El estudio japonés SANAA (Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa) realizó una propuesta que se basaba en un plano horizontal ligero, apoyado en columnas de un grosor reducido. Gracias al aluminio pulido esto funcionaba como un espejo de tal forma que se reflejaba el cielo y el parque en el que se situaba, este concepto hacia que el pabellón y el parque fueran uno.
En cuanto a los accesos de este pabellón se dispusieron de tal forma que la experiencia de llegar a él fuera la misma para todo el mundo. Además todas las áreas bajo la cubierta estaban niveladas para poder sentarse, de esta forma habría una capacidad para 150 personas, y esos asientos se odía mover para poder despazarlos a los espacios abiertos según fuera necesario. La capacidad del pabellón sin asientos era de 300 personas.
«El Pabellón es de aluminio flotante, que flota libremente entre los árboles como humo. Su apariencia cambia según el clima, lo que le permite fundirse con el entorno. Funciona como un campo de actividad sin paredes, permitiendo vistas ininterrumpidas del parque y fomentando el acceso desde todos los lados.»
Sejima y Nishizawa.
La propuesta fue muy innovadora pues era de una gran simplicidad estética pero a la vez contaba con una gran complejidad técnica que no tenía nada que ver con los pabellones de los años anteriores.