Sobre un terreno limitado por las vistas se proyecta «The Lends», por MU Architecture. Esta vivienda unifamiliar juega con la privacidad a través de su elemento principal: un muro de bloques de vidrio curvado en la esquina frontal. Este hito contrasta con los volúmenes de bloques de hormigón beige, entablando un diálogo con el tejido urbano. Una cubierta vegetal se extiende sobre la terraza.
Una planta baja dedicada al núcleo familiar, organizada en torno a una zona abierta al jardín. Una cocina, comedor, aseo y sala de estar a doble altura la completan. Una planta superior que recoge las estancias privadas como los dormitorios, la suite principal con terraza privada, despacho sobre la sala de estar aprovechando la doble altura y las vistas hacia el jardín. La completan una azotea que se prolonga hacia una terraza.
El interior minimalista se compone de materiales sobrios como la madera de nogal, porcelánico y latón cepillado. Un suelo de roble contrasta con la luz proyectada por el muro de vidrio. Una escalera flotante de acero blanco, acabada con barandillas de vidrio, enmarca un vacío vertical, promoviendo el flujo continuo respondiendo a los principios del «feng shui».

«The Lens» por MU Architecture. Fotografía por Raphaël Thibodeau.
Descripción del proyecto por MU Architecture
Ubicada en el barrio de Villeray, en Montreal, esta residencia unifamiliar fue diseñada para una pareja y sus hijos, quienes buscaban un hogar donde la calma y el equilibrio prevalecieran sobre la ostentación. El proyecto se inspira en el minimalismo japonés y en los principios del feng shui; una doble influencia que se manifiesta a través de un lenguaje arquitectónico depurado, una atención minuciosa al movimiento natural de la luz, una circulación fluida y una conexión orgánica entre los espacios interiores y exteriores.
En el terreno existía previamente una vivienda unifamiliar que ya no respondía a las necesidades de sus nuevos propietarios. Su demolición permitió partir de cero y replantear por completo el emplazamiento, la orientación y la organización espacial de la casa, siempre bajo la premisa de la calma y la armonía.
Entre limitaciones y luz
El desafío de este proyecto residía en conciliar ciertas limitaciones del terreno con las aspiraciones de los propietarios. La ubicación de la casa resultó especialmente compleja: al estar delimitada por la calle hacia el sur y por callejones tanto al este como al norte, el terreno ofrecía pocas posibilidades de resguardarse de las vistas exteriores. A esto se sumaba el deseo de conservar un abeto blanco situado en una esquina de la propiedad; un elemento paisajístico preexistente que debía integrarse en lugar de sacrificarse.
El proyecto responde a estas condicionantes mediante una composición de volúmenes opacos articulados que orientan la casa hacia su interior, incorporando al mismo tiempo aberturas cuidadosamente calibradas y espacios intermedios. Esta estrategia volumétrica permite captar la abundante luz natural proveniente del sur, sin exponer los espacios habitables a las miradas desde el exterior.
El muro de bloques de vidrio sigue este mismo principio. Como elemento definitorio de la fachada sur, captura y difumina la luz natural a lo largo del día, transformando las vistas hacia el interior en una textura translúcida que preserva por completo la privacidad de sus habitantes.
Intimidad calibrada
El proyecto se desarrolla en capas, desde el nivel del garaje —situado en un plano inferior— hasta los volúmenes luminosos de las plantas superiores, reflejando el deseo de controlar con precisión las transiciones. Entre lo público y lo privado, entre el trabajo y el descanso; dos principios organizativos que dialogan directamente con los preceptos del feng shui aplicados en todo el proyecto.
En la parte frontal, una rampa de acceso conduce directamente a un garaje en el semisótano; una decisión que libera la planta baja de cualquier servidumbre vinculada al automóvil, destinándola por completo a los espacios de vida. Esto establece una jerarquía clara entre las funciones de servicio y los espacios principales, reforzando el compromiso del proyecto con el minimalismo.
El sótano, lejos de ser un mero nivel técnico, se concibe como una verdadera transición entre el mundo exterior y la intimidad del hogar. Desde el garaje, un amplio vestíbulo de entrada —o zona de transición— recibe a la familia antes de dar paso a la escalera principal, que distribuye el acceso a todas las plantas. Este mismo nivel alberga dos suites para invitados, que ofrecen total independencia a los visitantes, además de un espacio flexible con acceso directo desde la rampa de entrada. Su acceso independiente lo convierte en un lugar ideal para una oficina en casa, satisfaciendo las necesidades profesionales de la pareja sin comprometer la privacidad del resto de la residencia.
