La propuesta planteada por JAAS propone una configuración honesta y didáctica: el edificio adopta una imagen exterior clara y serena, que celebra la coexistencia entre lo «viejo» y lo «nuevo». La apertura del complejo hacia la ciudad se refuerza a través del chaflán situado en la calle Jacint Verdaguer, donde la portalada histórica se consolida como acceso principal y permite recuperar el pasaje interior como elemento vertebrador del conjunto.
El nuevo programa incluye una escuela de restauración, un centro de formación en panadería, una incubadora de start-ups y un espacio de apoyo social conocido como el Rincón Solidario. A su vez, se recuperan tanto las fachadas que habían quedado ocultas tras sucesivas transformaciones como los espacios abiertos originales que habían sido cerrados. De este modo, la propuesta reivindica el papel de los patios como elementos articuladores entre las distintas naves, devolviéndoles protagonismo dentro del conjunto. Estos espacios se potencian mediante la incorporación de estructuras ligeras y porosas, tipo invernadero, que asumen un papel activo en la regulación climática del complejo.
Estructuras ligeras y permeables, en forma de invernaderos, se disponen entre las cuatro naves originales configurando nuevos atrios. Estos volúmenes contrastan intencionalmente con el carácter tectónico y masivo propio de las construcciones en ladrillo, estableciendo una relación equilibrada y complementaria entre las distintas capas arquitectónicas. La propuesta parte de la conciencia sobre la temporalidad de los usos interiores, apostando por un sistema constructivo de montaje ágil y preciso que pone en valor el patrimonio industrial, recupera la morfología original del antiguo vapor y se adapta con flexibilidad a las exigencias contemporáneas.

Descripción del proyecto por JAAS
Reprogramando el Patrimonio: de Fábrica Textil a Campus Cívico
El recinto industrial de Sallarès Deu, situado en la ciudad de Sabadell, constituye un ejemplo paradigmático de un modelo histórico de implantación económica en el territorio del Vallès, vinculado al desarrollo de los vapores textiles. De manera análoga a otros grandes conjuntos fabriles del municipio, la progresiva terciarización de la economía ha afectado a este recinto, que se encuentra hoy inmerso en un cambio de paradigma orientado a la reprogramación de los antiguos espacios productivos como nuevos equipamientos estratégicos para el territorio.
Como es habitual en edificios industriales de esta naturaleza, las necesidades operativas, los cambios de titularidad y la incorporación de nuevas soluciones tecnológicas han condicionado la evolución y transformación de su configuración original.
La propuesta para la rehabilitación del recinto tiene como objetivo principal la incorporación de nuevos usos de carácter ciudadano, como una escuela de restauración, un centro de formación en panadería, una incubadora de start-ups y un espacio de apoyo social conocido como el Rincón Solidario. Este programa se resuelve mediante una triple estrategia de intervención que pone en valor los atributos patrimoniales esenciales del conjunto de Sallarès Deu, entre los que destacan la claridad en la ordenación espacial y la coherencia tipológica de su estructura original.
Por un lado, se propone la restauración de la configuración original de los espacios abiertos y cerrados del recinto industrial. Esta operación permite recuperar las fachadas ocultas por las transformaciones sucesivas a lo largo del tiempo y reivindica el papel de los patios como elementos articuladores de la relación entre las diferentes naves. Estos intersticios recuperados se cubren con estructuras ligeras y porosas tipo invernadero, devolviendo a estos espacios su centralidad como lugares de referencia y atribuyéndoles un rol activo en la regulación climática del conjunto construido.
A su vez, la propuesta incide en la preservación de la idea de recinto como unidad estructurante. La apertura del complejo a la ciudad se mantiene a través del chaflán situado en la calle Jacint Verdaguer, donde la portalada histórica se convierte en acceso principal y permite la recuperación del pasaje interior como elemento vertebrador del conjunto, al tiempo que garantiza la funcionalidad logística de los edificios. Para facilitar la gestión del recinto y asegurar la independencia horaria en el uso de los espacios, se prevé que cada nave pueda disponer de un acceso autónomo desde las calles perimetrales.
