La vivienda ideada por SAU Taller d’Arquitectura organiza sus usos alrededor de un vacío central, en una planta de 10 × 14 metros y tres fachadas debido a su condición de testero. El acceso se sitúa de forma central en la fachada este y distribuye los recorridos hacia los distintos ámbitos. Al sur se concentra un espacio continuo de cocina, comedor y sala, y al norte se dispone la zona de noche; y entre ambas se incorpora una franja de servicios que concentra los baños.
La construcción participa directamente en la expresión arquitectónica de la vivienda. Las paredes de carga de ladrillo perforado, los zunchos perimetrales de hormigón y la cubierta de madera laminada se dejan vistos, mostrando la naturaleza y función de cada material. En el contacto con el jardín, los porticones de chapa microperforada de acero lacado funcionan como filtros de privacidad que, desde el interior, se vuelven prácticamente imperceptibles.

Casa LX por SAU Taller d'Arquitectura. Fotografía por Andrés Flajszer.
Descripción del proyecto por SAU Taller d'Arquitectura
Una casa entre tradición y contemporaneidad
A pocos metros del centro histórico de Sant Sadurní, el proyecto parte de una condición aparentemente sencilla: construir una casa que se integre en un contexto de fuerte carácter tradicional. El planeamiento fija una volumetría doméstica reconocible —la casa adosada con cubierta inclinada a dos aguas y teja árabe— y el proyecto toma esta condición no como una limitación, sino como un punto de partida.
El objetivo es recuperar así una imagen arquetípica, pero trabajar su interior desde una lógica contemporánea. La propuesta se construye a partir de la relación entre una volumetría exterior contenida y una organización interior donde la luz, la ventilación, el juego en sección de los espacios y la relación con el jardín tienen un papel determinante.
La casa, de 10 × 14 metros, se orienta de sur a norte y, por su condición de testero, dispone de tres fachadas. Esta oportunidad permite situar el acceso en la fachada este, en una posición central y simétrica.
Una planta organizada alrededor del vacío
El acceso central a la fachada este responde principalmente a una voluntad funcional: permite repartir los recorridos hacia ambos lados de la vivienda y mejorar la eficiencia de las circulaciones interiores. A partir de este acceso central, la planta se divide en tres ámbitos.
Hacia el sur se sitúa la zona de día, concebida como un único espacio continuo de cocina, sala y comedor. Este gran espacio se abre al jardín a través de un porche lineal que actúa como prolongación de la vida doméstica hacia el exterior.
Hacia el norte se sitúa la zona de noche, aprovechando una orientación más fresca, silenciosa y privada.
Entre estos dos ámbitos aparece una franja de servicios que concentra los baños. Esta banda compacta permite agrupar los usos servidores y liberar los espacios principales de la casa.
La organización de la planta es clara y contenida: día y noche en los extremos, servicios en el centro y, en el centro geométrico de la casa, un vacío que aporta luz y ventilación natural al corazón de la vivienda. A su alrededor se organizan las diferentes estancias, estableciendo una relación continua entre espacios que, funcionalmente, pertenecen a ámbitos diversos.
Un límite que desaparece
La relación entre la casa y el jardín se construye a través de una secuencia de filtros. El porche lineal amplía los espacios de día hacia el exterior y establece un umbral intermedio entre el interior y el jardín.
En las fachadas, unos porticones de chapa microperforada de acero lacado introducen un segundo filtro. Desde el exterior se perciben como una superficie opaca que protege la intimidad; desde el interior, en cambio, prácticamente desaparecen.
La perforación convierte el porticón en un elemento ambiguo: protege y, al mismo tiempo, permite mirar. Las visuales se prolongan hacia el jardín y el límite entre interior y exterior se vuelve difuso. La fachada deja de ser una frontera rígida para convertirse en un espacio de transición.
El vacío como elemento central del espacio interior
El vacío no es simplemente un elemento de iluminación y ventilación natural. Es una pieza que se convierte en el centro de la casa, genera relaciones visuales entre las diferentes partes de la vivienda e introduce una percepción cambiante del espacio a lo largo del día.
El proyecto busca construir una casa muy discreta y sencilla desde el exterior y compleja en su experiencia interior. La complejidad no reside en geometrías extravagantes, sino en el espacio vacío central que articula la casa, en la luz y la ventilación que penetran en él, en el juego en sección que amplía las posibilidades de uso, en los filtros que disuelven los límites y en unos materiales que explican, sin artificios, cómo está construida la casa.
Habitar la sección
La franja central de servicios se sitúa bajo el carener y concentra la mayor altura de la vivienda. Esta condición permite entender la sección como una herramienta para ampliar las posibilidades de uso y de percepción de la casa. Sobre los baños aparecen nuevos espacios: habitaciones suplementarias y un altillo destinado a la lectura y al descanso.
La cubierta, por tanto, no es únicamente un elemento que completa la imagen exterior de la casa, sino que participa activamente en la construcción del espacio interior.
La construcción como arquitectura
El proyecto parte de la voluntad de hacer visibles los materiales que lo forman: el ladrillo perforado de las paredes de carga, el hormigón de los zunchos perimetrales y la madera laminada de la cubierta se dejan vistos. Cada material conserva su identidad y expresa la función que desarrolla.
Esta actitud reduce la arquitectura a sus elementos esenciales: estructura, cerramiento, luz, aire y materia. La construcción deja de ser una capa que se añade a la arquitectura y pasa a ser la propia arquitectura.
