utilizar una forma clásica de lo industrial -la cubierta diente de sierra- misma que fue resuelta con estructura metálica y diferentes tipos de piezas cerámicas tradicionales. De esa manera, el edificio se presenta como un híbrido que relaciona elementos regionales como la bóveda catalana, los muros de carga y los contrafuertes de ladrillo, con formas típicas de lo industrial como las armaduras, las columnas metálicas y los grandes acristalamientos en el interior de la nave.
Desde el oriente, el edificio se manifiesta como un «horizonte cerámico», debido a que su cubierta revestida con elementos de barro se entrega contra la cota natural del terreno, produciendo una relación topográfica con el sitio, difuminando así los límites entre arquitectura y paisaje. Esta idea se ve reforzada, por el hecho de que la cubierta misma, al recolectar el agua de lluvia y conducirla hacia los jardines de infiltración dispuestos a su alrededor, hace partícipe al edificio de la infraestructura ecológica que también se ha diseñado a nivel de plan maestro. Para las fachadas norte, sur y poniente, se propuso una gramática descrita por contrafuertes, muros de carga y las cubiertas diente de sierra. El uso de elementos cerámicos típicos de la región y de piedra producto de excavación del sitio, además de derramar económicamente en la zona y de contribuir a perpetuar el uso de saberes tradicionales, da cuenta de una construcción ritualizada propia de nuestra tradición, que, además, hace visible el sustrato mineral de la región.
El espacio interior de la nave, a través del diente de sierra, permite la entrada de una luz suavizada por el uso de vidrio artesanal, que además de controlar la intensidad de la luz natural, produce una atmósfera etérea propia de los almacenes de destilados. La crujía que se encuentra al oriente de la nave y que contiene las oficinas y los laboratorios, goza de una relación particular con el sistema de taludes interiores, y de la misma manera, aloja un pórtico longitudinal que funciona como conexión peatonal del edificio con el resto del conjunto. De esta manera, además de contener áreas de producción y de trabajo, el edificio también logra integrarse en la vida diaria de las personas.