El nuevo Centro de Recepción de Visitantes de Colonia Clunia Sulpicia, llevado adelante por Tejedor Linares Arquitectos, establece una relación armónica con su entorno natural, integrando la arquitectura en el paisaje. En este sentido, la superficie vegetal de la ladera se prolonga sobre la cubierta del volumen, funcionando como área para actividades al aire libre y como jardín arqueológico. El proyecto se apoya, además, en el camino que articula las edificaciones arqueológicas preexistentes.
Más allá de su continuidad con el área arqueológica y ecológica, la propuesta minimiza el impacto ambiental mediante la aplicación de diversas estrategias y prácticas alineadas con los objetivos internacionales de sostenibilidad. Como una sutil excepción geométrica en la pendiente natural, el Centro de Recepción de Visitantes aprovecha la visibilidad de la peña desde la distancia para posicionarse en el territorio y orientar al visitante que se aproxima a Clunia.

Centro de Recepción de Visitantes de Colonia Clunia Sulpicia por Tejedor Linares Arquitectos. Fotografía por Fernando Alda.
Descripción del proyecto por Tejedor Linares Arquitectos
La intervención es una lectura, en primer lugar, de una topografía, como lo fue la elección del posicionamiento de la propia Clunia romana en el Alto de Castro. La estructura del territorio establece los valores paisajísticos y arquitectónicos que la obra quiere reforzar. La arquitectura se incorpora al paisaje dominado por la Peña Sobaños, a él se subordina y de él extrae sus argumentos espaciales.
Para integrar el nuevo edificio en el paisaje, la superficie vegetal de la ladera se extiende sobre la cubierta del Centro de Recepción de Visitantes que cobija en su interior el site museum. La cubierta-mirador, que refleja la estructura interna, puede ser usada para desarrollar actividades al aire libre y como jardín arqueológico. El CRV se apoya en el camino que comunica las edificaciones preexistentes de los arqueólogos con el Teatro Romano y aprovecha la visibilidad de la peña desde la distancia para posicionarse en el entorno y orientar al visitante que se aproxima a Clunia.
El objetivo es trasformar la secuencia de llegada, la acogida y la iniciación de la visita en un dispositivo territorial, paisajístico y arquitectónico. En la distancia se percibe como una plataforma topográfica, una excepción geometrizada en la pendiente natural del paisaje, integrada, apropiable y accesible. En el interior, como un espacio que surge de la tierra, cueva o abrigo que dialoga con el agua subterránea que abastecía a la ciudad romana.
Además de perseguir una continuidad ecológica con la ladera y la vega de los ríos Argandilla y Dor, el edificio resuelve la conexión con el área arqueológica disponiéndose a la cota apropiada para facilitar el ascenso del visitante mediante un camino de suave pendiente hasta el Teatro Romano, primer gran hito de la visita a la ciudad romana.
La cubierta ajardinada favorece el comportamiento bioclimático del edificio y, dado el espesor del sustrato vegetal, permite que las especies herbáceas del entorno la colonicen.
El nuevo CRV minimiza el impacto ambiental sobre el área arqueológica a la vez que genera armonía con su entorno natural. Desde el desvío externo de los residuos de construcción hasta la reducción del carbono operativo e incorporado, el diseño aplica diversas prácticas sostenibles y se alinea con los objetivos internacionales de sostenibilidad a largo plazo de la COP30. El objetivo ha sido que el CRV pueda tener una alta eficiencia energética (calificación A), una reducción y compensación de los impactos de carbono y un ACV acorde con sus características arquitectónicas.