Una de las características principales que singulariza este proyecto de Miguel Fisac es la relación entre la Iglesia, la pieza principal del Conjunto, y el resto de los servicios. Si bien Miguel Fisac en proyectos anteriores (como el Conjunto del Teologado de San Pedro Mártir) convierte a la iglesia en la pieza principal, singular y con geometrías específicas para ella, en Santa Ana distinguimos un único lenguaje: mismos materiales, mismos elementos constructivos y una intención clara de homogeneizar todas las piezas y dar unidad al Conjunto.
Como resultado, una serie de edificios levantados todos ellos en hormigón "in situ" y coronados con una misma cubierta cosida con sus famosas vigas hueso.
El principal condicionante con el que Fisac lidió en este caso fue con el cambio de normativas dadas en el Concilio Vaticano II sobre el arte religioso y la transformación que se producía en la celebración de la eucaristía: se pedía la celebración de actos comunitarios y la participación activa de los fieles. Las misas ya no eran en latín ni de espaldas a los asistentes.
Esto cambia por completo la relación de espacios dentro de la iglesia:
Como resultado, una serie de edificios levantados todos ellos en hormigón "in situ" y coronados con una misma cubierta cosida con sus famosas vigas hueso.
El principal condicionante con el que Fisac lidió en este caso fue con el cambio de normativas dadas en el Concilio Vaticano II sobre el arte religioso y la transformación que se producía en la celebración de la eucaristía: se pedía la celebración de actos comunitarios y la participación activa de los fieles. Las misas ya no eran en latín ni de espaldas a los asistentes.
Esto cambia por completo la relación de espacios dentro de la iglesia:
«Ésta es la primera iglesia que proyecté con las directrices litúrgicas emanadas del Concilio Vaticano II. El planteamiento espacial era completamente distinto, casi opuesto al de las disposiciones anteriores. No había un único foco, el altar, sino un foco móvil»
La nueva situación transforma la relación entre los fieles y el cura, y su disposición en la iglesia. A esta necesidad es a la que responde la peculiar forma de su planta, ovalada, abrazando el "corro" en el que van a organizarse los fieles con respecto al altar. Además, se presta especial atención en que no se reúnen en torno a un punto concreto (un único foco fijo), sino en torno al camino configurado por el eje Sagrario-Mesa-Ambón.
En este proyecto Fisac cuenta con las colaboraciones de el escultor José Luis Sánchez y el pintor Agustín Úbeda:
«También busqué la manera de que mis colaboradores fueran artistas que pudieran realizar una labor realmente positiva. En este sentido la colaboración del escultor José Luis Sánchez fue muy positiva (. . .) Yo quede muy complacido. Había que hacer alguna pequeña cosa en la reserva del Santísimo y en el lugar de la pila bautismal, allí intervino Agustín Úbeda, un pintor de primera fila y catedrático de Bellas Artes, etc. que realizo unas vidrieras muy interesantes.»
La obra del escultor, pensada para las tres concavidades cabecera de la iglesia se realizaron en cemento metalizado, consiguiendo un aspecto muy similar al del hormigón, quedando en armonía con el templo. Sin embargo el pintor en la realización de sus dos vidrieras (ocupando del Sagrario y el Bapisterio) se recrea en la multitud de colores y las formas abstractas, contrastando así con la monocromía del resto de la iglesia.