Esta obra, realizada por Céleste Boursier-Mougenot y comisariada por Emma Lavigne, busca transformar la Rotonda en un espacio de ensueño, donde un estanque de 18 metros de diámetro lleno de agua refleja el cielo que se ve a través de la cúpula del museo. En él, además, se han colocado cuencos de cerámica blanca de diferentes tamaños que pueden asimilarse a nenúfares o a piedras que sobresalen del agua. Cuencos de cerámica blanca flotan sobre esta superficie azul, generando sonidos melodiosos y encantadores a medida que una ligera corriente los impulsa.
Este peculiar uso de los cuencos consigue, junto al gran estanque, generar una imagen que puede resultar familiar al visitante, al ser relativamente similar a la de un tranquilo estanque escondido en cualquier rincón de un bosque. El artista aprovecha ese imaginario colectivo para generar un espacio semejante, pero lo suficientemente distintivo como para situarse en un limbo entre lo conocido y lo desconocido, generando un ambiente ideal para la introspección.

Clinamen por Céleste Boursier-Mougenot. Fotografía cortesía de Bolsa de Comercio—Colección Pinault.
Otro aspecto que se puede destacar es el notable contraste que genera la obra con el propio espacio en el que se sitúa, siendo algo totalmente inusual encontrar un estanque bajo la cúpula de un edificio del siglo XVII. La confusión y el asombro son la primera reacción del visitante al llegar a la sala, lo que favorece el desarrollo de la atmósfera mencionada.
Los cuencos, además, son arrastrados por una suave corriente de agua, generando así diferentes sonidos armoniosos que no requieren la participación de ningún intérprete. Estos sonidos constituyen el elemento principal de la intervención y generan un ambiente inmersivo que incita a la reflexión.
Esta obra busca formar parte de una tradición en la que el sonido se convierte en un material vivo, suponiendo una ruptura con la concepción general establecida de la música, y en la que se invita al visitante a participar activamente en la experiencia.

Clinamen por Céleste Boursier-Mougenot. Fotografía cortesía de Bolsa de Comercio—Colección Pinault.
El título «Clinamen» proviene de la física epicúrea y se refiere al movimiento aleatorio de los átomos, un concepto que resuena con la naturaleza inevitablemente cambiante e impredecible de la obra. Cada momento de la instalación es único, ofreciendo una experiencia sensorial y temporal en constante renovación.
Indagando en la idea de los límites entre el arte y lo cotidiano, el artista presenta al visitante una situación inusual en la que, a través de elementos cotidianos, se logra crear algo inédito: una sinfonía generada por unos cuencos de porcelana que poco o nada tienen que ver con los instrumentos musicales tradicionales.
De esta manera, la Bolsa de Comercio se convierte en un espacio donde uno puede sumergirse en la escucha y la ensoñación, proporcionando una experiencia única a cada visitante e invitándolo a explorar su propia relación con el tiempo y el sonido. Con esta instalación, Céleste Boursier-Mougenot inicia un sutil diálogo entre la materia, la arquitectura y la presencia humana. Crea un entorno en el que el arte es una experiencia tanto individual como colectiva.

Clinamen por Céleste Boursier-Mougenot. Fotografía cortesía de Bolsa de Comercio—Colección Pinault.
Las vibraciones concéntricas generadas en esta gran superficie azul evocan el deseo de captar el infinito dentro del espacio cerrado del lienzo, un concepto explorado por diferentes artistas como Miró en su trilogía Azul, Mark Rothko al capturar el silencio a través de sus veladuras atmosféricas, y Monet al dotar de una sensación de infinito a un fragmento de un estanque salpicado de nenúfares blancos. Esta obra, sin embargo, no parte de una intención pictórica preexistente, sino que es la culminación de un proceso compositivo que, por sí solo, genera la forma.
Esta manera de concebir el arte guarda una clara relación con la estética del détournement, heredada del Dadaísmo y Fluxus. A nivel sonoro, además, se inspira en el espíritu DIY que recorre toda la escena musical neoyorquina, desde el punk hasta la música experimental.

Clinamen por Céleste Boursier-Mougenot. Fotografía cortesía de Bolsa de Comercio—Colección Pinault.
Es a través de todos estos conceptos y de la reconfiguración de los objetos para transformar su función en una no habitual que el artista consigue generar una experiencia multisensorial nunca antes vista, poseyendo además una fuerte carga simbólica.