Para la Bodega Novos, García Floquet Arquitectos plantea una primera crujía de gran altura que acoge la recepción de la vendimia y la elaboración del vino, mientras que la segunda, parcialmente enterrada y protegida por el terreno, alberga las barricas y las botellas. El acceso de visitantes se sitúa en la primera planta, donde una tienda de vinos y una sala de catas acristalada establecen una relación visual con la zona de crianza y el exterior. Este espacio se prolonga en una terraza que funciona como un caleidoscopio y genera un vacío en una de las esquinas, rompiendo la perfección geométrica del prisma.
La estructura está formada por losas macizas apoyadas sobre una retícula de pilares que marca el ritmo del espacio y determina la disposición de los huecos de la primera planta. La simplificación formal concentra la atención en la capacidad expresiva de los materiales: hormigón en los muros de contención y las losas, con un acabado definido por la modulación de los paneles metálicos del encofrado. En la planta baja, la textura del enfoscado confiere a las fachadas un carácter telúrico y refuerza su anclaje al terreno, en contraste con el aplacado de travertino de la planta superior, preciso y seriado.

Bodega Novos por García Floquet arquitectos. Fotografía por Iñaki Bergera.
Descripción del proyecto por García Floquet Arquitectos
Situados en una meseta a 700 m de altitud en la comarca de Requena (Valencia), los viñedos de la bodega Novos se extienden sobre una superficie de 50 hectáreas en un relieve que se inclina hacia el este, frente a la cadena montañosa que los separa de la llanura litoral valenciana.
La intervención en este entorno productivo, caracterizado por el ritmo que imprime la repetición de las hileras de viñedos, se plantea como una oportunidad para preservar el paisaje existente, incorporar un nuevo orden y redefinir las relaciones entre la actividad humana y el territorio.
Las rigurosas exigencias del programa de elaboración del vino y las limitaciones técnicas propias de un emplazamiento de carácter agrícola se resuelven con la inserción de un escueto volumen prismático, cuya escala favorece su integración en el entorno, mientras que su abstracción geométrica introduce una tensión con las líneas del paisaje.
La estructura, de 25 metros de longitud, 20 de anchura y 8,5 de altura, está formada por losas macizas de hormigón armado apoyadas sobre una retícula de pilares. El volumen resultante, cerrado al exterior en la planta baja, se perfora regularmente en la planta superior para iluminar las zonas de trabajo y establecer relaciones visuales con el paisaje.
La primera crujía, con una altura libre de 8 metros, acoge la recepción de la vendimia y la elaboración del vino, y alberga grandes depósitos destinados a la fermentación y el almacenamiento. La segunda crujía, parcialmente enterrada y protegida por la inercia térmica del terreno, se destina a la sala de barricas y al almacén de botellas.
El acceso de los visitantes se produce desde la planta superior de la bodega, donde una tienda de vinos da paso a la sala de catas, concebida como espacio para la celebración de eventos vinculados al enoturismo y a la promoción de la región y de su paisaje cultural. Sus fachadas acristaladas permiten establecer relaciones visuales tanto con la zona de crianza de la nave central como con el exterior. La sala se prolonga en una terraza que, a modo de caleidoscopio, orienta la mirada hacia el paisaje.
El vacío creado por la terraza en la esquina sureste del edificio rompe la perfección geométrica del prisma, permite una doble lectura de su escala –la humana y la propia del trabajo de producción– y contribuye a una interpretación compleja del volumen arquitectónico.
La simplificación formal y el consciente abandono de toda referencia iconográfica responden a la intención de focalizar la atención en la materia y en la capacidad expresiva de los materiales, derivada de las técnicas empleadas y de su puesta en obra. El hormigón de los muros de contención y de las losas macizas, cuyo acabado queda definido por la modulación de los paneles metálicos del encofrado, permanece visto en la sala de barricas, la sala de trabajo y la sala de catas. El sistema estructural, cuya retícula ritma el espacio, determina en la primera planta la disposición de los huecos de fachada.
El enfoque artesanal en el tratamiento de los revestimientos de fachada permite recuperar y experimentar con las técnicas constructivas locales. En planta baja, la textura del enfoscado confiere a las fachadas un carácter telúrico y refuerza el anclaje de la construcción al terreno. Esta evocación de la tierra local, pedregosa y calcárea, contrasta con el aplacado de travertino de la planta superior, preciso y seriado. La imagen del edificio se articula así en dos órdenes materiales: un primer orden, de carácter orgánico, vinculado a la tierra que sustenta la viña; y un segundo orden, más etéreo y sofisticado, orientado hacia la línea del horizonte.