La composición de MZM Arquitectos para «Amundsen Ushuaia» sigue un eje principal que se extiende desde la montaña hacia el canal. A lo largo de el eje transversal se ubican un salón principal de varias plantas y áreas comunes que se abren al parque, reforzando la conexión con el paisaje y estableciéndose como un elemento de transición entre la ciudad y la naturaleza. El vacío de varias plantas de su espacio central es el corazón del proyecto y funciona como un dispositivo paisajístico que a medida que el camino asciende, el núcleo se expande y se transforma, cediendo superficie a un patio exterior en una secuencia de planos escalonados.
El edificio presenta una estructura reticular de hormigón visto que, a pesar de su robustez, logra una ligereza visual casi etérea. Las fachadas se resuelven con celosías profundas y transparentes y funcionan como un diafragma climático gracias a la envolvente vidriada que se desprende de los aleros. El vacío resultante actúa como un reactor bioclimático, estabilizando el confort interior y reduciendo la demanda energética.

«Amundsen Ushuaia» por MZM. Fotografía por MZM.
Descripción del proyecto por MZM Arquitectos
La pendiente como recurso proyectual
El Edificio Amundsen Ushuaia es un complejo residencial con un fuerte compromiso con el contexto urbano y ambiental donde le toca operar. Su carácter y morfología están definidos por las particularidades de su localización: emplazado en el extremo oeste de la ciudad, funciona como borde del tejido urbano consolidado y, al mismo tiempo, como límite lateral del Parque Centenario. La fuerte pendiente de la parcela se convierte en el activador del proyecto, organizando un sistema de escalas urbanas y ejes visuales que permiten que el edificio dialogue simultáneamente con la montaña, el parque y el Canal de Beagle.
Cabe destacar que, siendo uno de los el edificio más alto de Ushuaia, ofrece respuestas diferenciadas a las distintas situaciones urbanas: hacia la calle Gobernador Deloqui se presenta con planta baja y cuatro niveles, en sintonía con los bloques vecinos; hacia el Canal, se despliega como una estructura de diez pisos de líneas puras y sin ornamentos, visible desde los cruceros que arriban con miles de visitantes convirtiéndose en una referencia en la postal de la ciudad.
Geometría y geografía en tensión
El eje principal de composición se da en el sentido de la pendiente: desde la montaña hacia el Canal de Beagle, donde se dirigen las visuales de los departamentos. Un tercio de las unidades mira hacia la montaña y dos tercios disfrutan de vistas francas al canal.
El eje transversal se materializa en un hall de múltiples alturas y áreas comunes que se abren hacia el Parque Centenario, reforzando la relación con el paisaje y consolidando la condición de pieza de transición entre ciudad y naturaleza.
Este espacio funciona como diafragma climático y mirador urbano. Dada la latitud 54° S, la envolvente vidriada hacia el oeste-suroeste se desprende de aleros para maximizar la ganancia térmica directa. El vacío opera como un reactor bioclimático que captura el sol bajo de la tarde, transformando la radiación en acumulación calórica que estabiliza el confort interior y reduce la demanda energética frente al rigor fueguino.
El vacío como dispositivo paisajístico
El corazón del proyecto late en su espacio central de múltiples alturas, un vacío que opera mediante una lógica de sustracción progresiva. A medida que el recorrido asciende, este núcleo se expande y se transmuta, cediendo superficie cubierta en favor de un patio exterior que culmina, en el último nivel, en una apertura total al cielo.
Este mecanismo de 'aterrizaje' del espacio exterior hacia las entrañas del edificio genera una secuencia de planos aterrazados que invierten la relación entre refugio e intemperie. Estas superficies no solo capturan la luz, sino que han sido proyectadas para conservar la nieve, permitiendo que el manto blanco participe activamente de la espacialidad interior. Así, el clima no es algo de lo que el edificio se protege, sino un componente material más; la nieve se vuelve textura y silencio dentro del vacío central, integrando la geografía fueguina en el ritual cotidiano de los habitantes.
Técnica material
La robustez de su estructura de hormigón visto no es solo una respuesta a la zona sísmica, sino una expresión de alta sofisticación técnica. Para materializar la retícula profunda de las fachadas, se diseñaron encofrados metálicos en forma de pórticos ensamblados y reutilizables. Este sistema permitió calibrar con precisión quirúrgica la proporción de lleno y vacío: se logró reducir el espesor en los bordes para alcanzar una ligereza visual casi aérea, mientras se mantenía el espesor estructuralmente necesario en los puntos críticos.
El objetivo fue garantizar la máxima transparencia en el eje montaña–canal, asegurando visuales en ambos sentidos. Las fachadas principales se resuelven con entramados profundos y transparentes, que protegen las aberturas de la nieve y el viento. La fachada al canal se resuelve con aleros de protección verticales y horizontales que moderan la incidencia del clima. Por su parte la fachada a la montaña, de mayor profundidad, convierte los aleros en balcones que prolongan la experiencia doméstica hacia el paisaje.
Identidad Material
La paleta material del edificio se define por un diálogo de contrastes tectónicos: la fuerza imperturbable del hormigón visto y la transparencia del vidrio se encuentran con la madera de lenga, la especie arbórea insignia de los bosques fueguinos. En Amundsen, la lenga no es solo un revestimiento, sino un puente sensorial con el entorno.
Utilizada en el gran hall de múltiples alturas, esta madera local aporta una calidez orgánica que actúa como contrapunto a la crudeza del clima exterior y a la robustez estructural de la pieza. Su presencia en el interior del edificio no solo rinde tributo a la tradición constructiva de la región, sino que cualifica el espacio común, transformando el hall en un refugio táctil donde la textura, calidez y el aroma de la madera terminan de consolidar la transición entre el paisaje silvestre del Parque Centenario y la vida doméstica.
Dimensión Social y Paisaje Civil
El proyecto se inicia en una generosa plaza seca de acceso. Este vacío urbano no solo otorga la distancia necesaria para contemplar la volumetría del edificio frente al horizonte del Canal, sino que funciona como un umbral de transición calma entre la ciudad y el interior.
Esta vocación de apertura continúa en los niveles inferiores, donde el Salón de Usos Múltiples se ubica dos niveles por debajo del hall, acercándose visualmente a nivel del parque y un área verde contenida, por gaviones de piedra, toma la pendiente de la parte más baja integrándose morfológicamente a la geometría del Parque Centenario.
Sin embargo, el hall de múltiples alturas constituye el verdadero centro gravitacional. Proyectado como una plaza elevada y protegida, este espacio de escala generosa fomenta el encuentro espontáneo y la convivencia. La arquitectura opera aquí como soporte de la vida colectiva: un hito de referencia interna donde la interacción entre residentes e invitados ha consolidado un vibrante corazón cívico dentro del conjunto.
