Como parte de una nueva propuesta de proyección arquitectónica, Héctor Navarro + arkhitekton proyectan, tras la balaustrada de Comillas, un paseo marítimo continuo, ideado como espacio de paseo y entendido como un sistema vivo que une paisaje, infraestructura y ciudad. Hacia el interior, se proyecta un área dunar, convirtiendo el espacio en una infraestructura ambiental y reduciendo el efecto isla de calor.
El pavimento drenante, que mejora el comportamiento hidrológico del conjunto, combina adoquines fotocatalíticos de hormigón de distintas tonalidades y acabados que se proyectan en el suelo mediante una secuencia de dibujos geométricos, que evocan la geometría de la arena mojada.
La intervención se complementa con la incorporación de quioscos, la renovación del acceso a la playa, una nueva terraza, el rediseño de la iluminación y la reorganización de un parking proyectado como nuevo eje que conecte el paseo con el cuartel de la Guardia Civil.

Paseo Marítimo de Comillas por Héctor Navarro + arkhitekton. Fotografía por Imagen Subliminal.
Descripción del proyecto por Héctor Navarro + arkhitekton
La intervención transforma un ámbito ocupado hasta ahora por una estrecha acera y un gran aparcamiento en un nuevo espacio público para Comillas. Más que la reforma de un paseo existente, el proyecto plantea la construcción de un verdadero paseo marítimo, recuperando para el peatón un frente litoral de extraordinario valor paisajístico e incorporándolo a la red de espacios públicos de la localidad.
El proyecto parte de una condición inherente a cualquier borde costero: la presencia constante de arena. Arrastrada por el viento y las mareas, o transportada por quienes regresan de la playa, invade periódicamente los paseos marítimos y obliga, por lo general, a una continua labor de limpieza que la entiende como un elemento ajeno al espacio urbano. La propuesta adopta una posición opuesta. En lugar de combatir este fenómeno, lo incorpora como una condición de proyecto, diluyendo el límite entre ciudad y playa y construyendo un espacio donde ambos intercambian continuamente materia. La arena deja así de entenderse como un elemento extraño para convertirse en parte activa del funcionamiento del paseo, integrándose tanto en los pavimentos drenantes como en el propio sistema paisajístico.
La intervención se organiza mediante dos franjas complementarias. Junto a la playa se dispone un recorrido continuo y despejado, concebido como un espacio dinámico de paseo, delimitado por la histórica balaustrada que forma parte de la memoria colectiva de Comillas. Hacia el interior, una banda verde introduce una experiencia más pausada, donde vegetación, topografía y estancia se integran en un sistema inspirado en los ecosistemas dunares del litoral cantábrico. No se trata de reproducir una duna, sino de incorporar sus lógicas de funcionamiento. La vegetación deja de desempeñar un papel exclusivamente paisajístico para convertirse en una infraestructura ambiental capaz de reducir el efecto isla de calor, favorecer la biodiversidad y construir, con el paso del tiempo, una secuencia de espacios de estancia bajo la sombra del arbolado. El proyecto incorpora así la dimensión temporal como parte de su propia arquitectura, entendiendo que el paisaje continuará transformándose mucho después de finalizada la obra. Los pavimentos drenantes permiten que la arena forme parte del comportamiento cotidiano del paseo y que, durante las labores de mantenimiento, pueda reincorporarse de forma natural al propio sistema, reforzando la continuidad entre playa y espacio público.
Las suaves topografías incorporan bloques de piedra caliza reutilizados procedentes de escolleras descartadas durante su proceso de fabricación. Estas piezas construyen el relieve y funcionan como asientos informales, reforzando una estrategia basada en la reutilización de materiales. El sistema se completa con bancos individuales dotados de respaldo y reposabrazos, diseñados bajo criterios de accesibilidad e inclusión y capaces de ofrecer múltiples formas de ocupar el espacio.
El pavimento constituye otro de los elementos esenciales de la intervención. Mediante la combinación de adoquines de hormigón con distintas tonalidades y acabados superficiales, el suelo dibuja una secuencia de bandas ondulantes que evocan la geometría cambiante de la arena mojada cuando las mareas avanzan y retroceden sobre la playa. La sustitución de las antiguas superficies impermeables por un sistema de pavimentos drenantes mejora el comportamiento hidrológico del conjunto, favoreciendo la infiltración natural del agua de lluvia, reduciendo la escorrentía superficial y disminuyendo la carga sobre la red de saneamiento. El propio pavimento registra así uno de los fenómenos más característicos del paisaje litoral, mientras la utilización de adoquines fotocatalíticos incorpora una dimensión ambiental que contribuye a mejorar la calidad del aire.
La actuación se completa con nuevos quioscos permanentes que reinterpretan las galerías de la arquitectura montañesa, la renovación del acceso a la playa, una nueva terraza junto al restaurante La Caracola, el rediseño de la iluminación y la reorganización integral del aparcamiento. Esta última incorpora un nuevo eje peatonal que conecta el paseo con el antiguo edificio de la conservera, hoy ocupado por el cuartel de la Guardia Civil, así como una nueva rotonda que mejora la circulación y la seguridad.
Más allá de la suma de estas actuaciones, el proyecto propone una nueva manera de habitar el borde costero. La gestión sostenible del agua, la aceptación de la arena como parte del funcionamiento del espacio público, la reutilización de materiales, la incorporación de vegetación adaptada al entorno y la creación de espacios accesibles e inclusivos conforman una intervención que entiende paisaje, infraestructura y ciudad como partes de un mismo sistema vivo. En Comillas, el paseo marítimo deja de ser el límite entre ciudad y playa para convertirse en el lugar donde ambas se encuentran.