Cuatro son las piezas macizas que integran la Casa en Avándaro realizada por Ignacio Urquiza y Ana Paula de Alba. De esta forma, es posible diferenciar claramente los usos comunes -como la cocina y el cuarto de TV- de aquellos más privados como los dormitorios y el estudio. La cubierta de estructura vista funciona como el elemento principal de conexión entre los distintos volúmenes y corona el espacio social por excelencia de la vivienda: la sala y el comedor junto a la chimenea.
Para su ejecución, la elección del hormigón visto como material predominante, destaca el color verde de la vegetación que rodea la casa. La acertada paleta de materiales empleada, compuesta principalmente por colores neutrales, da como resultado un proyecto de vivienda cálido y acogedor que se fusiona naturalmente con el entorno.

Casa en Avándaro por Ignacio Urquiza y Ana Paula de Alba. Fotografía por Rafael Gamo.
Descripción del proyecto por Ignacio Urquiza Seoane y Ana Paula de Alba
En los bosques de Avándaro, esta casa se ubica sobre un talud de vegetación espesa y una topografía pronunciada que dirige el agua de lluvia hacia el arroyo colindante.
Su orientación y el acomodo de las piezas que dan forma a la casa siguen la dirección del terreno y el orden de los antiguos árboles. De esta forma, la fachada principal mira hacia el norte, abriendo la vista hacia el arroyo y dejando entrar una luz continua. El vacío central se genera por los diferentes volúmenes y delimita un jardín interior que respeta los grandes pinos y encinos del terreno, a la vez calienta la vivienda con el sol del sur.
Dos tipos de espacios componen el proyecto. Los volúmenes macizos cerrados y la estructura que une a tres de éstos, generando el recinto principal de la propuesta: la sala de estar, un espacio dinámico, abierto en todas sus caras con cristal, para contemplar el contexto y techado por cubierta ligera de concreto reforzada con vigas de acero.
Los volúmenes fungen como la estructura principal de la casa y albergan el programa privado de la vivienda, compuesto por áreas cerradas, con ventanas y vistas controladas. Las habitaciones están resguardadas y se destinan a dormir, cocinar o ver una película en familia.
Los macizos son cuatro. En uno de ellos hay dos pares de dormitorios iguales y en espejo. Otro es el cuarto de TV o family room, que también puede funcionar como dormitorio extra. En el tercero está la cocina, en la planta baja, un estudio en el nivel intermedio y la habitación principal en el piso superior. En el cuarto, independiente de los demás, se construyeron la cisterna y el cuarto de máquinas, los servicios y el estacionamiento.
La cubierta se sostiene en tres de estos cuatro volúmenes, así como en la chimenea principal, elemento que representa la hoguera y el centro de la casa. Así también se definen los programas comunes y públicos: sala y comedor, y una segunda sala o cuarto de juegos para los niños, transparente en todos sus muros y con conexión directa al jardín y al family room.
En la sala y el comedor, un ventanal de piso a techo, de 9.6 metros de largo por 3.6 de alto, y dividido en cuatro ventanas corredizas, se abre por completo, desapareciendo los canceles en uno de los volúmenes adyacentes, para convertir el espacio en una terraza exterior techada: una de las áreas más utilizadas en este tipo de casas de campo. Este gesto nos permitió pensar en el diseño de una sola sala y comedor como estancia central principal, evitando duplicar programas interiores y exteriores.
El basamento de toda la casa es de hormigón visto que, además de ser la cimentación, separa el nivel de piso del terreno y crea una barrera térmica que ayuda a evitar el paso de la humedad hacia el interior. Asimismo, constituye el soporte de los muros de tabique, con terminados de aplanado pulido con estuco local.
La inclinación de las cubiertas de los cuatro macizos, de teja de barro plana, permite la captación pluvial. En cambio, la cubierta ligera es plana y forma una terraza privada a la que sólo se tiene acceso desde las tres habitaciones de la familia, convirtiéndose así en una extensión del proyecto donde se retoma el contacto con los árboles y la vegetación desde otro nivel de la casa.
La materialidad en tonos neutrales genera una paleta monocromática suave, en la que resaltan los verdes de la vegetación que rodea la casa. La paleta de materiales no distrae del entorno, brinda comodidad y nos deja concentrarnos en el bosque, la vegetación, la lluvia y el contexto.
Acorde con esto, en el interior se usaron materiales ligeros. Los textiles acompañan y contrastan con la textura lisa de los muros y para el mobiliario se seleccionaron piezas sencillas, con diseños clásicos que no abruman ni interrumpen el lenguaje sobrio de la arquitectura, además de no interferir con el paisaje.
El equilibrio entre piezas clásicas y elementos diseñados específicamente para este proyecto busca en todo momento cumplir un criterio de sencillez y neutralidad que aporta calidez a la apariencia y al tacto.
La selección de materiales sólidos se compone de encinos macizos entintados y naturales, mármoles negros y recintos. La paleta incluye textiles en lanas naturales, cashmeres que aportan calor y linos de distintas densidades y tonalidades en un rango neutral, así como tejidos de palma cuyas técnicas provienen del contexto local.
El lenguaje volumétrico del mobiliario y los elementos decorativos representan también geometrías básicas, reforzando la elegancia de la propuesta, al mostrar limpieza y respeto por estas formas.
Por último, las luminarias decorativas son un complemento discreto que logra ambientaciones de luz tenue, todo en línea con las intenciones de diseño y arquitectura del proyecto. De esta forma, la propuesta es una exploración del contraste entre los espacios habitables de la vivienda, su morfología y su estrecha relación con el contexto inmediato. A través de sus diferencias, cada se espacio se percibe y vive de manera natural y fluida.