El proyecto de 24 viviendas de MBM Arquitectes + 4RQ Arquitectura crea un volumen con dos miradas: compacto hacia el frente urbano y abierto hacia el parque, proponiendo nuevas relaciones sostenibles entre la vida en comunidad y el medio natural. Se liberó la planta baja y se concentraron en este nivel los accesos, los espacios técnicos y los ámbitos colectivos de relación, vinculados al parque y al barrio.
En el corazón del proyecto, un patio o vacío central, abierto y ventilado, asciende desde la planta baja hasta la cubierta, permitiendo que el espacio de la calle penetre en el interior del edificio. Como herramienta proyectual y estructural que organiza la totalidad del conjunto, el patio se convierte en un elemento articulador social, espacial y climático, estableciendo un espacio híbrido entre el interior y el exterior.
En un barrio históricamente alejado del centro urbano por áreas industriales, la propuesta incorpora un amplio aparcamiento de bicicletas, entendido como una infraestructura estratégica que fomenta la movilidad activa y refuerza la conexión cotidiana con la ciudad. Siete viviendas por planta tipo, junto con tres unidades en la planta baja, completan la propuesta.

Vivienda social y espacio colectivo en Igualada por UTE MBM arquitectes + 4RQ arquitectura. Fotografía por Adrià Goula.
Para su ejecución, el edificio apostó por la industrialización y la economía circular. El lenguaje visual del proyecto se construye a partir de una reinterpretación contemporánea del pasado industrial de Igualada. Sistemas en seco, aberturas moduladas, metalisterías fabricadas en taller y grandes piezas de acero cortadas por láser dialogan con una imagen industrial que se equilibra con la calidez que aportan materiales como el OSB reciclado, presente en los espacios comunes, reforzando la condición colectiva y amable del conjunto.
Más allá de responder únicamente a un programa de vivienda pública, el conjunto de 24 viviendas sociales propone una arquitectura capaz de construir ciudad, dinamizar el espacio público y ofrecer una gran calidad doméstica. En una parcela compleja emerge así un edificio concebido como una oportunidad para explorar nuevas relaciones entre vivienda colectiva, espacio público, sostenibilidad y vida comunitaria.

Vivienda social y espacio colectivo en Igualada por UTE MBM arquitectes + 4RQ arquitectura. Fotografía por Adrià Goula.
Descripción del proyecto por UTE MBM Arquitectes y 4RQ Arquitectura
En un solar marcado por condicionantes urbanísticos poco favorables, el edificio de 24 viviendas sociales en el barrio de Les Comes, en Igualada, propone una arquitectura que no se resigna a las limitaciones normativas ni programáticas. El proyecto se concibe como una pieza de transición entre un conjunto residencial existente y un parque urbano adyacente, explorando nuevas relaciones entre vivienda colectiva, espacio público, sostenibilidad y vida comunitaria.
Más allá de resolver un programa residencial, el edificio actúa como infraestructura urbana, capaz de activar el entorno, fomentar la movilidad sostenible y ensayar estrategias de economía circular aplicadas a la vivienda pública.
El volumen completa el frente edificado existente y, al mismo tiempo, se abre hacia el parque, reforzando la continuidad del espacio público. Un patio central abierto y ventilado estructura el conjunto y permite que el espacio urbano penetre en el interior del edificio, ascendiendo visualmente desde la planta baja hasta la cubierta. Este vacío actúa como articulador climático, espacial y social, estableciendo un diálogo directo entre interior y exterior.
La planta baja se libera deliberadamente para convertirse en el verdadero corazón del proyecto. Frente a una organización convencional, se opta por concentrar en este nivel los accesos, los espacios técnicos, las zonas de relación y un gran aparcamiento de bicicletas, configurando un ámbito colectivo vinculado al parque y al barrio. Para hacerlo posible, se replantea la tipología: de las seis viviendas inicialmente previstas por planta se pasa a siete en las plantas tipo, mientras que la planta baja alberga únicamente tres unidades, priorizando el espacio común frente al rendimiento estrictamente cuantitativo.
En este contexto, la bicicleta adquiere un papel protagonista. En un barrio históricamente separado del centro urbano por áreas industriales, el proyecto incorpora un amplio aparcamiento de bicicletas concebido no como un servicio residual, sino como una infraestructura estratégica que fomenta la movilidad activa y refuerza la conexión cotidiana con la ciudad. Hacia el parque, esta pieza actúa como bisagra, filtrando y mediando entre la escala doméstica y el espacio verde.
Las viviendas resultantes son compactas, pero buscan superar las limitaciones dimensionales mediante recursos espaciales precisos. La estrategia de la «esquina destruida» rompe los límites visuales convencionales, amplía las perspectivas interiores y aporta una mayor continuidad espacial, generando viviendas luminosas y flexibles pese a su superficie contenida.
La identidad arquitectónica del edificio se construye a partir de una reinterpretación contemporánea del pasado industrial de Igualada. Metalisterías vistas, sistemas prefabricados y construcción en seco dialogan con una estética tecnológica que remite al imaginario hi-tech de las décadas de 1970 y 1980. Este carácter industrial se equilibra con la calidez doméstica de materiales como el OSB reciclado, presente en los espacios comunes, reforzando la condición colectiva y habitable del conjunto.
La sostenibilidad atraviesa todas las decisiones del proyecto. La reducción de la demanda energética se logra mediante una envolvente de muy bajas transmitancias térmicas, aislamientos de altas prestaciones, protección solar pasiva, carpinterías con vidrios bajo emisivos y ventilación natural cruzada favorecida por el patio central. El edificio prescinde por completo de sistemas térmicos basados en combustibles fósiles.
La cubierta se resuelve como un plano activo: una pérgola fotovoltaica y un gran lucernario central coronan el edificio y definen su silueta, haciendo visible la dimensión energética del proyecto. La instalación alcanza una producción anual de 11.153 kWh, suficiente para cubrir la totalidad del consumo comunitario.
La gestión del agua se aborda desde una lógica circular, incorporando un sistema de reutilización de aguas grises procedentes de duchas y lavadoras para alimentar las cisternas de los inodoros, junto con pavimentos exteriores permeables y una red separativa preparada para futuras estrategias de reutilización de pluviales a escala urbana.
El proceso constructivo apuesta por la industrialización y la economía circular: sistemas en seco, aberturas moduladas, metalisterías fabricadas en taller y grandes piezas de acero cortadas por láser permiten reducir tiempos, minimizar residuos y facilitar futuras adaptaciones. Más del 70 % de los residuos no peligrosos generados se valorizan, reforzando un enfoque responsable del ciclo de vida del edificio.
Lejos de conformarse con resolver un programa de vivienda pública, el proyecto plantea una arquitectura capaz de sumar ciudad, activar el espacio público y ofrecer una alta calidad doméstica. Allí donde había un solar difícil, hoy emerge un edificio que entiende la vivienda social como una oportunidad para construir comunidad, paisaje y sostenibilidad.