El proyecto realizado por baKpak junto con EOVASTUDIO se configura como una agregación de unidades residenciales que parten de un mismo módulo base de 6 × 8 metros. Todos los apartamentos incorporan amplias terrazas en esquina, vistas diagonales y sistemas de protección solar mediante filtros fijos y correderos. La propuesta se completa con una red de áreas comunes que comprenden la recepción, los espacios de coworking, las salas de reuniones y las áreas de trabajo flexibles, por un lado; y un volumen central de dos niveles que reúne una cocina compartida con comedor, gimnasio, salón social y lavandería, por el otro.
La construcción se resuelve mediante un sistema de muros y forjados de madera contralaminada (CLT de pino radiata), con espesores de entre 10 y 12 cm, que permite levantar las cinco plantas del conjunto reduciendo al mínimo el empleo de hormigón armado, limitado prácticamente a las necesidades de cimentación.
Reconocido entre las obras seleccionadas de la 68.ª edición de los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo, «Oceanika» ha permitido transformar un vacío urbano, aparentemente hostil, en un entorno de gran calidad para quienes habitarán el complejo.

Oceanika Coliving por baKpak + EOVASTUDIO. Fotografía por Javier Callejas.
Descripción del proyecto por baKpak + EOVASTUDIO
Fruto de un concurso convocado por un promotor privado, propietario de la parcela del antiguo hotel «Los Álamos» en Torremolinos, Málaga, nace el proyecto denominado por los inversores como «Oceanika», un edificio de apartamentos y usos comunes (Coliving) con unas premisas iniciales complejas que han condicionado todas las decisiones del proyecto. Ni el lugar, el programa, el sistema constructivo o el plazo de ejecución responden a criterios o procesos de construcción convencionales, aunque sí a la sensibilidad medioambiental y social contemporánea que debería guiar el futuro de la arquitectura.
La parcela del proyecto es realmente un vacío urbano en una zona desestructurada sin fachada directa a espacios públicos, estando delimitada por una carretera nacional, una vía ferroviaria de cercanías, una estación de repostaje y una pequeña zona de accesos a un edificio comercial. Todas estas limitaciones, más allá de constituir un problema a la hora de proyectar, han permitido que la estructura organizativa del edificio se desarrolle libremente buscando las mejores condiciones posibles para cada uno de los espacios, configurando el conjunto edificado como una yuxtaposición de unidades residenciales más que de un edificio rotundo de forma simple y esquemática.
Por otro lado, ampliando el campo de visión, la Sierra de Mijas y el Mar Mediterráneo, pero también el soleamiento, las brisas marinas y las templadas temperaturas del Sur peninsular, han brindado la oportunidad de convertir un lugar aparentemente inhóspito en un entorno privilegiado para los futuros usuarios del edificio.
La construcción se planteó desde el principio como totalmente modular e industrializada. Todo ello junto con los requisitos de levantar más de 15.000 m² en unos 15 meses de obra, con un consumo energético casi nulo y la mínima huella de carbono posible en una construcción de este tipo, enfocó la génesis estructural irrevocablemente hacia un sistema de muros y forjados de madera contralaminada (CLT de pino radiata) de espesores entre 10 y 12cm para levantar las 5 plantas del complejo sin más estructuras de hormigón armado que las estrictamente necesarias para la cimentación del conjunto.
De este modo, el proyecto se dibuja como una agregación orgánica del mismo módulo matriz, un racimo de unidades que se van engarzando a través de un elemento lineal y continuo, el cual, a partir de un sistema de pasarelas de anchura variable que van conectando cada una de estas piezas y atravesando un conjunto de patios ajardinados, permite que el usuario final transite metafórica y figurativamente por un camino suspendido entre árboles frondosos hasta llegar a la puerta que le conduce a su destino privado.
Todos los apartamentos son iguales pero al mismo tiempo diferentes. Todos nacen a partir del mismo módulo matriz de 6x8 metros. Todos tienen amplias terrazas en esquina, visiones diagonales, filtros fijos y correderos para protegerse del sol mientras se consigue intimidad. A su vez, cada nivel varía en la configuración de estas terrazas exteriores mediante un escalonamiento en sección, reduciendo la presencia del volumen en altura simultáneamente a mejorar las condiciones de soleamiento de los espacios exteriores del edificio.
Además de los 180 apartamentos que componen el proyecto, un conjunto de zonas comunes se concentran mayoritariamente en dos partes del edificio: la entrada principal al complejo donde se ubica la recepción y un coworking con salas de reuniones y espacios polivalentes de trabajo, por un lado, y por otro el módulo central de dos plantas que alberga la cocina comunitaria con comedor, un gimnasio, un salón social y una lavandería.
La construcción se acerca todo lo posible al límite norte de la parcela, dejando hacia el sur el espacio abierto y ajardinado con mayor riqueza y complejidad visual, casi como un oasis para los sentidos donde disfrutar del frescor del agua, la vegetación y el aprovechamiento máximo de la luz solar. Para potenciar este efecto, se inserta una vegetación alta y densa en el perímetro de la parcela que aísle visualmente los espacios abiertos de los puntos conflictivos del entorno. Las zonas exteriores contarán con zonas verdes de matorral mediterráneo, una piscina orgánica, parque infantil y zonas pergoladas para la creación de espacios exteriores sombreados.