La organización del programa desarrollada por Módulo Arquitectos y AMD Arquitectos responde a una lógica racional y flexible, estructurada en torno a núcleos de comunicación vertical y vestíbulos en planta que actúan no solo como distribuidores, sino también como espacios de relación y espera. Las aulas-taller se disponen como grandes salas adaptables, acompañadas de servicios y almacenes que favorecen la multiplicidad de usos.
En cuanto a la materialidad empleada, en continuidad con la tradición local, el proyecto se construye a partir de una reinterpretación contemporánea del ladrillo cara vista. Se utiliza el ladrillo clínker con un tratamiento que potencia su textura y comportamiento lumínico, generando fachadas dinámicas mediante distintos aparejos y piezas especiales.
Este material se extiende hacia el interior, especialmente en torno al antiguo lavadero, poniendo en valor la continuidad espacial y simbólica. De esta manera, la memoria del lugar se integra de forma activa como parte esencial de la experiencia arquitectónica, estableciendo un estrecho diálogo entre pasado y presente.

Centro Cultural «Los Lavaderos» por Módulo Arquitectos + AMD Arquitectos. Fotografía por Gabriel Gallegos Alonso.
Descripción del proyecto por Módulo Arquitectos + AMD Arquitectos
Programa
Planta Baja: El edificio cuenta con dos accesos independientes desde las calles principales: uno de carácter público y otro restringido para uso administrativo y personal. Ambos convergen en un vestíbulo principal, que alberga el núcleo de comunicación vertical (escalera y ascensor). Desde este punto se distribuye el programa, que incluye una gran sala polivalente (ubicada sobre el antiguo lavadero), un área administrativa con despachos, aseos (para ambos sexos y uno accesible) con vestíbulo previo, además de espacios técnicos y de almacén.
Planta Primera: El programa se organiza en torno a tres grandes salas destinadas a talleres de Fotografía/Nuevas Tecnologías, Arte y Baile. El vestíbulo de planta funciona como espacio de espera y desahogo para los usuarios. La planta se completa con aseos (para ambos sexos y uno accesible) con vestíbulos previo, y diversos almacenes vinculados a las actividades.
Planta Segunda y Cubierta: Con una distribución prácticamente idéntica a la anterior, esta planta acoge los talleres de Informática, Cocina y Teatro, manteniendo la dotación de aseos y almacenes. El núcleo de escaleras se prolonga hasta la cubierta, donde se sitúa la zona de instalaciones. Esta se resuelve mediante una estructura de chapa con pendiente ligera para la instalación de paneles fotovoltaicos, orientados al autoconsumo y a la obtención de un edificio de consumo energético casi nulo.
Memoria descriptiva
El proyecto nace a partir del encargo del Ayuntamiento de Zaratán para la construcción de un edificio de carácter público, cultural y docente, en un solar profundamente ligado a la memoria colectiva del municipio: el lugar que ocuparon durante décadas los antiguos lavaderos de piedra. Más que una simple operación edificatoria, la propuesta se concibe como un ejercicio de integración urbana y de reinterpretación contemporánea de los valores constructivos tradicionales de la arquitectura local.
El emplazamiento, un solar entre medianeras, plantea un doble reto. Por un lado, la necesidad de proyectar un edificio representativo dentro de un tejido urbano homogéneo, caracterizado por edificaciones residenciales de escala doméstica y lenguaje tradicional. Por otro, la voluntad de preservar y poner en valor el antiguo lavadero, entendido no como un vestigio aislado, sino como un elemento activo del nuevo edificio y de su relato arquitectónico.
El resultado es un volumen compacto de tres plantas sobre rasante que ocupa la totalidad del solar y se adosa a las medianerías existentes. Sobre este prisma aparentemente unitario, emergen en las plantas superiores dos cuerpos volados que introducen un sutil juego volumétrico, generando sombras, profundidad y una lectura dinámica de la fachada. Esta operación permite descomponer visualmente la masa edificada y establecer dos planos claramente diferenciados que dialogan con la escala del entorno urbano.
La integración del edificio en su contexto se articula fundamentalmente a través del material. El proyecto adopta el ladrillo cara vista como sistema constructivo y expresivo, en continuidad con la tradición edificatoria de la zona. Sin embargo, lejos de una reproducción literal, el material se somete a una reinterpretación contemporánea que explora sus posibilidades plásticas, tectónicas y lumínicas.
