Los arquitectos Luis Royon Barea y Andreu Arévalo Llàcer han proyectado Casa Arlo, una vivienda unifamiliar que constituye un ejercicio de síntesis geométrica e integración topográfica en el municipio de Tarragona, Creixell.

Este monolito, asentado sobre un zócalo de hormigón que actúa como huella tectónica, dialoga con la luz mediterránea mediante retranqueos y un exterior blanco inmaculado que funciona como lienzo, interrumpido únicamente por grandes aberturas.

Para el interior de Casa Arlo, Luis Royon Barea y Andreu Arévalo Llàcer proponen un marco reversible y adaptable, con el umbral de entrada en la fachada oeste, donde el terreno presenta menor desnivel. La planta baja, una gran plataforma libre y continua, alberga la cocina minimalista, que se abre al resto de la vivienda a través de una isla central. Rodeando el núcleo central de comunicación vertical, el motor espacial de la casa, un espacio de doble altura que alberga el salón y la biblioteca. La planta superior, permeable, se concibe como «galería».

El carácter de la propuesta reside en su honestidad constructiva, en la que cada elemento muestra su naturaleza. La estructura aérea se resuelve mediante elementos modulares prefabricados de hormigón, lo que permite un montaje en seco y complementa la forma tectónica del sótano, de muros de hormigón armado in situ que actúan como podio. El interior, con una atmósfera de «brutalismo cálido», presenta cerramientos verticales de bloques de termoarcilla vista, que aportan una rugosidad cerámica al conjunto, estableciendo un diálogo con la solidez del hormigón y la calidez del suelo de madera.

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort.

Descripción del proyecto por Luis Royon Barea y Andreu Arévalo Llàcer 

El Asentamiento y la Volumetría: El Prisma y el Paisaje 
Situada en el municipio de Creixell, esta vivienda unifamiliar de 310 m² construidos se manifiesta como un rotundo ejercicio de síntesis geométrica e integración topográfica. El proyecto adopta una volumetría prismática pura que se asienta con sutileza sobre el terreno natural; la cota de la planta baja permanece en el centro de gravedad de la parcela, minimizando el impacto en el perfil original del entorno. Los retranqueos normativos definen la huella de un monolito que dialoga con la luz mediterránea mediante una contundente claridad formal.

Desde el exterior, el blanco inmaculado de la fachada actúa como un lienzo que captura los matices solares a lo largo del día. Esta pureza monolítica se ve interrumpida de forma estratégica por grandes vanos, cuyas generosas carpinterías de madera natural introducen un contrapunto cálido y establecen un diálogo visual directo entre el refugio interior y el entorno natural.

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort
Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort

El asentamiento de la edificación se resuelve mediante un basamento de hormigón, visto que absorbe el desnivel del terreno. Sobre esta huella tectónica, y ocupando la franja libre perimetral, se despliega una zona exterior proyectada para el disfrute pausado. En la esquina opuesta al acceso principal —aprovechando la geometría del solar para gozar de una posición holgada y de una óptima exposición solar— se emplaza una plataforma de deck de madera que integra una piscina de líneas arquitectónicas depuradas. Junto a ella, una pérgola de estructura ligera rematada con cañizo funciona como un filtro bioclimático que tamiza la luz, proyectando un juego dinámico de sombras sobre los cerramientos acristalados.

Lógica Estructural y Sinceridad Material: Arcilla, Hormigón y Madera 
El verdadero carácter de la obra radica en su honestidad constructiva y en una rigurosa hibridación estructural donde cada elemento expresa su naturaleza. El proyecto renuncia a los revestimientos superfluos y al estereotipo de la arquitectura residencial convencional para reinterpretar el lenguaje de la construcción prefabricada, desnudando la «piel» estructural del edificio.

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort
Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort

La práctica totalidad del esqueleto aéreo se resuelve mediante elementos de hormigón prefabricado, un sistema modular que aporta un orden métrico preciso, optimización de medios y una estética industrial depurada. Esta lógica de montaje en seco contrasta y se complementa de forma tectónica con la planta sótano, donde los muros de contención que confinan el terreno se ejecutan mediante hormigón armado in situ. Este subsuelo no solo absorbe los empujes mecánicos del lugar, sino que actúa como un podio técnico destinado al aparcamiento y a centralizar los sistemas de la vivienda.

En el interior, la paleta material es de una austeridad expresiva extrema, creando una atmósfera de «brutalismo cálido» sumamente acogedora. Los cerramientos verticales revelan la desnudez del bloque de termoarcilla visto, una elección que aporta una vibrante riqueza geométrica, calidez cromática en tono terracota y una gran inercia térmica. Esta rugosidad cerámica establece un diálogo en perfecta tensión con el peso visual del hormigón, que se exhibe crudo y sin complejos en los pilares y en la losa del forjado superior, y el confort del pavimento continuo de madera.

