La propuesta de URLO Studio para Refugio Pamba Bike se define por un volumen esencial compuesto por dos cuerpos sólidos de hormigón -pigmentado en tonos tierra- que emergen del suelo. Sobre estos se construye una cubierta ligera de madera, enmarcando el horizonte, el bosque y el movimiento de los ciclistas. En el exterior, especies autóctonas, mientras que en el interior se incorpora vegetación más colorida foránea, que contrasta con la madera y la dureza del hormigón pigmentado.
La cubierta de madera laminada, ligera y rítmica, se compone de seis robustos pórticos que sostienen un voladizo frontal y otro trasero, difuminando el límite entre interior y exterior. Bajo esta cubierta se ubican el comedor y las áreas de estar, articuladas mediante jardineras de vegetación foránea. En la fachada principal, la estructura integra un paño de vidrio templado que protege del clima andino a la vez que mantiene la continuidad visual entre el refugio y el paisaje.

Refugio Pamba Bike por URLO Studio. Fotografía por JAG Studio.
Descripción del proyecto por URLO Studio
Ubicado en Ascázubi, al pie del cerro Pambamarca, el proyecto nace como un refugio: un espacio de pausa y contemplación para ciclistas del bike park que recorren el paraje en busca de resguardo frente a las inclemencias del clima andino.
Pamba Bike Park es un proyecto integral desarrollado en una hacienda agrícola donde en las últimas décadas se han realizado rigurosos esfuerzos de reforestación, creando un paisaje exuberante para los senderos de bicicletas y para el refugio en sí.
En este territorio de amplias vistas y memoria ancestral donde aún se conservan los pucarás, el objetivo fue conjugar arquitectura y naturaleza a través de una intervención capaz de integrarse al entorno y dialogar con el paisaje sin imponerse.
La propuesta se define a partir de una volumetría esencial: dos cuerpos macizos de hormigón pigmentado que emergen de la tierra y delimitan el espacio interior, y una cubierta ligera de madera que se proyecta sobre el terreno como un mirador, enmarcando el horizonte, el bosque y el movimiento de los ciclistas.
Los volúmenes de hormigón albergan los espacios dedicados al servicio: la recepción y tienda, por un lado, y la cocina del restaurante por el otro. Su materialidad, pigmentada en tonos terrosos, refuerza la idea de pertenencia al terreno, mientras que las aberturas precisas filtran la luz natural hacia el interior y, hacia el exterior, construyen una expresión sobria e introvertida.
La cubierta de madera laminada se plantea como un elemento ligero y rítmico, compuesto por seis pórticos robustos que sostienen un volado frontal y otro posterior, difuminando el límite entre interior y exterior. Bajo este techo común se disponen el comedor y distintas áreas de estar, articuladas mediante jardineras que unifican y, a la vez, ordenan las actividades sin interrumpir la relación con el paisaje.
En la fachada frontal, la estructura integra un paño de vidrio templado que protege a los usuarios de las condiciones climáticas, manteniendo al mismo tiempo la continuidad visual entre interior y paisaje.
Desde el exterior, especies nativas como los arrayanes, la paja blanca y los rabos de gato inician una transición hacia un interior más colorido, con vegetación foránea como helechos, filodrendos y azucenas amarillas.
La vegetación interior y la madera contrastan con la dureza del hormigón pigmentado en fachada e interiores, construyendo una atmósfera cálida y natural que mantiene una misma lógica cromática con el contexto.