Para «Cuattro Casa de Café», Faci Leboreiro utiliza los árboles originales como eje estructurante de la propuesta, determinando la apertura de la losa de la terraza y el pasillo central al aire libre que separa los volúmenes principales, proporcionando ventilación cruzada, luz natural y una secuencia de vistas que crean un túnel mágico.
Este proyecto, que invita a la pausa, está construido con hormigón, madera nativa y grava gris en áreas permeables, respetando el terreno natural y facilitando la infiltración del agua. En el interior se utilizan piezas de fabricación local, como lámparas de arcilla, cerámica artesanal y muebles de madera.

«Cuattro Casa de Café» por Faci Leboreiro. Fotografía por Rafael Gamo.
Descripción del proyecto por Faci Leboreiro
Pausa.
El tiempo se detiene, como un oasis suspendido entre el mar y la selva. La arquitectura y el espacio contienen el tiempo y crean su propio microcosmos.
El proyecto aparece entre la vegetación. Al llegar al pasillo central —eje rector— el ritmo cambia: se desacelera, se suspende por instantes. Las cartelas de concreto, en su repetición precisa, acompañadas por la luz y las sombras de los árboles, construyen un recorrido casi cinematográfico. La velocidad se transforma; se vuelve más dinámica. Invita a descubrir, con emoción, lo que resguarda en su interior este túnel mágico. Un espacio que inspira a recorrer, a correr, a brincar sobre las huellas, a sentir la grava bajo los pies y a comprender que esta pieza escultórica es más profunda de lo que aparenta.
La contención y serenidad del eje principal se despliegan hacia el interior, dando origen a dos cuerpos laterales: espacios habitables, llenos de vida, arquitectura e interiorismo. En un costado, la cafetería y la cocina —corazón del proyecto— junto al área de comensales. Del otro lado, la panadería y la tienda de artesanías mexicanas. Lugares de encuentro para compartir memorias, risas, llanto y celebraciones; para disfrutar una taza de café con una galleta y sentir el paso del día a través del diálogo entre interior y exterior, entre el espacio vivo y la pausa.
Uno de los cuerpos arquitectónicos se abre al final en un vacío que funciona como terraza, respetando al gran árbol que se convierte en ancla de este gesto volumétrico.
Los dos cuerpos laterales están desfasados; sus losas juegan entre sí, generando distintas composiciones geométricas que parecen flotar. En ciertas perspectivas casi se tocan, creando un abrazo sutil entre las formas.
El volumen de remate del pasillo alberga el área de baños y establece el límite construido del terreno. Más allá, la intención es clara: un espacio libre de muros, lúdico, entre vegetación, rocas, sol y sombra. Un territorio abierto con un cuerpo de oficinas al fondo, rodeado de recorridos relajados que invitan a la contemplación.
Cuattro, Troncones, es un proyecto que ancla, pero vuela.
Que corre y camina.
Que acelera el corazón y, al mismo tiempo, da resguardo y cobijo.
Un proyecto que comparte y da vida.
Pero, sobre todo, entre sus volumetrías y ritmos, se esconde su regalo más mágico:
La pausa.