Una intervención pedagógica
El conjunto adopta una imagen exterior clara y tranquila, que hace explícita su naturaleza híbrida y el diálogo respetuoso entre la arquitectura existente y las nuevas adiciones. El proyecto apuesta por una configuración honesta y didáctica, que celebra la coexistencia entre lo «viejo» y lo «nuevo», favoreciendo la comprensión de la actividad que acoge y facilitando la orientación de los usuarios.
Entre las cuatro naves originales se disponen estructuras ligeras y permeables en forma de invernaderos, que configuran los nuevos atrios. Estos volúmenes contrastan deliberadamente con el carácter tectónico y masivo de las construcciones de ladrillo, estableciendo una relación equilibrada y complementaria entre los distintos lenguajes arquitectónicos. La intervención pone en relieve los valores patrimoniales del conjunto industrial, recuperando la morfología original del antiguo vapor y reforzando la estructura tipológica propia de la isla fabril de los años sesenta, organizada a partir de naves paralelas alrededor de patios centrales.
Implantación del programa, permanencia y temporalidad. Un orden «natural»
La propuesta para la nueva Escuela de Restauración parte de la preservación de la tipología estructural original de la nave, destacando su carácter de gran contenedor, flexible y altamente adaptable. La implantación del programa se resuelve mediante un único elemento de mobiliario arquitectónico de grandes dimensiones que configura las nuevas aulas y organiza funcionalmente el espacio interior sin alterar la estructura original del edificio.
El vestíbulo, de recorrido transversal, canaliza los flujos de circulación en paralelo a las fachadas y conduce a los usuarios hacia el atrio central, vertebrador de la actividad general. El programa funcional se separa de los cerramientos perimetrales, lo que permite una futura modificación o retirada parcial de sus implantaciones, dotando al conjunto de una notable capacidad de adaptación a largo plazo.
En coherencia con esta lógica de evolución abierta, los antiguos patios se cubren para acoger grandes atrios bioclimáticos, que concentran los usos más públicos y abiertos del recinto. Estos espacios intersticiales recuperan su accesibilidad y permeabilidad originales, convirtiéndose en lugares de encuentro e intercambio, al tiempo que contribuyen activamente a la regulación climática de las naves adyacentes.
El acceso principal se sitúa en el centro de la nave orientada a la calle Cellers, donde un gran mostrador de recepción domina visualmente los puntos de ingreso y las circulaciones principales. Este vestíbulo generoso distribuye, a un lado, los accesos a la zona de formación —con talleres de cocina— y, al otro, los accesos a los espacios administrativos y áreas destinadas al profesorado. A través de este espacio de ingreso a doble altura, se accede al atrio principal: un ámbito diáfano y bioclimático configurado con pabellones de madera, capaces de modular el grado de estanqueidad y protección solar según las condiciones estacionales y horarias.
En la planta inferior, el patio actúa como pozo de luz que ilumina generosamente los espacios subterráneos y estructura las circulaciones hacia la sala de actos, los vestuarios del alumnado y el taller de cata y catering, ubicado en una sala singular con bóvedas de gran luz. Este claustro alargado se concibe como un foyer ajardinado con uso de huerto, destinado al cultivo de productos para la propia escuela, estableciendo una conexión directa entre espacio pedagógico, práctica alimentaria y sostenibilidad.
Reversibilidad y Sostenibilidad
La propuesta surge de la conciencia de la temporalidad de los usos interiores, por lo que el proyecto apuesta por un sistema constructivo 100% industrializado basado en paneles de madera contralaminada tipo CLT, de origen renovable. Este sistema, además de garantizar un montaje ágil y preciso, permite su desmontaje total y reaprovechamiento de los componentes, asegurando así la reversibilidad de la intervención y la preservación del patrimonio original ante futuros cambios de uso.
Los grandes atrios del conjunto actúan como dispositivos termodinámicos pasivos que contribuyen a la eficiencia energética del edificio. Durante los meses fríos, estos espacios funcionan como captadores solares que precalientan el aire exterior antes de ser recirculado hacia los sistemas de producción, reduciendo así el diferencial térmico necesario para la calefacción del recinto. En los periodos cálidos, los atrios permanecen abiertos y ventilados, favoreciendo la disipación del calor y aprovechando la inercia térmica proporcionada por la estructura masiva y las plantas subterráneas del recinto. Esta estrategia permite una reducción sustancial de los espacios que requieren climatización activa y, en consecuencia, una disminución significativa de las demandas energéticas del edificio.