El proyecto planteado por Jonathan Corral Arquitectos aprovecha las condiciones generadas por su sistema estructural para garantizar que el programa y su formalización dialoguen. El gran atrio que recorre toda la altura de la torre es el espacio central del edificio. Este gran vacío establece una continuidad visual con el exterior; gracias a su gran fachada acristalada, la vida interior se percibe desde la calle. Dentro, los distintos niveles y recorridos enmarcan diferentes perspectivas de la ciudad, integrando el entorno en la experiencia espacial del edificio.
Una escalera suspendida organiza las circulaciones interiores junto a una plaza hundida revestida de mármol negro, mientras que las áreas comunes se conciben también como espacios expositivos. En la planta superior se encuentran tres auditorios, caracterizados por el predominio de los tonos oscuros, las celosías de madera de pino y las instalaciones vistas. La cubierta alberga una terraza y un mirador, divididos en dos ámbitos por la propia configuración estructural del edificio. A nivel de calle, una escalinata prolonga el espacio público y genera una plaza compartida con los peatones, al tiempo que eleva el acceso para proteger el edificio frente a posibles inundaciones.

Torre UAD Alamedas por Jonathan Corral Arquitectos. Fotografía por Recording Architecture.
Descripción del proyecto por Jonathan Corral Arquitectos
La Torre UAD Alamedas nace de la incorporación de un nuevo edificio universitario a una de las zonas peatonales y recreativas más reconocidas de Durango. Las Alamedas se caracterizan por sus vialidades arboladas, paseos peatonales y una intensa presencia cotidiana de peatones. El proyecto establece su relación con este entorno a partir de una condición intermedia: una arquitectura con presencia urbana, cuya escala y materialidad dialogan con el paisaje existente.
El elemento central de la torre es un atrio abierto a toda la altura del edificio. Este vacío establece una continuidad visual entre el arbolado exterior y los espacios interiores, mientras la cortina de cristal convierte el lobby en una pieza visible desde la calle. Desde el interior, el paisaje urbano queda contenido dentro de los marcos de los distintos niveles y recorridos, haciendo del contexto una presencia constante en la experiencia del edificio.
La estructura adquiere una expresión particularmente evidente en la fachada sur. Los contravientos necesarios para resolver la eficiencia estructural de la torre se incorporan al espacio arquitectónico y se convierten en nichos dentro de las aulas. La solución evita ocultar la lógica constructiva y permite que la estructura y el programa compartan una misma expresión.
El proyecto aprovecha también las condiciones generadas por su sistema de cimentación. El sótano, originalmente determinado por la construcción de un cajón de cimentación, se integra como espacio de consulta digital. Los muros y el piso de concreto permanecen expuestos, mientras el mobiliario introduce los acentos cromáticos.
En el lobby, una escalera suspendida ocupa el centro del atrio como elemento escultórico y organiza la circulación vertical. A su lado, una plaza hundida revestida en mármol negro establece un contraste con el pavimento de las áreas comunes, concebidas también como espacios para exposiciones. La gran superficie acristalada de la fachada retoma la lógica compositiva del vitral gótico y la traslada a una escala contemporánea y urbana.
En el último nivel se concentran tres auditorios destinados a ponencias y actividades especiales. El negro domina este conjunto y establece una atmósfera diferenciada respecto del resto del edificio. Una celosía de madera de pino compone los plafones en diálogo con estructuras y ductos expuestos, así como con los barandales de acero.
La azotea funciona como terraza y mirador. Su configuración responde a las condiciones estructurales de las últimas cubiertas, que dividen el espacio en dos áreas y generan distintos ámbitos de estancia y contemplación.
A nivel de calle, una escalinata amplía el ámbito público del proyecto y funciona como una plaza compartida con los peatones. Su posición también responde a una condición funcional del sitio, al elevar el acceso y proteger el edificio frente a posibles inundaciones.
La Torre UAD Alamedas articula programa educativo, estructura, espacio público y paisaje urbano a partir de una secuencia de vacíos, recorridos y elementos constructivos expuestos. El edificio encuentra su identidad en esa relación directa entre lo que sucede dentro y lo que ocurre en la ciudad.