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort
Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort

Fluidez Espacial y Articulación en Sección 
El interior de la vivienda se plantea como un marco reversible y adaptable, huyendo de distribuciones estáticas. El acceso principal se ha desplazado estratégicamente hacia la fachada oeste, aprovechando el menor desnivel de la parcela y generando una transición suave y contenida desde la calle.

Al traspasar el umbral, la compresión de los espacios de transición da paso a la expansión total en la zona de día. La planta baja se concibe como una gran plataforma libre y continua donde los usos comunitarios fluyen sin interrupciones físicas. La cocina, resuelta con un minimalismo estricto de frentes blancos lisos y encimeras en acabado de madera, se abre al resto de la vivienda mediante una isla central que fomenta la sociabilidad en todo el eje longitudinal del proyecto.

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort
Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort

Pivotando en torno a un núcleo central de comunicación vertical, encontramos el auténtico motor espacial de la casa: una imponente doble altura que alberga el salón y la biblioteca. Este vacío seccional enlaza las dos plantas principales y no solo magnifica la percepción espacial, sino que actúa como el eje vertebrador de la luz y las vistas cruzadas. Funciona como un regulador térmico y lumínico, inundando la planta baja de luz natural a través de los ventanales superiores. Más allá de la estética, la arquitectura se rige por estrictos criterios pasivos: aprovecha la ventilación cruzada gracias a la disposición opuesta de sus aberturas, y su orientación garantiza un asoleamiento directo idóneo de la sala noble durante el solsticio de invierno (entre las 10 y las 12 horas solares), optimizando las ganancias térmicas.

Circulación y Permeabilidad Visual 
La comunicación vertical se resuelve mediante una escalera de hormigón que, lejos de ser un elemento pesado, se aligera visualmente gracias a su cerramiento: una malla metálica blanca (tipo red) que actúa simultáneamente como elemento de seguridad estructural y como filtro visual que no interrumpe el paso de la luz.

Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort
Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer. Fotografía por Lluís Bort

En la planta superior, la espacialidad se concibe bajo el concepto de «galería». El pasillo de distribución se asoma al vacío del salón a través de grandes acristalamientos con marcos de madera, funcionando como un mirador interior. Esta permeabilidad visual permite que el programa privado (que cuenta con dos habitaciones de estética relajada, tejidos naturales y un pequeño balcón exterior) participe de la magnitud de la doble altura, garantizando que la luz y las vistas crucen la casa de extremo a extremo.

Conclusión 
Esta vivienda es un manifiesto de contención y expresividad. A través de una paleta de materiales reducida y cruda, y de un magistral dominio de las proporciones, el proyecto logra transformar elementos de construcción básicos en acabados de alto valor estético. La experiencia espacial se sostiene sobre la tensión entre el orden estructural y la libertad del habitar, entre la pieza prefabricada y la vivencia singular, creando un hogar que respira calma, luz y pura verdad arquitectónica.

Más información

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Promotor
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Andreu Arévalo Llàcer, Angy López Sánchez.

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Superficie
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310 m².

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Fechas
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2025.

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Localización
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Creixell, Tarragona, España.

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Fotografía
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Luis Royon Barea es arquitecto titulado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Reus en el año 2017, con experiencia en el desarrollo y gestión de proyectos de distintas envergaduras, tanto en el ámbito residencial como comercial y de rehabilitación. A lo largo de su trayectoria profesional ha participado en todas las fases del proyecto arquitectónico, desde la concepción y diseño hasta la dirección y coordinación técnica, ofreciendo soluciones funcionales, eficientes y adaptadas a las necesidades de cada cliente.

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Andreu Arévalo Llàcer es arquitecto por la ETSAR (Universitat Rovira i Virgili) desde el año 2013. Tras iniciarse en el urbanismo y la rehabilitación, consolidó su carrera especializándose en el diseño conceptual y la visualización arquitectónica. Actualmente, desarrolla su práctica en Suiza, colaborando con estudios y constructoras en la conceptualización y definición de proyectos de paisajismo, interiorismo y obra residencial.

Su aproximación al proyecto parte de una convicción inquebrantable: el concepto es el alma de la obra. Para él, el verdadero reto arquitectónico es evitar que esta idea original se diluya ante la complejidad técnica de su materialización. Busca incansablemente una simbiosis donde la idea y las restricciones se nutran mutuamente, concibiendo espacios que median con naturalidad entre el carácter y el pragmatismo, entre la profundidad y la ligereza. 

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Publicado en: 24 de Junio de 2026
Cita:
metalocus, ELVIRA PARÍS FERNÁNDEZ
"Brutalismo cálido. Casa Arlo por Luis Royon Barea + Andreu Arévalo Llàcer" METALOCUS. Accedido el
<https://www.metalocus.es/es/noticias/brutalismo-calido-casa-arlo-por-luis-royon-barea-andreu-arevalo-llacer> ISSN 1139-6415
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