La propuesta de Gustavo Penna Arquitetos Associados (GPA&A) organiza un recorrido secuencial para integrar la memoria y el duelo en el programa planteado por la arquitectura y el nuevo paisaje. Un pabellón de acceso de geometría quebrada alberga el espacio de reflexión, vinculado a un anfiteatro exterior, una cafetería, aseos y áreas de oficinas. Desde esta zona surge una hendidura excavada de 230 metros de largo que pasa bajo una gran pieza escultórica suspendida, hasta terminar en el mirador y el lago. El conjunto se completa con 272 árboles ipês amarillos y una red de senderos que prolongan el recorrido hacia zonas complementarias de reflexión y recogimiento.

Memorial de Brumadinho por Gustavo Penna Arquitetos Associados. Fotografía por Pedro Mascaro.
El conjunto se construye con hormigón armado visto, mezclado con tierra roja, incorporando, en algunos paramentos interiores, piezas metálicas recuperadas de los restos del desastre. La entrada se ilumina mediante estrechas aberturas en cubierta, mientras que el recorrido principal se resuelve con un corredor a modo de trinchera excavada entre muros desnudos.
El espacio de memoria introduce planos inclinados en paredes, suelo y techo para recibir proyecciones, y sobre el recorrido se suspende una gran pieza metálica pintada de blanco. De ella cae el agua como una prolongación de la imagen del llanto, formando un velo sobre los muros de hormigón; después se recoge en dos canales laterales que acompañan el tramo final del recorrido hasta el mirador, donde se incorpora a una lámina de agua que desemboca en el lago, situado tres metros por debajo.

Memorial de Brumadinho por Gustavo Penna Arquitetos Associados. Fotografía por Jomar Braganca.
Descripción del proyecto por Gustavo Penna Arquitetos Associados
Nuestra tarea, ante la realidad del dolor de las familias, nos sitúa en una posición de profunda humildad.
La voz, la única voz, es la de los testigos. El relato pertenece a quienes ya no pueden hablar y a quienes permanecen en el duelo. No existe consuelo que pueda materializarse en estas circunstancias.
Nos resistimos al borrado del tiempo y de la historia. Que tragedias como esta no vuelvan a suceder. Este espacio permitirá una experiencia sensible, individual y compartida, con personas que viven en un estado de suspensión y sufrimiento, dando voz y forma a aquello que no hemos olvidado.
Tenemos el desafío de dar forma a un espacio sólido que pueda servir de refugio, que impida olvidar la brutalidad de la tragedia y que, al mismo tiempo, proporcione un entorno adecuado para el duelo privado y colectivo. Es necesario trabajar con significados profundos que susciten la reflexión.
Este es, por tanto, nuestro limitado esfuerzo por honrar la memoria de personas de valor incalculable cuyas vidas y sueños fueron interrumpidos abruptamente. Deseamos que estos símbolos tengan una fuerza que vaya más allá del mero gesto y se conviertan en testimonios imborrables.
EL PROYECTO
El ipê, árbol símbolo de Brasil, aparece como ejemplo de superación. En verano se cubre de hojas para proporcionar sombra; en invierno, estas hojas caen para dejar pasar la luz del sol; y cuando aprieta la sequía, florece para demostrar que, a pesar de todo, la vida continúa.
Durante el breve periodo en que están en flor, los ipês teñirán el suelo de pétalos dorados, como huellas dejadas por quienes se fueron. Serán una manifestación, un homenaje a la memoria de las víctimas. Al florecer, contrastan con los tonos terrosos de la minería, introduciendo la idea de vida.
Integrados en la arboleda original, se plantarán 272 ipês amarillos, para que cada grito pueda ser escuchado. Una procesión de esperanza que acoge a las personas, los caminos y los espacios.
LA ENTRADA / EL IMPACTO
La entrada del memorial revela desde el primer momento su misión. Acoge a los visitantes y nos invita a reflexionar: ¿cuántos errores brutales hacen falta para provocar un desastre?
La forma de este pabellón está retorcida y fragmentada, como los sueños que fueron destruidos, pero que permanecen como testimonio sólido de lo sucedido, de la invasión del lodo que destruye, desfigura y distorsiona la luz. Representa el conflicto de una masa de tierra en movimiento, una fuerza devastadora frente a la insuficiencia humana.
Su materialidad se resuelve mediante hormigón visto mezclado con tierra roja. En el hormigón del interior se incorporan algunas piezas metálicas recuperadas de los escombros, testimonios procedentes directamente del desastre que ahora adquieren un nuevo significado, proporcionando sombra y protección.
Este espacio crea una atmósfera de solemnidad que aparta al visitante del mundo cotidiano y lo enfrenta al testimonio innegable de la realidad de lo sucedido.
Al entrar, la sala está oscura. En el techo solo aparecen estrechas hendiduras de luz, como si la ola golpeara el edificio y apagara el sol. Son experiencias y sensaciones que preparan al visitante para lo que vendrá después. Es necesario atravesar esta inmersión antes de entrar en el memorial.
La oscuridad habla de aquel lodo que, incluso antes de llegar con su impacto devastador, levantó una densa nube de polvo que ocultó el sol y convirtió el día en noche. La primera percepción de la desesperación fue precisamente esa ausencia de luz. Los puntos luminosos, en contraste entre luz y oscuridad, hablan del día que no llegó a amanecer, pero también evocan la creencia de que todavía podía existir un camino posible.
La paradoja continúa cuando, en medio del caos, aparecen manos solidarias que se unen para aliviar el dolor: bomberos, voluntarios y tantos otros brasileños.
Cada 25 de enero, exactamente a las 12:28, el rayo de luz que aquel día no llegó atravesará el espacio e iluminará una drusa de cristales, un conjunto de joyas configuradas por la naturaleza. Las joyas de las familias recibirán así la luz que faltó aquel día.
El vestíbulo también sirve para conectar distintas funciones del programa. En el lado suroeste se sitúa el espacio de meditación y contemplación.
Memorial de Brumadinho por Gustavo Penna Arquitetos Associados. Fotografía por Pedro Mascaro.
Este espacio se configura como una gran sala diáfana de altura variable, abierta al jardín, cuyas actividades pueden prolongarse hacia un anfiteatro exterior. Todo el pabellón de entrada se sitúa inmediatamente antes de la pendiente existente en el frente sureste de la parcela.
En el lado noreste se encuentran la cafetería, un núcleo de aseos y las áreas de Dirección, Gestión y Administración.
Tanto el espacio de meditación como la cafetería cuentan con zonas exteriores protegidas, pero abiertas visualmente hacia los árboles, integrándose en el resguardo generado por la propia topografía. Desde este respiro verde, esta antesala al aire libre, el visitante es conducido hacia un sendero que se introduce en el terreno.
Desde este respiro verde, este espacio de estancia que funciona como antesala al aire libre, el visitante accede a un camino integrado en el terreno. Desde allí comienza el recorrido de recuerdo y memoria.