La propuesta de Bloqe Arquitectura se inspira en una reinterpretación contemporánea de la arquitectura mexicana. La composición de los volúmenes, el tratamiento de la sombra, la secuencia de umbrales y el uso de texturas evocan principios de la arquitectura moderna y brutalista, reinterpretados desde un lenguaje que se distancia de una reproducción literal.
El sistema constructivo se resuelve principalmente mediante muros portantes de hormigón visto, ejecutados con cimbra fenólica, que integran funciones estructurales, de cerramiento y de acabado. Esta estrategia reduce la presencia de columnas en el interior de las viviendas y hace visible la lógica constructiva del edificio. La materialidad se completa con mármol travertino, en basamentos, balcones y jardineras; y una serie de herrerías en tonos rojo ocre que aportan ritmo y profundidad a la fachada. Las carpinterías de roble y encino empleadas aportan calidez, contrastando con la solidez del hormigón.
La relación con la ciudad comienza en la fachada, que sustituye la condición inactiva del antiguo estacionamiento por una secuencia de balcones, jardineras y planos superpuestos. La incorporación de patios, terrazas y espacios comunes prolongan el vínculo entre las viviendas y el exterior. Mediante estrategias pasivas como la ventilación cruzada, el control solar y la incorporación de áreas verdes, Guanajuato 194 propone una forma de habitar que combina eficiencia, calidad espacial y compromiso con el entorno urbano.

Guanajuato 194 por Bloqe Arquitectura. Fotografía por Rafael Gamo.
Descripción del proyecto por Bloqe Arquitectura
Guanajuato 194 es un proyecto de vivienda multifamiliar ubicado en la Ciudad de México, dentro de un contexto urbano consolidado donde la densidad, la escala barrial y la vida interior conviven de manera constante. La obra ocupa un terreno angosto y profundo que anteriormente funcionaba como estacionamiento. Esta condición permitió transformar un espacio subutilizado en una pieza habitacional capaz de aportar valor arquitectónico, urbano y humano a su entorno inmediato.
El principal desafío consistió en desarrollar vivienda colectiva de calidad dentro de una geometría longitudinal, evitando que la profundidad del predio produjera espacios oscuros, dependientes de ventilación mecánica o desvinculados del paisaje. El proyecto debía alcanzar una eficiencia económica y normativa adecuada para su viabilidad, sin reducir la arquitectura a un ejercicio de metros vendibles. La respuesta articula desarrollo, diseño, construcción y comercialización dentro de un mismo proceso, alineando las decisiones técnicas y financieras con la intención espacial del edificio.
La arquitectura se organiza en tres bloques habitacionales vinculados por patios, terrazas y circulaciones verticales. Esta fragmentación responde a la forma alargada del terreno y distribuye de manera equilibrada las condiciones de habitabilidad. Los departamentos orientados hacia la calle establecen una relación directa con el movimiento urbano, mientras que las unidades interiores se abren hacia vacíos ajardinados que proporcionan luz, ventilación, privacidad y vistas. Cada vivienda encuentra una forma específica de relacionarse con el exterior, evitando jerarquías entre las unidades situadas al frente, al centro o al fondo del conjunto.
La inserción urbana comienza desde la fachada. El edificio reemplaza la condición inactiva del estacionamiento por un frente construido con mayor presencia arquitectónica, vegetación hacia la banqueta y una relación más definida con el espacio público. Balcones, jardineras, planos de concreto, mármol travertino y herrerías en rojo ocre construyen profundidad y ritmo, al tiempo que controlan las visuales y protegen la privacidad. La obra se abre a la calle sin exponerse por completo. Construye presencia, pero también resguardo.
El acceso prolonga esta secuencia. Una escalinata eleva gradualmente al habitante respecto de la banqueta y conduce hacia un vestíbulo donde el mármol, el agua, la sombra y la proporción del espacio disminuyen la intensidad de la calle. El ingreso se concibe como un umbral que permite pasar del movimiento urbano a una atmósfera más pausada. Esta transición aproxima la experiencia del edificio colectivo a la sensación de entrar a una casa.
