El conjunto arquitectónico rehabilitado por Meritxell Inaraja está conformado por tres naves. Originalmente, la primera y más próxima a la calle estaba destinada a la fábrica textil, y las otras dos naves paralelas, accesibles desde el pasaje y el patio central, albergaban las calderas y la maquinaria. Por otro lado, en los sótanos se situaban las carboneras y los conductos de evacuación de humos hasta la gran chimenea.
En la nueva distribución, las tres plantas de la antigua fábrica textil se destinan a oficinas municipales, la nave de mayor dimensión a espectáculos y actividades polivalentes y la nave central funciona como un vestíbulo público. A la propuesta se incorpora una galería acristalada que actúa como regulador climático, favorece la iluminación natural y pone en valor la fachada interior.

L’Anònima Manresana por Meritxell Inaraja. Fotografía por Adrià Goula.
Descripción del proyecto por Meritxell Inaraja
Desde su origen en 1894, según el proyecto de Ignasi Oms i Ponsa, la fábrica de electricidad de la Anònima Manresana ocupó una posición central en el casco antiguo de Manresa, facilitando la producción y distribución de electricidad y consolidándose como una pieza clave del desarrollo urbano e industrial de la ciudad. La actual intervención, impulsada por el Ayuntamiento, recupera este legado histórico mediante su transformación en un equipamiento público, devolviendo centralidad urbana a un ámbito que requiere reactivación y contribuyendo a la revitalización social y funcional del barrio antiguo.
La rehabilitación refuerza la vocación integradora del edificio a través de una estrategia de inclusión urbana que mejora el acceso a servicios públicos, fortalece la relación con la ciudadanía y convierte la Anònima en un nodo cívico abierto y dinamizador del tejido urbano. El edificio, originalmente inserto en una trama densa con construcciones anexas, se libera mediante derribos selectivos que permiten generar nuevos espacios urbanos libres y mejorar su relación con el entorno inmediato.
El conjunto arquitectónico está formado por tres naves: la más próxima a la calle, destinada originalmente a fábrica textil que aprovechaba los excedentes eléctricos, y dos naves paralelas accesibles desde pasaje y patio central, que albergaban las calderas y la maquinaria. En los sótanos se situaban las carboneras y los conductos de evacuación de humos hasta la gran chimenea. En la nueva organización funcional, la nave de mayor dimensión se mantiene diáfana para espectáculos y actividades polivalentes, mientras que la nave central se transforma en vestíbulo público y las tres plantas de la antigua fábrica textil se destinan a oficinas municipales.
La propuesta reconoce la memoria histórica, arquitectónica y social del edificio y lo concibe como un soporte vivo capaz de acoger nuevos usos sin perder su identidad. La intervención se plantea como un injerto entre lo histórico y lo contemporáneo que garantiza su continuidad y establece un diálogo respetuoso entre épocas, activando su potencial transformador a escala arquitectónica, urbana y social.
Inicialmente centrada en la rehabilitación interior, la intervención encontró en el deterioro del sótano bajo la plaza una oportunidad para generar nuevas conexiones urbanas. El vaciado de estos espacios ha permitido abrirlos a la luz natural y al espacio público, transformando una limitación en un valor añadido que mejora las condiciones urbanas, sociales y ambientales del entorno.
La conservación de las fachadas y de la memoria de los espacios interiores originales constituye la base de la propuesta, reforzada por una estrategia energética pasiva que define y organiza el espacio. La incorporación de una galería acristalada actúa como elemento intermedio de regulación climática, aportando sombra y ventilación natural en verano y captación solar en invierno. Un espacio central a toda altura funciona como chimenea de ventilación vertical, favoreciendo la ventilación cruzada, la iluminación natural y la relación visual entre plantas, y poniendo en valor una fachada interior histórica.
Esta rehabilitación convierte la estrategia energética en una herramienta de lectura, preservación y actualización del patrimonio y trasciende el edificio para incidir en el espacio público y la regeneración arquitectónica, urbana y social, promoviendo sostenibilidad, salud y calidad de vida.