En lugar de recurrir a gestos simbólicos o decorativos en las primeras residencias femeninas de Winchester College, Stanton Williams buscó expresar el sentimiento de pertenencia a través de la experiencia de habitar los edificios: su escala, la secuencia de espacios y los ritmos de la vida cotidiana. La apertura y las conexiones visuales articulan la experiencia diaria de las residencias. Cada una se organiza en torno a un patio central que constituye su núcleo social.
La volumetría se fragmenta cuidadosamente para adaptarse a la trama y la escala de los edificios vecinos, al tiempo que permite concentrar una elevada densidad edificatoria y un programa de gran envergadura en una parcela limitada. Esta estrategia se prolonga en el paisaje, donde jardines, patios y caminos se entrelazan alrededor de los edificios para integrarlos en su emplazamiento. De este modo, se generan espacios de llegada, encuentro y recogimiento en los recorridos entre las residencias y el resto del centro educativo.

Primeras residencias femeninas en Winchester College por Stanton Williams. Fotografía por Jack Hobhouse.
La secuencia de patio, claustro y estancias compartidas da lugar a dos residencias que resultan, a la vez, íntimas y conectadas. Las alumnas se encuentran de manera espontánea al desplazarse por los edificios y regresan a sus distintos espacios a lo largo del día para estudiar, comer, practicar música o, sencillamente, pasar tiempo juntas. Desde el claustro, las escaleras conducen a agrupaciones de dormitorios individuales y dobles, generando pequeñas comunidades dentro de cada residencia.
Un claustro interior conecta la sala de estar, la biblioteca, las cocinas comunitarias y las salas de música y actividades con el pabellón del comedor, situado entre ambas residencias. Una partición móvil permite dividir este pabellón en dos comedores independientes o abrirlo para reunir a las dos comunidades, reforzando la conexión entre ambas casas.

Primeras residencias femeninas en Winchester College por Stanton Williams. Fotografía por Jack Hobhouse.
El ladrillo constituye el material principal, en consonancia con las demás residencias victorianas. Su tratamiento varía sutilmente en las distintas fachadas en función del contexto y del carácter de los espacios que delimitan. Se incorporan diversos recursos de aparejo y detalle, entre ellos celosías de ladrillo con piezas alternadas y huecos que permiten filtrar la luz natural desde los patios hacia las escaleras. La madera de roble se emplea en las puertas de acceso y en los espacios interiores, aportando calidez, resistencia y una sensación de intimidad y permanencia.
Los elementos prefabricados de hormigón, como dinteles, albardillas, vierteaguas y bandas horizontales, introducen una articulación adicional y evocan la tonalidad de los recercados de piedra presentes en el conjunto. La piedra de sílex se incorpora a los muros de los jardines, aportando textura y riqueza visual, al tiempo que recupera un material característico de Winchester. El pabellón del comedor se reviste con una envolvente metálica de tonalidad cobriza, que le confiere una presencia singular entre los volúmenes de ladrillo.

Primeras residencias femeninas en Winchester College por Stanton Williams. Fotografía por Jack Hobhouse.
«La parcela planteaba un verdadero desafío arquitectónico: albergar dos residencias de gran envergadura junto a estructuras y espacios paisajísticos protegidos, preservando al mismo tiempo el carácter del colegio. La cuidadosa fragmentación volumétrica nos permitió responder a la trama y la escala de los edificios circundantes y crear una secuencia más rica de patios, jardines y caminos. Esa misma atención al contexto se prolonga hasta la elección de los materiales y el diseño de los detalles. El resultado es un conjunto que parece entrelazarse con su entorno, desde la escala global de la parcela hasta la experiencia de recorrer y habitar los edificios».
Kaori Ohsugi, arquitecta principal en Stanton Williams.