Esta estrategia material no se limita al ámbito exterior, sino que el ladrillo se prolonga hacia el interior del edificio, envolviendo el antiguo lavadero y las zonas comunes (vestíbulos y núcleos de comunicación) para diluir el límite entre interior y exterior y reforzar la percepción de estos espacios como una extensión de la vía pública, evocando el carácter originalmente exterior del lavadero.
Se emplea un ladrillo cerámico clínker de la firma La Paloma, modelo Gris Otero, caracterizado por un acabado labrado que transforma la percepción de la fachada. La textura irregular del ladrillo provoca una incidencia cambiante de la luz, generando un efecto vibrante, casi líquido, y dota al edificio de una presencia cambiante a lo largo del día.
La fachada se construye como una auténtica filigrana cerámica mediante el uso de distintos aparejos y formatos de pieza. Ladrillos especiales en U, celosías y piezas macizas se combinan en un ejercicio compositivo que trasciende la mera función constructiva para convertirse en un elemento narrativo. Este trabajo minucioso con el material no solo resuelve las fachadas principales, sino que se extiende también a la denominada «tercera fachada», la medianería sur, que deja de entenderse como un plano residual para incorporarse al discurso arquitectónico del edificio, convirtiéndose en un elemento activo que, mediante un cuidado juego compositivo del ladrillo, establece continuidad y diálogo entre las dos fachadas principales.
En contraste y complemento a la masa cerámica, la fachada incorpora carpinterías de aluminio de la serie Unicity Hi de Technal, seleccionadas por sus altas prestaciones técnicas y por un diseño sobrio y preciso, de líneas rectas y proporciones contenidas. La reducida sección vista desde el exterior (55 mm constantes en las distintas configuraciones de fijo, fijo/hoja e inversor central de dos hojas) permite una lectura continua y depurada de los huecos, reforzando la relación entre lleno y vacío.
Estas carpinterías resuelven tanto los huecos de ventana convencionales como los grandes paños acristalados situados en las zonas de voladizo, donde su esbeltez y modulación posibilitan una imagen cercana a la de un muro cortina. De este modo, el vidrio y el aluminio dialogan con la textura vibrante del ladrillo, aportando ligereza y transparencia al conjunto y equilibrando la expresión material de la envolvente.
El acceso principal se sitúa en la Calle Eras, ligeramente centrado, y se concibe como un gesto de transición entre el espacio público y el interior del edificio. Este punto de acceso permite resolver el desnivel existente y, al mismo tiempo, hacer visible el antiguo lavadero de piedra, que queda integrado en la planta baja. Sobre él se dispone un pavimento de vidrio laminado transparente, de modo que el visitante percibe el estrato histórico bajo sus pies, estableciendo una relación directa entre pasado y presente.
El vestíbulo principal se concibe como el espacio articulador del edificio, concentrando los núcleos de comunicación vertical (escalera y ascensor) y estableciendo una relación visual directa con la sala polivalente, entendida como el verdadero núcleo del programa cultural. De manera complementaria, y en la fachada recayente a la calle Don Sancho del Campo, se dispone un acceso independiente para el área administrativa, una decisión que refuerza la claridad funcional y la lectura del edificio desde el espacio público.
El programa se distribuye de forma racional y flexible. La planta baja alberga, además del vestíbulo y la sala polivalente, los despachos administrativos, aseos accesibles y espacios de almacenamiento e instalaciones. Las plantas primera y segunda replican un esquema similar, organizado en torno a grandes salas-taller destinadas a diferentes disciplinas (arte, fotografía, nuevas tecnologías, danza, informática, cocina o teatro) acompañadas de los correspondientes servicios y espacios auxiliares. Los vestíbulos de planta se conciben no solo como distribuidores, sino como espacios de espera y relación entre los usuarios.
La escalera culmina su recorrido en la cubierta, donde se sitúan las instalaciones del edificio. Esta se resuelve mediante una cubierta ligera de chapa con pendiente mínima, sobre la que se disponen paneles fotovoltaicos para autoconsumo, permitiendo que el edificio alcance un consumo energético casi nulo y reforzando su compromiso con la sostenibilidad.
En conjunto, el proyecto se construye como un ejercicio de equilibrio entre memoria y contemporaneidad, donde el ladrillo —material profundamente arraigado en el imaginario colectivo— se convierte en el hilo conductor de una arquitectura que dialoga con su entorno, reinterpreta la tradición y construye identidad desde la materia, la luz y el detalle.