Los patios interiores constituyen el núcleo ambiental y espacial del conjunto. Su presencia interrumpe la continuidad construida, separa los bloques, filtra las vistas y organiza las transiciones entre las áreas comunes y las viviendas. La vegetación, el agua y la luz filtrada construyen pequeños microclimas y mantienen una relación cotidiana con el paisaje, incluso en las unidades ubicadas en las zonas más profundas del terreno. Más que vacíos residuales, los patios funcionan como dispositivos de iluminación, ventilación, privacidad y regulación atmosférica.
La estructura responde a la misma búsqueda de integración. El edificio se resuelve principalmente mediante muros portantes de concreto aparente ejecutados con cimbra fenólica, los cuales funcionan como soporte, cerramiento y acabado final. Las losas de vigueta y bovedilla ordenan la construcción por niveles y reducen prácticamente la presencia de columnas dentro de las viviendas. Debido a la existencia superficial de agua en el terreno, se ejecutó un cajón de cimentación sin recurrir a pilas. La lógica constructiva permanece visible y participa directamente en la identidad del proyecto.
La inspiración formal surge de una lectura contemporánea de la arquitectura mexicana. La masa, la sombra, la textura, el color y la secuencia de umbrales recuperan cualidades de la arquitectura moderna y brutalista del país sin reproducirlas de manera literal. El concreto aporta densidad y continuidad. El mármol travertino aparece como basamento, jardinera, balcón y revestimiento. Las herrerías en rojo ocre introducen ritmo y profundidad, mientras la madera de roble y encino incorpora calidez en pisos, lambrines y carpinterías. Los materiales fueron elegidos por su resistencia, su expresividad y su capacidad de envejecer con dignidad.
La vida cotidiana dentro del edificio se construye mediante cambios graduales de escala, luz y materialidad. La experiencia comienza en la intensidad de la calle, continúa por el acceso y se desplaza hacia patios donde el sonido disminuye y la vegetación adquiere mayor presencia. Las viviendas se abren hacia balcones, terrazas o vacíos interiores, ampliando el espacio doméstico y favoreciendo distintas formas de apropiación. La arquitectura fue planteada para una diversidad de habitantes urbanos, con espacios capaces de ofrecer iluminación, ventilación, privacidad y bienestar a lo largo del tiempo.
La sustentabilidad se fundamenta principalmente en estrategias pasivas. La fragmentación del volumen, la orientación de las aperturas, la ventilación cruzada, el control solar y la incorporación de patios con vegetación y agua reducen la dependencia de climatización e iluminación artificial. La recuperación de un predio previamente urbanizado aprovecha infraestructura existente. La durabilidad de los acabados, la integración entre estructura y arquitectura y la reducción de elementos reemplazables forman parte de una visión ambiental de largo plazo.
El impacto de Guanajuato 194 se manifiesta en dos escalas. En la ciudad, activa un terreno subutilizado, construye un frente urbano cuidado e incorpora vegetación hacia la calle. En el ámbito doméstico, ofrece viviendas con identidad, luz, silencio, materiales duraderos, privacidad y contacto con el paisaje. El proyecto demuestra que el desarrollo inmobiliario puede ser rentable sin renunciar a la dignidad espacial, a la calidad material ni a la responsabilidad urbana.
La trascendencia del edificio se encuentra en haber transformado las condiciones del terreno, del mercado y de la normativa en oportunidades arquitectónicas. Estructura, materialidad, programa, sostenibilidad, construcción e impacto urbano funcionan como un mismo sistema. Guanajuato 194 hace ciudad y construye refugio. Demuestra que la vivienda colectiva puede ser eficiente, durable, sensible y socialmente responsable cuando se desarrolla desde la coordinación técnica y desde una comprensión profunda de la vida cotidiana.