Para la Residencia Josefa Puigpelat «Teresina», Coll-Leclerc organiza el programa en pequeñas unidades de convivencia articuladas alrededor de una plaza interior, con sala de estar, comedor, zonas de descanso y terrazas orientadas al sur. Tres bloques escalonados agrupan estas unidades como un pequeño barrio, favoreciendo tanto la autonomía de los residentes como la interacción y la vida comunitaria.
El edificio apuesta por una configuración compacta e integrada en la trama urbana. Su envolvente porosa permite adaptarlo a las distintas estaciones y favorecer el confort pasivo, mientras que la planta baja extiende las actividades del centro de día y las áreas residenciales hacia los espacios exteriores.

Residencia Josefa Puigpelat «Teresina» por Coll-Leclerc. Fotografía por José Hevia.
Descripción del proyecto por Coll-Leclerc
La propuesta se estructura en torno a cinco principios:
Una habitación propia como hogar
Entendemos la habitación como la base de la Atención Centrada en la Persona. Más que un simple dormitorio, se concibe como un espacio privado, confortable y personalizable que permite a cada residente preservar su identidad y sus hábitos personales.
Las 108 habitaciones individuales son personalizables gracias a un área de estar de 3,20 x 1,80 metros situada junto a la fachada; este espacio permite a los residentes recrear la sensación de su propia casa mediante uno o dos muebles, como una estantería, una mesa, etc. De este modo, la habitación se configura más como una unidad de vivienda autónoma que como un simple espacio para dormir.
Una unidad de convivencia en torno a una plaza
Cada unidad de convivencia acoge a 15 residentes distribuidos en 11 habitaciones individuales y 2 dobles. Las habitaciones se organizan alrededor de un espacio central que funciona como una plaza interior, favoreciendo la interacción social espontánea y la vida comunitaria.
Este espacio se complementa con una sala de estar, un comedor y zonas de descanso iluminadas naturalmente. La distribución evita los largos e impersonales pasillos, sustituyéndolos por una secuencia de espacios que evocan la estructura de un pequeño pueblo. Cada unidad cuenta además con una terraza orientada al sur.
Un conjunto de unidades que forma un barrio
El complejo se organiza en tres bloques escalonados para maximizar la longitud de fachada, la exposición solar y las vistas. Esta configuración permite disponer tres unidades de convivencia por planta, independientes pero conectadas entre sí.
En la tercera planta, una de las unidades se transforma en un espacio comunitario con huertos urbanos y terrazas abiertas al paisaje del Parque Agrario, proporcionando un espacio de encuentro que complementa las zonas comunes de la planta baja.
Un edificio que fomenta el carácter urbano
La propuesta apuesta por un edificio compacto integrado en la trama urbana. Los tres volúmenes definen esquinas y espacios exteriores que refuerzan la conexión con las calles del entorno. La configuración combina las ventajas de tres volúmenes compactos durante el invierno; en las estaciones más suaves y cálidas, estos se transforman mediante una piel porosa que permite generar espacios confortables de forma pasiva y natural.
La planta baja actúa como una extensión de las funciones interiores, incorporando espacios exteriores vinculados al centro de día, los servicios generales y la unidad residencial de convivencia.
Un jardín como ecosistema para El Prat
El proyecto destina más del 60 % de la parcela a espacios exteriores, priorizando las superficies permeables y las zonas verdes. El jardín se concibe como una reinterpretación de los paisajes característicos de El Prat de Llobregat, incorporando vegetación autóctona y de bajo consumo de agua.
Se distinguen tres zonas principales: un jardín agrícola al sur, un huerto al norte y un jardín de ribera al este, inspirado en los ecosistemas del río Llobregat. Los huertos urbanos refuerzan la conexión con la tradición agrícola local, al tiempo que ofrecen oportunidades para la actividad, la interacción social y el bienestar.