La planta baja constituye el núcleo de la vida familiar, organizada en torno a una gran zona de estar abierta al jardín. La entrada principal conduce, de manera natural, hacia el exterior y el jardín. El pasillo principal desemboca en los espacios compartidos —cocina, cocina auxiliar, comedor y sala de estar—, destacando esta última por su generosa doble altura. Una sala de juegos para los niños se integra en este entorno familiar, mientras que un aseo de cortesía completa el programa de este nivel. En el exterior, una galería cubierta extiende los espacios de vida hacia el jardín, creando una transición natural entre la casa y el paisaje.
En la planta superior se encuentran los espacios más privados de la residencia. Los dos dormitorios de los niños comparten un baño y cuentan con una funcional zona de lavandería. La suite principal dispone de una terraza privada, situada sobre la galería, que ofrece un rincón íntimo en conexión directa con el jardín. Un amplio despacho, concebido como un altillo abierto sobre la sala de estar, aprovecha la doble altura y las vistas panorámicas hacia el jardín. Finalmente, una segunda escalera conduce a una sala de estar en la azotea, que se prolonga hacia una terraza diseñada para la vida urbana, brindando un espacio exterior privilegiado y singular en la parte más alta de la residencia.
La Casa Linterna
El elemento más singular del proyecto es un muro de bloques de vidrio que se curva alrededor de la esquina frontal de la vivienda. Este recurso filtra la luz natural, preservando al mismo tiempo la privacidad de la familia frente a la calle y las propiedades vecinas. La vista se transforma en una textura difusa y cambiante —entre la transparencia y la opacidad, como un espejismo que varía según la hora del día—, evocando directamente la estética de los *shoji* japoneses, donde la luz nunca se revela por completo.
En el exterior, los volúmenes de bloques de hormigón en tono beige —con aristas que alternan entre lo afilado y lo redondeado— entablan un diálogo con el tejido urbano del barrio sin someterse a él. Al caer la noche, la suave luz interior atraviesa el muro de bloques de vidrio, convirtiendo la casa en una discreta linterna en el corazón de Villeray.
En el interior, una paleta sobria compuesta por madera de nogal, porcelánico y latón cepillado articula espacios minimalistas, concebidos bajo una lógica de orden y fluidez: circulaciones claras y líneas depuradas. La cocina y el comedor, integrados en un generoso espacio diáfano, se articulan en torno a una campana monolítica suspendida sobre la isla, iluminada por una hilera de lámparas colgantes de madera estriada. Desde el comedor, el muro de bloques de vidrio proyecta una luz suave y en constante evolución sobre el suelo de roble, creando una atmósfera serena y reconfortante que acompaña, de forma natural, el ritmo de una familia activa.
Un eje de luz
Una escalera flotante de acero blanco, equipada con barandillas de vidrio, conecta los distintos niveles y enmarca un vacío vertical que permite que la luz natural descienda desde la cubierta hasta la planta baja. Esta conexión abierta entre plantas también responde a los principios del *feng shui*, que promueven un flujo de energía continuo y sin obstáculos en todo el hogar. En la planta superior, los baños mantienen esta paleta de materiales sobria: porcelánico beige, grifería de latón cepillado, una ducha a ras de suelo y una ducha de vapor se combinan para crear un santuario sereno, similar a un *spa*. Las texturas suaves y los tonos cálidos y tenues confieren al espacio una sensación de lujo sosegado, ofreciendo a la pareja un refugio privado donde el ritmo de la vida cotidiana parece ralentizarse.
La parte posterior de la casa se abre generosamente hacia un jardín de marcado carácter natural, dominado por gramíneas y plantas perennes, junto a una piscina de fondo oscuro que refleja el cielo como si fuera un espejo. Una cubierta vegetal se extiende sobre la terraza —equipada con una cocina al aire libre—, creando una prolongación resguardada de los espacios habitables. En consonancia con la filosofía asiática que inspira el proyecto, esta transición fluida entre el interior y el exterior fomenta una conexión constante con la naturaleza y el ciclo de las estaciones.
Al equilibrar el rigor constructivo con una sensibilidad hacia la atmósfera, esta residencia en Villeray explora cómo los materiales, las proporciones y la iluminación natural pueden moldear la experiencia del hogar. Cada espacio está cuidadosamente calibrado para promover una sensación de calma, conexión y continuidad. En definitiva, el proyecto establece un diálogo sereno entre la intimidad doméstica, la vida familiar y el paisaje urbano circundante, integrando estas distintas dimensiones en un entorno coherente y profundamente personal.