La vivienda propuesta por Stempel & Tesar architekti genera un espacio fluido, al prescindir por completo de pasillos, lo que mejora el uso de sus 110 m² útiles. El programa se organiza en tres plantas conectadas visualmente gracias a la disposición de medios niveles contrapeados, a los que se accede desde una escalera metálica central. El corazón social de la vivienda está dominado por un comedor central con un techo de triple altura que recibe luz natural desde tres orientaciones.
La estructura de hormigón armado visto en sus muros de carga y techos se completa con una fachada revestida de chapa perfilada de aluminio lacado en blanco en portones y vallados. En su interior, las zonas comunes se componen de madera de nogal macizo en puertas, escaleras y cocinas coronadas por una lujosa encimera de piedra Nero Zimbabwe, mientras que los dormitorios apuestan por la luminosidad minimalista del mobiliario lacado en blanco.

Minimal Maximum por Stempel & Tesar architekti. Fotografía por Filip Šlapal.
Descripción del proyecto por Stempel & Tesar architekti
Esta vivienda familiar minimalista es la casa del propio arquitecto; un manifiesto personal en el que más de dos décadas dedicadas al diseño de arquitectura residencial para terceros se condensan en una respuesta única y altamente concentrada ante un exigente terreno urbano en Praga. Cada centímetro fue fruto de una decisión deliberada, dando lugar a un «máximo minimalista»: una casa sin pasillos, organizada en torno a un espacio central —el comedor— que se eleva cuatro metros y conecta tres plantas mediante un sistema de niveles escalonados.
El terreno, situado entre villas y edificios de apartamentos, parecía tan difícil de edificar que, durante mucho tiempo, no fue más que un solar abandonado con tres garajes oxidados. Con apenas 240 metros cuadrados, la gran proximidad de las construcciones vecinas, la presencia de un cerezo maduro y una vía de tren adyacente, el proyecto supuso todo un desafío para el arquitecto Jan Jakub Tesař a la hora de diseñar un hogar para su propia familia. La libertad creativa absoluta que le brindó su familia conllevó, a su vez, un tipo de responsabilidad diferente.
«El terreno le dio forma, la ambición la impulsó y la responsabilidad la refinó. Construí la casa para nosotros, para toda la familia, pero refleja mi propio ego. Un ego forjado a lo largo de veinticinco años aprendiendo de expertos y construyendo viviendas para otros».
Jan Jakub Tesař, socio fundador de Stempel & Tesar architekti
Las distancias mínimas respecto a los límites de la parcela, la necesidad de evitar sombras sobre las propiedades vecinas, el respeto a la alineación con la calle y la conservación del cerezo maduro fueron las condicionantes que definieron la configuración final del edificio. Aunque la planta ocupa 70 metros cuadrados —de los cuales solo 49 alcanzan la altura de los edificios circundantes, integrándose en la fachada urbana—, la casa no resulta agobiante, ni por fuera ni por dentro. A simple vista, no es evidente que se trate de una propiedad de tres dormitorios con una superficie habitable de 100 metros cuadrados.
La amplitud espacial se ve potenciada por la disposición escalonada de los niveles interiores: cada estancia se sitúa a una altura distinta, accesible siempre desde los rellanos de una escalera de acero de varios tramos. Gracias a ello, la casa carece de pasillos, y su núcleo —el comedor— cuenta con una altura de techo de 4,2 metros y recibe luz natural desde tres direcciones. La zona de estar contigua, de planta trapezoidal y ligeramente hundida, constituye un rincón acogedor que alberga una biblioteca; su nivel rebajado permite reducir al mínimo su altura respecto a la calle y ajustarse al límite de la propiedad según exige la normativa, apoyándose el suelo sobre una capa resistente definida por el ingeniero estructural.
El desnivel del suelo y su ubicación parcialmente subterránea determinaron la elección del material para los muros de carga. El hormigón se muestra en bruto —las juntas del encofrado, cuidadosamente planificadas, permanecen visibles tanto en los muros como en los techos—. A excepción de dos tabiques que separan los baños, el espacio se organiza mediante mobiliario integrado. La veta de la madera de nogal, procedente de un mismo tronco, está presente en la entrada, la sala de estar, las puertas de los armarios de la cocina, las puertas correderas macizas y el mueble de pared junto a la escalera, suavizando la crudeza de la estructura portante. Los dormitorios, por su parte, presentan un acabado en laca blanca de tono neutro.
La materialidad cruda del interior contrasta con la precisión de la fachada. Toda la estructura, incluidos el portón y parte del cerramiento, está revestida con chapa de aluminio perfilada de color blanco. Unas nervaduras verticales modulan sutilmente la luz y confieren a la fachada una textura delicada, realzada por los rayos del sol. La misma chapa, el mismo perfil, el mismo blanco: un gesto que transforma un programa complejo en un volumen único y legible. Por otro lado, un gran ventanal corredero en la fachada que da al jardín abre la envolvente; gracias a él, una pared entera del comedor se transforma, en la práctica, en una vista hacia el jardín.
El hormigón —excelente por su capacidad de inercia térmica—, combinado con ventanas de triple acristalamiento, ventilación controlada, una bomba de calor aire-agua y suelo radiante, garantiza un clima interior óptimo. Un depósito de recogida de agua de lluvia abastece el riego del jardín y de la cubierta vegetal. Las necesidades energéticas básicas se cubren mediante paneles fotovoltaicos. De este modo, el edificio presenta unos costes operativos mínimos y una gran eficiencia energética.
La casa ha sido concebida como una creación singular hasta el último detalle, incluyendo el diseño a medida de los tiradores de las puertas. Estos siguen la misma lógica proyectual que el conjunto de la obra; su geometría, precisa y funcional, constituye además una declaración artística.