La instalación «LIMINA», comisariada por Garbizu Collar Architecture y KRI, ha invitado al público a abandonar el recorrido habitual para adentrarse en zonas poco transitadas del museo, donde la vegetación ha crecido con mayor autonomía. Además, el artista ha transformado el ecosistema artístico del museo haciendo que el visitante forme parte del proceso creativo.
«En este nuevo entorno, esculturas e intervenciones de Vanmechelen actuarán como rastros de una arqueología futura, abriendo caminos hacia lo invisible».
Jon Garbizu y Victoria Collar.
Se abordan ideas como la diversidad cultural como motor para imaginar futuros posibles o la fertilidad no solo en términos biológicos sino como capacidad de transformación e intercambio. A través del diálogo entre arte, ciencia y arquitectura las exposición que no ha buscado ofrecer respuestas, sino preguntas sobre nuestra forma de habitar el mundo.
«Representa los bloques que conforman la vida: estructuras genéticas que se combinan para generar vitalidad. La arquitectura, en su esencia, también debería contener vida. A través de la gallina, he hecho una deconstrucción de lo que ha hecho la humanidad: crear una monocultura que empobrece el carácter. En la arquitectura, esa misma reducción lleva a paisajes estériles. Si queremos celebrar la belleza, debemos volver a la diversidad. Eso es lo que simboliza la gallina: una arquitectura viva y descolonizada».
Koen Vanmechelen.
El recorrido expositivo conducía al público hacia áreas más silvestres del museo mediante dispositivos espaciales escultóricos que alteraban la percepción habitual del lugar. La propuesta convertía así a Chillida Leku en un umbral simbólico donde el espectador dejaba de ocupar el centro de la mirada para integrarse en un ecosistema compartido con otras formas de vida.
La propuesta se ha desplegado como un viaje a través de umbrales. Afuera, emergiendo de la hierba alta, la monumental garra de T-Rex, Instead of Sleeping, donde las polillas se reúnen en la frágil luz, y el luminoso huevo de Paradise Lost. En el corazón del parque, el caserío Zabalaga de Chillida, remodelado en un cuerpo híbrido. Aquí, la arquitectura misma actúa, escenificando la tensión entre lo local y lo global, la herencia y la mutación, la naturaleza y la cultura.