La propuesta de Comas-Pont arquitectes para la escalera paisajística en la Vall del Paradís transforma y recupera una conexión perdida, generando nuevas perspectivas de Montserrat y la ciudad mediante la repetición de un único elemento: barras idénticas de acero corrugado.
La estructura se ancla a la piedra a través de muros de hormigón, desde donde se proyectan cerchas metálicas en voladizo que sostienen la escalera de lenguaje unitario. Esta se cuelga de corrugados de acero para generar un conjunto en equilibrio que establece un diálogo entre peso y ligereza, entre materia y aire.

Escalera paisajística en la Vall del Paradís por Comas-Pont arquitectes. Fotografía por Adrià Goula.
Descripción del proyecto por Comas-Pont arquitectes
La intervención recupera un tramo perdido del Camino Ignaciano en Manresa, uniendo el Pont Vell y la Creu del Tort hasta el Pozo de luz.
La escalera salva los 13 metros de desnivel entre la cueva inferior y la terraza superior, abriendo una nueva mirada de la ciudad hacia el Valle del Paradís, el río Cardener y el macizo de Montserrat.
Separada de la roca, se presenta como un elemento permeable, que permite verla a través. Una cortina de redondos de acero filtra el paisaje sin interrumpirlo, generando una tensión sutil entre el interior y el exterior, entre la protección y la contemplación.
Todo el proyecto se articula a partir de un lenguaje material unitario: el acero. La repetición de un único elemento de barra corrugada de Ø 16mm construye toda la escalera. Esta austeridad formal responde a una ética de la medida: utilizar sólo lo necesario, dejar que la materia dialoge con la luz, con el tiempo y con la presencia humana.
La combinación de materiales establece un diálogo entre peso y ligereza, entre materia y aire. El pavimento, también de redondos de acero, se coloca sobre las preexistencias, dejando respirar el terreno y permitiendo el drenaje natural del agua.