La distribución espacial del proyecto realizado por Arquitecturas Afectivas, se organiza en módulos de libre acceso concebidos para despertar interrogantes e incentivar la escucha activa entre comunidades diversas, instituciones y transeúntes.
Su estructura física destaca por un fuerte compromiso ecológico, ya que está construida con muros a base de sacos de semillas. Al concluir su ciclo de vida, la instalación se desarma por completo para que los materiales regresen a la tierra, permitiendo que las semillas se esparzan y germinen en el paisaje, lo que deja una huella viva y un metabolismo material y afectivo en el entorno urbano barcelonés.

La casa del encuentro con el otro por Arquitecturas Afectivas. Fotografía por Adrià Goula.
Descripción del proyecto por Arquitecturas Afectivas
El proyecto parte de una pregunta: ¿Puede la arquitectura facilitar el encuentro entre cuerpos, culturas y narrativas en un mundo marcado por la fragmentación? Frente a este desafío, la instalación abre un espacio afectivo y protegido donde imaginar nuevas maneras de relacionarnos.
La instalación funciona como un dispositivo que articula comunidades, encuentros y territorios. La casa del encuentro con el otro es una arquitectura formada por habitaciones construidas por preguntas. Por lo tanto, habitar la casa significa dejar que esas preguntas pasen un rato en cada participante.
El proyecto crea un espacio donde las personas pueden relacionarse de forma abierta y auténtica. Introduce una arquitectura basada en los afectos, la sensibilidad y la experiencia del cuerpo. A través de diferentes performance, las casa logra nuevas formas de relación en el espacio público y activa procesos de convivencia y escucha entre comunidades diversas. Al mismo tiempo, la casa conecta agentes locales, instituciones y ciudadanía en un gesto común de encuentro/desencuentro.
Durante dos semanas, artistas, pensadores y comunidades ponen en movimiento el espacio, explorando nuevas formas de habitar el encuentro. La Ribot y Jone San Martín pusieron el foco en la percepción y en todo aquello que ocurre antes de que aparezcan las palabras; Payzee Mahmood abrió conversaciones sobre identidad, pertenencia y memoria; mientras que Diego E. Osorno llevó la atención hacia las fronteras; físicas, políticas y emocionales, que atraviesan nuestra vida cotidiana.
En un tiempo marcado por la distancia emocional, la casa ofrece una alternativa: un espacio donde el encuentro vuelve a ser necesario. Porque la alternativa al encuentro, ya la conocemos, y aún más sus consecuencias.
La casa se desarma y los muros de sacos de semilla vuelven a la tierra. Las semillas se esparcen en el territorio donde pueden germinar. El proyecto opera como un dispositivo efímero y circular dejando una huella viva. Un metabolismo afectivo y material en la ciudad de Barcelona.