El arquitecto Jason Long del estudio OMA ha comenzado el proyecto de la nueva Academia de música y artes Frank Liu Jr. denominada FRAMA. Como parte de una propuesta educativa centrada en el método Montessori, el proyecto plantea un paisaje de aprendizaje en tres plantas, dando prioridad a la apertura, la independencia y el aprendizaje colectivo mediante una serie de espacios configurados a modo de barrios compartidos.
Cada planta está estructurada en torno a dos espacios centrales de encuentro, que organizan las aulas y los programas educativos para favorecer los puntos de encuentro, la circulación, zonas de estudio y de actuación. El corazón de FLAMA recoge un espacio de comedor y auditorio de doble altura donde se reúne todo el alumnado.
En planta baja, los más pequeños comparten un espacio común íntimo, pensado para el juego abierto, los movimientos y la percusión. Los alumnos mayores se sitúan en las plantas superiores, donde se sitúan entornos más especializados, destinados a la lectura, la colaboración y el estudio autónomo.

La Academia de música y artes Frank Liu Jr., por OMA. Visualización por OUT OF RAM.
Descripción del proyecto por OMA
La Frank Liu Jr. Academy for Music and Arts (FLAMA) es un proyecto de reutilización adaptativa de la histórica planta de café J. A. Folger & Co. de Houston, construida en la década de 1930, que se ha reinventado como una escuela contemporánea arraigada en la música, el arte y la comunidad. Situado a lo largo del corredor este de Buffalo Bayou, justo enfrente del futuro desarrollo de Turkey Bend, el proyecto transforma un hito industrial en un entorno educativo vibrante, profundamente vinculado con su contexto local y orientado hacia el futuro.
Organizada como un paisaje de aprendizaje de tres plantas, la escuela se estructura para reflejar el desarrollo progresivo de los estudiantes, situando a los más pequeños en la base y a los mayores en los niveles superiores. El diseño se inspira en los principios Montessori, dando prioridad a la apertura, la independencia y el aprendizaje colectivo mediante una serie de «barrios» compartidos. Cada planta se articula en torno a dos espacios centrales de encuentro, denominados «címbalos», alrededor de los cuales se distribuyen las aulas y los programas educativos. Estos espacios comunes favorecen las reuniones cotidianas, la circulación, la exposición, el estudio y las actuaciones, permitiendo que los estudiantes crezcan a través del edificio a medida que avanzan en su formación.
La música está integrada en toda la arquitectura, se hace visible a lo largo del recorrido público y se expresa espacialmente mediante una secuencia de entornos de aprendizaje compartidos. En la planta baja, los alumnos más pequeños comparten un espacio común íntimo, diseñado para el juego libre, el movimiento y los círculos de percusión, en consonancia con el énfasis del método Montessori en el desarrollo de la motricidad gruesa y en los encuentros cotidianos. Cerca de allí, los alumnos de primero y segundo de primaria se reúnen en torno a un espacio abierto de mayores dimensiones, dinamizado por una escalera escultórica cuya forma evoca la curva de una trompa francesa, favoreciendo los encuentros informales y las primeras actuaciones.
En las plantas superiores, los espacios comunes evolucionan hacia entornos más especializados, destinados a la lectura, la colaboración y el estudio autónomo. Los alumnos de tercero a quinto de primaria comparten una biblioteca abierta con mobiliario flexible, que permite adaptar el espacio al estudio en grupo, al trabajo por proyectos y a las actividades extraescolares. Justo encima, los alumnos de sexto a octavo ocupan una segunda biblioteca común, con zonas de estudio más concentradas. Ambas bibliotecas están conectadas mediante una abertura en el forjado con forma de «f», que hace referencia tanto al símbolo musical forte como a las iniciales de FLAMA, al tiempo que evoca las aberturas en forma de «f» características de los instrumentos de cuerda. Este gesto transforma la experiencia interior en algo resonante, semejante a la de un instrumento musical, conectando los espacios de aprendizaje entre plantas a través de la luz y el sonido.
En el corazón de FLAMA, un espacio de comedor y auditorio de doble altura reúne a todo el alumnado y acoge los almuerzos diarios, las asambleas y las actuaciones especiales. Definido por una gran abertura circular y una escalera curva de auditorio, el espacio evoca el cuerpo de un banjo y permite que la vida cotidiana de la escuela se expanda hacia la interpretación y la representación escénica.
Uno de los principales retos al transformar la estructura industrial en una escuela fue garantizar el acceso a la luz natural. El diseño resuelve esta cuestión situando todas las aulas a lo largo del perímetro del edificio, asegurando su exposición directa a la luz natural, mientras que los espacios comunes centrales se iluminan mediante lucernarios circulares de nueva incorporación. En conjunto, estas estrategias crean un entorno que combina rigor y juego, estructura y expresividad.
El acceso a la escuela se realiza a través de un patio ajardinado privado, donde la histórica fachada industrial adquiere una expresión más lúdica y orientada a los niños. En las fachadas que dan a las calles públicas, las ventanas originales con montantes se restauran cuidadosamente y se actualizan para cumplir con los estándares energéticos contemporáneos, preservando el carácter de la antigua planta de café. En el interior del patio, este lenguaje histórico se reinterpreta mediante geometrías primarias y coloridas que establecen un nuevo vocabulario de divisiones de las ventanas, transformando el ritmo familiar de los acristalamientos industriales en una fachada más expresiva y vinculada al aprendizaje.
FLAMA concibe la educación como una experiencia cultural compartida, en la que aprender, crear e interpretar se entrelazan dentro de un marco espacial que anima a los estudiantes a crecer de forma orgánica, tanto a través del currículo educativo como de la propia arquitectura.