La rehabilitación realizada por Rehabitar respeta la organización histórica del inmueble y recupera sus diferentes salas, entre ellos el emblemático Cuarto de Manolete, preservando la memoria de un lugar estrechamente ligado al flamenco, la tauromaquia y la vida cultural madrileña. Además, el proyecto incorpora nuevas intervenciones artísticas que relacionan la arquitectura histórica y el arte contemporáneo.
La recuperación e instalación de los murales cerámicos, se ha ejecutado junto con nuevas soluciones de insonorización, confort e instalaciones ocultas. Por otro lado, en el interior incorpora sistemas acústicos integrados e iluminación teatral que realzan la riqueza material de la cerámica y permiten el funcionamiento del local como bar-restaurante con música en directo.

La Esqueletomaquia. Los Gabrieles por Rehabitar. Fotografía por Coke Riera.
Descripción del proyecto por Rehabitar
Como arquitecto, uno aprende pronto que los edificios no son solo estructuras de ladrillo y mortero, sino depósitos de memoria colectiva. Tras décadas de ejercicio profesional y cientos de proyectos firmados, me enfrento hoy a la culminación de una obra que trasciende la mera rehabilitación técnica: el renacer de Los Gabrieles. Un local que permaneció cerrado durante veinte años y que, gracias distintas voluntades, vuelve hoy a la ciudad como un espacio que reivindica el papel de la arquitectura y el arte, en la recuperación de la memoria, la identidad y la vida urbana.
La intervención en la calle Echegaray 17 ha tenido como eje central la puesta en valor de un patrimonio cerámico inigualable. Los Gabrieles alberga lo que la historiadora Natacha Seseña denominó acertadamente la «Capilla Sixtina de la azulejería madrileña». No estamos ante una simple decoración ornamental, sino ante un conjunto de murales realizados en el primer tercio del siglo XX por los maestros más insignes del género: Enrique Guijo, Alfonso Romero y Juan Ruiz de Luna.
Estos murales representan el momento en que la cerámica española experimentó un renacimiento, fundiendo el lenguaje naturalista con escenas costumbristas y taurinas. Lo que hace a este espacio único desde el punto de vista del diseño es su origen comercial; las paredes se convirtieron en soportes publicitarios financiados por las bodegas de Jerez para anunciar sus vinos y coñacs. El desafío arquitectónico consistió en restaurar y reinstalar estas piezas centenarias, adaptándolas a las exigencias actuales de insonorización y confort sin comprometer su integridad estética. El minucioso trabajo de ECRA Arte, ha permitido que escenas inspiradas en Goya o Velázquez vuelvan a dialogar con el visitante.
Entender Los Gabrieles requiere una lectura arqueológica de sus usos. El local nació en 1907 en la calle de la Visitación como un proyecto radicalmente innovador: un «Lhardy para proletarios» que servía comida económica y de calidad exclusivamente para llevar, siendo quizás la primera cadena de takeaway moderno en Madrid. Al trasladarse a su ubicación actual en 1909-1910, bajo la dirección de Adrián Quijano, el negocio se reorientó hacia el modelo de colmado andaluz, convirtiéndose en el epicentro del flamenco en la capital.
Recuperar este espacio es devolverle a la ciudad su identidad más profunda. Entre estos muros reinó Antonio Chacón, el «Papá del flamenco», y buscaron refugio figuras como el torero Juan Belmonte, cuya peña belmontista tenía aquí su bastión. El proyecto ha respetado escrupulosamente los «cuartos» o reservados, como el famoso Cuarto de Manolete, un pequeño reservado sin ventanas que el matador utilizaba en sus estancias en Madrid y que hoy se preserva como un hito de la memoria intangible del local. Al rehabilitar Los Gabrieles, no solo restauramos azulejos; rehabilitamos el eco de Ava Gardner, de Federico García Lorca y de la Movida madrileña de Almodóvar y Bardem, reconociendo que la historia humana es tan patrimonio de un edificio como su fachada.
La cualidad más noble de esta intervención es que no se ha planteado como un museo de nostalgias, sino como un espacio vivo capaz de generar nueva cultura. Hemos seguido la premisa de que quien edifica debe proyectar hacia el futuro. Por ello, en aquellos espacios que carecían de decoración original, hemos invitado a artistas contemporáneos de trayectoria internacional para prolongar ese carácter de «espacio único» mediante una nueva Capilla Sixtina del siglo XXI.
El resultado es un diálogo fascinante. El alma de Carlos González Ragel y su perturbadora «esqueletomaquia» de 1923 encuentran continuidad en las nuevas piezas de Xavier Montsalvatje, quien reinterpreta el memento mori con una estética post-industrial en el panel «A fuego lento». Alvar Haro ha perforado visualmente las bóvedas del sótano con cielos estrellados y fondos marinos que aligeran el peso de la construcción y conectan el subsuelo con el cosmos. Por su parte, Ana Nance —la primera mujer en dejar su firma cerámica en la historia del local— aporta una mirada ecofeminista y onírica en su cuarto «Musas», mientras que Miki Leal integra el diseño de vanguardia con un homenaje irónico a la tradición flamenca. Finalmente, el friso «Fábula flamenca» de Cristóbal Quintero narra visualmente los 118 años de historia del local.
Desde el punto de vista del diseño de interiores y la ingeniería, el proyecto dirigido por el estudio Rehabitar, ha sido una obra de orfebrería técnica. Con la colaboración de Estudio Súnico, se ha dotado a cada sala de una calidez y calidad específicas, utilizando iluminación teatral que realza la cerámica y sistemas acústicos invisibles que permiten disfrutar del flamenco jondo sin la intrusión visual de aparatosos altavoces.
Este renacer, que culmina a finales del 2025, es el fruto de una tenacidad compartida frente a lustros de incomprensión burocrática y dificultades administrativas. Ha sido necesaria una sentencia judicial para que el Ayuntamiento reconociera la integridad de las tres plantas del local y permitiera su recuperación para su uso original como bar-restaurante con música en directo.
Nada de esto habría sido posible sin la fe inquebrantable de la propiedad, Verde Ciprés, S.L., y el trabajo de un equipo multidisciplinar que incluye a investigadores como Justin Byrne e historiadores como Abraham Rubio. Como arquitecto, mi labor ha sido la de un director de orquesta que ha intentado que la música de la historia no deje de sonar. Los Gabrieles se levanta de nuevo, orgulloso de sus cicatrices, demostrando que, al fundir el corazón con el alma popular, lo que se pierde de nombre se gana de eternidad. Madrid recupera hoy su corazón más flamenco y su patrimonio más vivo.