R21 organiza la Cabaña Budor en un volumen y medio: la planta superior concentra el acceso y los dormitorios, mientras que la inferior alberga el salón, la cocina y la zona de estar, orientados hacia las vistas de las montañas. Dos espacios exteriores completan la organización: uno recibe la llegada y otro prolonga las estancias interiores mediante una terraza y un jacuzzi.
Una pieza intermedia concentra la cocina y el almacenamiento, articula ambas cotas y sirve de apoyo a la cubierta a dos aguas. En fachada, un módulo de repetición ordena la relación entre llenos, huecos y entorno. Los profundos marcos de las ventanas construyen lugares de relación y permanencia, al tiempo que encuadran las vistas. La construcción recupera la lógica elemental del apilamiento tradicional de madera de la región.

Cabaña Budor por R21. Fotografía por Ruben Ratkusic.
Descripción del proyecto por R21
El encargo consiste en el diseño y construcción de una cabaña para uso de fin de semana, situada en Budor. El reto principal consiste en integrar el volumen en el paisaje desde la materialidad, buscando que el proyecto interfiera lo menos posible con el entorno natural. La arquitectura pretende buscar un diálogo con el paisaje, sin intentar dominarlo.
La parcela determina la disposición del programa y la forma de ocupar el terreno. Una planta rectangular se adapta al ligero desnivel existente, organizándose en un nivel y medio que permite acompañar la pendiente sin alterarla. En el nivel superior se sitúan la entrada y los dormitorios, orientados hacia la parte posterior del bosque, mientras que el nivel inferior contiene los espacios de día —salón, cocina y zona de estar con chimenea—, abiertos hacia las vistas sobre las montañas. Las terrazas y el jacuzzi exterior se sitúan en la fachada longitudinal, orientados hacia el sur y aprovechando la exposición solar. De este modo, la sección establece una relación directa entre programa, topografía, orientación y paisaje.
El volumen se construye a partir de dos piezas que encuentran su orden en la geometría del rectángulo. La pieza principal se divide en dos rectángulos en planta, correspondiendo cada uno a un nivel y conteniendo, a su vez, un espacio exterior. Estos espacios se espejan en planta y establecen un equilibrio entre lleno y vacío. Los vacíos, siempre cubiertos, son partes esenciales de la casa: uno recibe la llegada y construye el acceso, mientras que el otro contiene la terraza y el jacuzzi, adquiriendo un carácter más privado y orientándose hacia las vistas. La macla entre ambos niveles concentra la cocina y la armariada, convirtiéndose en el espesor construido que articula las dos cotas. Sobre esta unión se apoya la cumbrera de la cubierta a dos aguas.
Una segunda pieza, de menor escala, se independiza del volumen principal mediante un giro de noventa grados. Su posición construye una transición entre diferentes grados de privacidad. La pieza actúa como filtro entre el aparcamiento y las zonas exteriores y privadas de la vivienda.
La fachada se trabaja a partir del módulo, entendiendo la repetición y la proporción como instrumentos capaces de ordenar la relación entre el lleno, los huecos y el paisaje. Las grandes superficies de vidrio se introducen en el sistema mediante profundos marcos de ventana que prolongan el espesor de la fachada hacia el interior. Estos marcos no funcionan únicamente como límites entre interior y exterior, sino que construyen pequeños lugares de relación y permanencia, al mismo tiempo que encuadran y enfatizan las vistas hacia el paisaje.